La génesis del proceso

Jueves, 22 de junio de 2017. Tras una tensa espera, Adam Silver sale con un sobre en la mano para dirigirse al público del Barclays Center.

With the first pick in the 2017 NBA Draft, the Philadelphia 76ers select… Markelle Fultz, from the University of Washington.

Se escuchan vítores y aplausos, pero nadie se sorprende. El lunes se había hecho oficial el traspaso entre Boston y Philadelphia que permitiría a los Sixers elegir en la primera posición del draft. Desde ese instante, adeptos y adversarios de la franquicia de la ciudad del amor fraterno tuvieron que hacerse a la idea de ver a Fultz como local en el Wells Fargo Center.

De ver a Fultz compartiendo equipo con Joel Embiid y Ben Simmons.

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Bryan Colangelo, general manager de los Sixers, fue quien negoció el traspaso con los Celtics. Unos minutos tras la elección, conversa con Markelle amistosamente en una rueda de prensa. La gente le recibe con felicitaciones y sonrisas. Sin embargo, el verdadero arquitecto del cúmulo de circunstancias que nos han llevado hasta este punto no está presente en la sala, sino que descansa en algún lugar de California.

Tras su misteriosa despedida de los 76ers en abril del año pasado, Sam Hinkie decidió tomarse un año libre en Silicon Valley. Quiso aprender todo lo posible y descansar. Necesitaba tranquilidad, y la alcanzó. Al mismo tiempo, y pese a haber recibido críticas de múltiples detractores en el pasado, logró también el merecido reconocimiento a su trabajo.

En 2012, tras siete años bajo el ala del Moreyball en los Rockets, el puesto de general manager de Philadelphia quedó vacante. Hinkie quiso acceder, pero la dirección de la franquicia decidió ascender a Tony DiLeo. Sin embargo, tras una temporada discreta y un dudoso traspaso por parte de DiLeo, el puesto volvió a quedarse huérfano. Esta vez sí, Sam aprovechó su oportunidad.

En la entrevista previa a su contratación, dejó muy claro que tenía en mente construir un equipo campeón. Sin embargo, recalcó en múltiples ocasiones que el equipo estaba muy lejos de conseguir victorias.

Y razón no le faltó.

Su primer frente de batalla fue el Draft del 2013, donde los Sixers tenían la undécima elección. Michael Carter-Williams fue seleccionado en dicho puesto. Dos semanas después, el mejor jugador del equipo, Jrue Holiday, fue traspasado a los New Orleans Pelicans por los derechos de Nerlens Noel y una futura primera ronda. Las críticas comenzaron a llover sobre su cabeza.

Carter-Williams tuvo uno de los mejores debuts en la historia de la NBA y ganó el premio al novato del año. No obstante, no fue suficiente para ganar. Philadelphia acabó el año con un paupérrimo 19-63 y entre acusaciones de tanking (o perder intencionadamente con el fin de conseguir una elección más alta en el draft).

Los críticos no iban desencaminados. Esta vez llegó la tercera elección. Y con ella se eligió a un pívot camerunés. Joel Embiid, con una lesión de pie, estuvo dos temporadas sin pisar una cancha de baloncesto profesional. El pick resultante del traspaso con los Pelicans (Elfrid Payton) acabó siendo traspasado a los Orlando Magic por otro jugador que no formaría parte de la plantilla en el primer año, Dario Šarić.

Gracias a una entrevista con Tony Wroten, entonces base del equipo, pronto se popularizó la frase “Trust the process” (“Confiad en el proceso”). Las derrotas dolían en Philadelphia. Pero Hinkie entendió a la perfección que era necesario sacrificar el presente en pos de un futuro brillante. No es fácil elegir a un pívot con una fractura grave. No es sencillo traspasar por un jugador europeo pudiendo tener a un base listo para la liga. Pero el proceso no es cuestión de comodidad.

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Las temporadas continuaron como una travesía por el desierto para los aficionados. Llegaron más proyectos en el draft. Otro pívot, Jahlil Okafor, fue escogido con la tercera elección del año siguiente. Robert Covington llegó prácticamente de la nada. Desde Sacramento, recibieron dos elecciones y derecho a intercambiar por otra. Carter-Williams se fue. Nada ni nadie, salvo el proceso, estaban a salvo en Philly.

Tras comenzar la temporada 2015-16 con veintiuna derrotas en veintidós partidos, Jerry Colangelo intervino en los Sixers como ‘asesor’. Hubo quejas de otros dueños de franquicias, quienes pensaban que Hinkie estaba adulterando la competición. En abril de 2016, dijo basta. Dejó el puesto tras tres años en el cargo. Bryan, el hijo de Jerry, se haría cargo de las funciones de general manager.

Una vez con Hinkie fuera, la suerte comenzó a sonreír a los 76ers. Obtuvieron la primera elección en la lotería del draft de 2016, con la que seleccionaron a Ben Simmons, de LSU. Curiosamente, y siguiendo con la línea del proceso, Simmons no pudo jugar en su primera temporada. Quien sí lo pudo hacer entonces fue Embiid, después de dos años en la sombra. Y sorprendió a todos.

Joel Embiid se personificó en el propio proceso.

Mostrando una habilidad impropia para alguien de su tamaño y de su corta experiencia, Embiid dominó en sus 31 partidos con los Sixers antes de lesionarse de nuevo. Porque las lesiones y Philadelphia parecen haber desarrollado una historia de amor. En enero consiguieron ganar diez encuentros. Y fue entonces cuando el plan maestro de Hinkie pareció cuadrar en las mentes de aquellos que dudaron de él.

No, no llegaron a los playoffs. Fueron, una vez más, un equipo de lotería. Posiblemente por última vez en mucho tiempo. La elección de Sacramento cayó en la tercera posición, por lo que ejercieron el derecho a intercambiar. Y, una vez más, hicieron lo que tenían que hacer. Convirtieron la tercera en la primera gracias al traspaso con Boston. Y eso nos lleva hasta el día de hoy.

Sí, Markelle Fultz compartiendo equipo con Joel Embiid y Ben Simmons.

Entre los tres combinan treinta y un partidos en la liga. No es una garantía de éxito, no es algo seguro. Ninguna de las decisiones que Hinkie tomó fueron en su momento garantía de nada. Pero los Sixers son un fiel reflejo de la confianza en un método, quizá poco ortodoxo, pero que ha devuelto la vida a una ciudad muerta.

Fultz es el culmen del proceso. Nadie sabe qué pasará con el equipo. Quizás Embiid sea la reencarnación de Hakeem Olajuwon. O no. Puede que Simmons acabe siendo uno de los mejores jugadores de la liga. O no. Igual Fultz justifica su elección con el primer puesto…

O no. No puedes dar nada por seguro con los Sixers. La incógnita y la duda son el pan de cada día para ellos. El futuro es incierto. Pero mientras se oiga un Trust the process en el Wells Fargo Center, mientras los gatos ocupen el cielo de la ciudad, mientras la esperanza siga viva en Philadelphia, el legado de Samuel Blake Hinkie vivirá de su mano. Quien bien siembra, bien recoge.

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