¿Seguimos eligiendo vida?

«Elige vida» oíamos por las calles en 1996 y veintiún años después ha vuelto a resurgir con la secuela de la película que nos mostró la cruda realidad de la adicción a la heroína en Escocia.

Finales de los 80, Edimburgo y un grupo de jóvenes heroinómanos que no amaban nada -salvo el jaco-. Así se presentaba la mítica y controvertida película de Danny Boyle, basada en el libro de Irvine Welsh, que no dejó a nadie indiferente dada su cruel y realista descripción de la creciente adicción al caballo que sufrió Europa desde los 70 a mediados de los 90.

Cuchara. Algodón. Mechero. Vela. Elixir. Ése era el ritual de centenares de jóvenes amargamente realistas que no veían una salida a su condición suburbial, los chicos de Trainspotting vivían rodeados de miseria, prostitución, pobreza y caos y la realidad no era del todo distinta. La Generación X, nacida después de la Segunda Guerra Mundial, fueron los jóvenes que tenían un destino muy claro: brillar. Tras la salida de la guerra se posaron miles de esperanzas sobre esta nueva generación que además iba a ser la primera en gozar de la tecnología, más facilidad para acceder a los estudios y en general más oportunidades pero todo se torció con los cambios sociales, la sobreabundancia de licenciaturas y los bajos sueldos y así fue como un halo de incertidumbre y derrota cayó sobre los jóvenes que pasaron a ser denominados como la Generación Perdida.

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“Me lo he justificado a mí mismo de todas las maneras. Que no era para tanto, sólo una pequeña traición…”

En Escocia teníamos a Mark Renton y su cuadrilla y en España, tras el anhelo de libertad del fin de la dictadura y la reciente reconversión industrial que disparó el desempleo en las regiones industriales de Madrid, Cataluña y el País Vasco, a más de 80.000 heroinómanos que sólo encontraban motivación en el fondo de una jeringuilla, ése pico era lo único que daba sentido a sus vidas. Una epidemia que se fundó bajo el desespero y la agonía de esos jóvenes que tenían que cambiar el mundo y no pudieron, la clase obrera aún sumida en la pobreza y mermada por la burguesía.

Y veinte años después, ¿qué ha cambiado? Se siguen usando las drogas, y no poco, pero a modo recreativo, encontrarás una pastilla en cualquier esquina un sábado noche, ¿pero hallarás una epidemia yonqui? Nueve años de crisis, 613.900 jóvenes en paro y poca perspectiva de futuro y aun así el derrotismo social se ha vencido. Entonces, ¿qué tenía la heroína que te hacía no elegir la vida?

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