El futuro, ahora

Demos un paso adelante. Internet ya no es ese elemento emergente que quizá algún día rompa los esquemas tradicionales de la comunicación. Internet ya es la referencia central. Si todavía no te has enterado de esto, siento decirte que estás muy fuera y que vivimos en 2017, no en 2012. Ha pasado un lustro más parecido a un huracán y ha arrasado con todo.

Las mentes menos lúcidas de «lo viejo» se reían hace no mucho del fenómeno de las redes sociales y Youtube. Como de costumbre, el progreso ha puesto a la reacción cultural en su sitio. Lo siento por quienes prefieren que triunfar pase por tener una amistad en una discográfica, pero Internet es ya el principal puente al mundo del pop. Troye Sivan marca camino.

De subir vídeos a Youtube (ni siquiera con una temática musical en la mayoría de los casos) a petarlo en el panorama pop. Troye ya tenía un cierto seguimiento cuando solamente subía vídeos a la plataforma, pero era mínimo si lo miramos con perspectiva. A muchos nos enamoró ver con el paso del tiempo el vídeo en el que salía del armario públicamente, hecho un manojo de nervios pero emocionado por hacerlo por fin. Entonces todavía no había visto la luz ni su EP debut ‘TRXYE’.

Mirar atrás y bucear por su canal de Youtube original hoy supone empaparte de un extraño sentimiento cercano a la empatía. Es muy difícil no encariñarse de Troye aunque solo hayas escuchado hablar de él.

Pero lo que me encanta de Troye es que es uno de los principales representantes de esa nueva generación pop. Las viejas guardias del mainstream no lo vieron venir, y todavía hoy no parecen comprender su magnitud. Una generación comprometida con la comunidad LGTB, vinculada a las redes sociales como nunca antes y con una cercanía incomparable con sus seguidores. Hablamos de Melanie Martinez, Halsey, Troye…

Troye es inmenso, lo abarca todo. Tiene un don reservado a muy pocos: una voz que transmite paz. Cualquiera que escuche su primer álbum Blue Neighbourhood puede comprobar esto.

Fools nos descubre eso que comentábamos antes: el nuevo pop. Musicalmente es una sensación radicalmente distinta, un descenso perfectamente dirigido al electropop que va a marcar el próximo lustro. Y el videoclip es eso, la apuesta por seguir dando pasos adelantes en la cuestión LGTB. Cuanto menos político (siempre va a ser político, no obstante) parezca como reivindicación, más hemos ganado.

Hay muchas posiciones distintas respecto a cuál es la obra cúlmen del álbum, pero si queremos explicar la potencialidad de Troye tenemos que ir a la pieza más representativa de lo que en él se refleja: Youth. Todo en ella nos está avisando de que la cosa ha cambiado ya, y hay que subirse al tren cuanto antes.

Y si Youth representaba lo nuevo, Talk me down representa a Troye. Ni más ni menos. Son los casi 4 minutos que nos conectan para siempre con él. Todo en la canción está en una sucesión perfecta, nos permite anticiparlo y nos obliga a apreciarlo. A apreciarle a él, a su voz y a la calma que nos presta.

Si el futuro era esto, estamos eternamente agradecidos. Adiós a las formas hiper masculinas a veces, o a los hits forzados; hola a la personificación y a lo dulce. A alguno se le va a atragantar todo esto.

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