Y Picasso pintó el Guernica

Cuando el dramaturgo Samuel Beckett fue entrevistado por un periodista sobre lo que había querido decir con su obra Esperando a Godot contestó: “Exactamente lo que he dicho, si yo lo supiera lo habría dicho en la obra”.

Con motivo del 80 aniversario del nacimiento de Guernica (1937) y de la llegada de la obra tras su odisea por los museos hace 25 años, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía inauguró este 4 de abril Piedad y terror en Picasso. El camino al Guernica. Definiéndose como “una exposición que narra las circunstancias personales e históricas y la radical transformación artística que experimentó Picasso a partir de finales de los años 20 para llevarle a componer el mural tal y como finalmente lo hizo”.

La tan esperada exposición, no exenta de polémica, ha suscitado diversas críticas y controversias sobre cómo ha sido enfocada la obra del autor en esta exposición. El periódico El Español publicaba hace dos meses un escandalizado artículo en el que clamaba por la memoria histórica de Guernica debido a la depuración del contexto bélico que envolvía al cuadro y realizando una crítica a la nueva apuesta por una visión estética y formal optada por los organizadores. Arrinconando los sucesos de la Guerra Civil, afirmaba que el museo había eliminado temporalmente el relato expuesto que contaba el impacto que suscitó el bombardeo en el artista, al igual que  el documental francés (La villa vasca de Gernika después de los bombardeos del 26 de abril de 1937) que se proyectaba frente a la sala de la obra se había trasladado a una sala al inicio del recorrido.

La exposición ha sido comisariada por los historiadores de arte Timothy James Clark y Anne M. Wagner y dirigida por Manuel Borja-Villel y Rosario Peiró, quienes proponen una visión nueva del autor, psicoanalítica e incluso feminista (por qué no, que está muy de moda), en la que sería su evolución plástica y artística la benefactora de ese camino hacia el Guernica. El Español trascribe una declaración del propio Clark ofrecida en una rueda de prensa que justifica el porqué de esta nueva visión del Guernica alejada de su motivo principal. “Como yo soy inglés y Anne norteamericana, quizás no nos vimos tan cualificados para habla de la Guerra Civil. No teníamos nada nuevo que decir sobre la Guerra Civil”.

No se hablará aquí del conflicto armado de la Guerra Civil, ni en concreto sobre el bombardeo a manos de la Legión Cóndor alemana y la Aviación legionaria italiana, aliado del bando nacionalista a la villa Guernica. Objetivo baedeker que, desprovisto de interés estratégico y militar, suponía uno de los símbolos forales del País Vasco. Dándolo por supuesto, nos preguntaremos por los límites de la interpretación artística -si los hubiere- y de esa supuesta traición a la memoria histórica de Guernica. Cuando realizamos la interpretación artística de una obra es una difícil tarea acotar que tiene cabida y que no lo hace en la misma. El carácter ilimitado del arte da la bienvenida constantemente a nuevas interpretaciones y novatas miradas. Así como cada año se escribe algo nuevo sobre Platón, Cervantes o Goya, así como cada historiador cree que tiene algo que aportar. Ahora, la tarea está en saber discernir que es una aportación, es decir,  algo nuevo y congruente y que son, como diría Tomas Pollán, solamente refritos.

Por lo que, ¿hasta qué punto es posible mirar el Guernica sin tener en cuenta la Guerra Civil? El mural del Guernica con unas medidas titánicas de 351 x 782 cm fue terminando en aproximadamente un mes. Se cree que los primeros dibujos relacionados con el cuadro datan del 1 de mayo de 1937 mientras se fecha su conclusión se firma el 4 de junio.  Es difícil, por no imposible, determinar si el móvil definitivo que llamó al artista fue el bombardeo de Guernica, cuyos pavoroso efectos suscitaron en los días posteriores la conmoción de la opinión publica internacional. Picasso había comprado hacia medio año ese gran mural del que nada había esperado. Enseguida supo la noticia y según todas las apariencias y testimonios, fue una súbita cólera de la que nació la rápida ejecución del cuadro. Es un hecho, que tan solo 4 días después empezaron los primeros bocetos. La relación causa efecto puede verse alterada por la tardanza que tuvo el título de la obra o lo genérico y atemporal que se muestran sus símbolos, donde lo único concreto y referencial parece ya ser el mismo título.

Para categorizar la obra como denuncia del suceso, no han sido pocos los que han intentado buscar indicios en el posicionamiento del autor por uno de los dos bandos. El arte había sido politizado. Por aquel desastroso 1937 el gobierno de la República le nombraría director del Prado y le encargaría la realización de un cuadro que presidiese el pabellón español en la Exposición Internacional de París. No obstante, la aceptación de dichos cargos no consiguió enmarcar al artista y menos movilizarlo.

De hecho, los dos bandos beligerantes trataron antes del estallido de la guerra y durante de captarlo para su causa aunque este, si bien había demostrado estar a favor de ciertos ideales anarquistas, nunca fue un militante activo ni se decantaría por la política hasta mucho más tarde. Mucho menos, su adscripción al vanguardismo significaba una decantación entre una postura u otra, de hecho, muchos pintores vanguardistas europeos y españoles habían declarado abiertamente por el fascismo como lo hicieron Ponce de León o el mismo Salvador Dalí.

Desde que el Guernica se exhibió al público, la reacción fue la misma y al unísono: ¿Qué significa? Quizá esa sea la pregunta que siempre nos realizamos cuando nos exponemos ante una obra, y más si se trata de vanguardia o de arte moderno. Por lo general a Picasso y por extensión a cualquier creador le resultan insoportables las interpretaciones una, únicas y verdaderas sobre la obra concebida que vive como compleja y eterna. Con el Guernica esta actitud de perplejidad e incomprensión se agrava todavía más. Todo el mundo esperaba el  mural reflejase de una manera clara la denuncia al suceso y representase la indignación moral de la población. Pero en contra de estas expectativas el mural de Picasso no mostraba nada de eso e incluso, los elementos visibles en el cuadro asociados a la tragedia bélica eran incongruentes y difusos.

Por otra parte, dentro de ese abanico de posibles interpretaciones donde todas buscan su espacio, el denominador común de todas las coherentes y fundadas son las que afirman la relación que mantiene el cuadro con el acto bélico producido la tarde del 26 de abril. Sin embargo, esta relación no agota la significación del cuadro, que a todas luces trasciende el acto trágico y da cabida a mucho más.

Picasso mismo apuntó en la aclaración que realizó a Alfred H. Barr que, ni el como artista ni la obra en sí misma podrían encerrarse en una única interpretación. Bien pues, es necesario reconocer la equivocidad de los símbolos del cuadro, pero no ha de entorpecer el carácter de denuncia concreta que posee la obra como tragedia el conflicto español.

No obstante, estas múltiples posibles interpretaciones rondan entre las que tienen lugar y entre las que son absurdas. Absurdo sería afirmar por ejemplo, que la presencia de mujeres y animales en la obra es una forma de recordar la inexistencia de tropas estacionadas en la ciudad. Y ridículo sería afirmar que la presencia de mujeres y animales en la obra es una forma de presentar una nueva visión de la figura de la mujer en un Picasso feminista.

Calvo Serraller, en su análisis sobre el Guernica en el contexto personal y profesional de Picasso hará un gran hincapié en lo importante que es el carácter ecléctico en la obra de Picasso y como la obra de arte no agota su sentido por ser una crónica puntual de un hecho concreto sino que es exactamente esta polivalencia y ambigüedad que tiene las imágenes cúbicas del Guernica lo que han ayudado a su perduración en el tiempo y su paso a la universalidad. La obra exigió durante mucho tiempo una explicación como la sigue exigiendo estos días. Poner el grito en el cielo engallados al hablar en nombre de la memoria histórica de Guernica es casi más desternillante que plantear una visión del cuadro eludiéndola. Cuatro mujeres, un soldado, un niño, tres animales (el toro, el caballo y la paloma), la lanza, la espada y una bombilla. El resto es Pablo Picasso.

En la rue des Grands Augustins número 7, en un viejo hotel particulier del siglo XVII unos visitantes alemanes mostrando una reproducción del Guernica preguntaron al artista: “¿Es usted quien ha hecho esto?” A lo que este respondió: “No, esto lo han hecho ustedes”.

Elle Belis.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s