Cuando George Washington pudo ser rey

No son pocos los momentos en la Historia que podrían haber sido de una forma totalmente distinta a como los conocemos hoy, y la creación de los Estados Unidos de América no es una excepción. Y es que la república que a día de hoy ha impuesto su voluntad al resto del mundo podría haberse visto convertida en una monarquía (si bien una de tipo constitucional) relativamente poco después de su mismo nacimiento, y ello dependió de una sola persona: su primer Presidente y héroe de la lucha por la independencia de las colonias americanas, George Washington.

La simple idea de que hubiera sido posible una monarquía en Norteamérica suena a ciencia-ficción, a algo más propio de una novela de Philip K. Dick que a una posibilidad histórica real. Pero, en este caso, la realidad supera a la ficción: en los últimos momentos del conflicto con el Reino Unido, la potencia colonial que hasta entonces dominaba la actual costa este de Estados Unidos, una serie de circunstancias impulsaron a varios oficiales del Ejército Continental, liderado por Washington, a escribir una carta a su comandante en jefe expresando sus deseos de verlo convertido en monarca de la nueva nación.

Los hechos tuvieron lugar en mayo de 1782, varios meses tras la victoria frente a las tropas británicas de Lord Charles Cornwallis en Yorktown. El Ejército Continental de Washington llevaba desde entonces estacionado en la sombra, vigilando a otro contingente británico que se había guarnecido en la isla de Manhattan. La situación era de estancamiento, pues tanto el general natural de Virginia como los británicos sabían que un asalto sobre la isla acabaría, casi con total seguridad, en un baño de sangre y un fracaso por parte del asaltante. Aun así, la anterior victoria, sumada a un flujo constante de suministros, mantuvo la moral de los soldados americanos en alza.

Batalla de Yorktown, 1871.

No sucedía lo mismo con los oficiales del Ejército Continental: 7 años de guerra continua habían agotado sus recursos personales, y el Congreso Continental, la institución política que formaba el gobierno de las colonias rebeldes, no les pagaba, ya que era incapaz de aplicar nuevos impuestos sobre las colonias y no podía hacer frente a las deudas tanto internas como externas. Los oficiales, entonces, empezaron a ver en Washington a la única persona que podría salvar aquello por lo que habían luchado.

Así, en mayo de 1782, el coronel Lewis Nicola, respaldado por otros oficiales, escribió una carta a Washington, en la que puso de manifiesto las condiciones en las que se encontraban los oficiales y la ineficacia aparente del Congreso Continental. Seguidamente, y argumentando que el sistema republicano era el más inestable de todos los sistemas políticos, propuso a su superior ser coronado rey, en el contexto de una monarquía constitucional, sistema que los colonos conocían bien, pues era aquel por el que se regía el Reino Unido, su antiguo señor colonial.

La respuesta de George Washington no se hizo esperar, aunque, desafortunadamente para Nicola y sus seguidores, fue una respuesta negativa. Washington, firme en sus ideales republicanos y liberales, aborreció sin ningún tipo de duda la proposición de Nicola, y respondió de forma severa a la misiva del coronel, exhortándole a no insistir en dicha proposición y no hacerla pública. Nicola obedeció a su comandante en jefe, y desde el Ejército Continental no se volvió a hablar de estas ideas.

Batalla de Princeton, 1777

No sería, sin embargo, la última vez que a Washington le llegaría una proposición semejante. Ya concluida la guerra, la Sociedad Secreta de los Cincinnati, que reciben su nombre del héroe romano Cincinato (y a quienes se debe, por cierto, el nombre de la ciudad de Cincinnati, en el estado de Nueva York), sugirió a Washington, presidente a título vitalicio de la sociedad, que ocupase la jefatura del Estado de la recién nacida nación de forma vitalicia, a lo que el ya entonces Presidente de Estados Unidos se negó, dando un discurso ante los miembros de esta sociedad con el que, haciendo alarde de sus convicciones, disuadió a los mismos de apoyar esta idea.

Qué hubiera pasado si Washington hubiera aceptado la proposición de Nicola o la de la Sociedad de los Cincinnati entra ya en el campo de la imaginación y la especulación, pero lo cierto es que esta posibilidad, aunque desconocida para el público general, fue explorada en el DLC La Tiranía del Rey Washington del videojuego Assasin’s Creed 3. En este contenido descargable, Connor, el protagonista de la tercera entrega de la célebre saga, debe hacer frente a un George Washington convertido en monarca absoluto, que ha sometido a los Estados Unidos a su voluntad y ha aplastado los ideales de la revolución americana.

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