Querida abuela

25 de junio 2017

23:48

Querida abuela,

El aire huele a tormenta y a libertad, que es lo mismo. Es embriagador. Me gustaría contarte algo que no sepas y también que la luz no atrajese a los mosquitos, que ya me han acribillado la mitad del brazo izquierdo. Me toca regar a Bruno dentro de poco, con una gotita de agua nada más. Estoy determinada a mantenerlo con vida, aunque a veces me pinche cuando alargo la mano para coger algo. Bruno y yo nos hemos hecho amigos. Yo hablo y él escucha. No sé qué opina de este arreglo porque es un cactus. Da igual. Acabo de ver el último Salvados y creo que casi nadie en España se ha enterado de nada. No por el programa, cuyo mayor logro es a veces explicar lo inexplicable. Quizás el tema sobrepase hasta al mejor periodista. Quizás no seamos la audiencia más formada para entenderlo. Pero una cosa está clara. Ahí nadie estaba diciendo la verdad. O por lo menos no toda. Ya nos lo avisaba Izzy Stone. All governments lie. Y últimamente uno no distingue al gobierno del resto de cosas. Pero, ¿qué voy a saber yo?

El aire huele a tormenta y a libertad, que es lo mismo. Es embriagador. Hay fotos tuyas en la pared, como siempre. Hay días que no las veo porque han pasado a formar parte del paisaje doméstico de cada día, pero otras veces me saltan a la cara sorprendiéndome. De repente, bum. Ahí está el blanco y negro de tus ojos. El abuelo y tú en el salón con diez hijos. 1955 y una de las pocas (si no la única) fotografía de vuestra boda. Es uno de mis mayores tesoros. Está en la lista de cosas que salvaría si hubiera un fuego.

Cuando pienso en qué pasaría si hubiera un incendio en casa me horrorizo al pensar que se quemarían mis diarios. Casi todo lo demás es recuperable. Los libros, las postales, el mapa a medio rascar… Pero, ¿los diarios? Dios mío. Lo que sea menos los diarios. Son la única cosa que no podría reescribir. Porque hoy ya no será nunca más, diga lo que diga Machado. No volveré a tener quince años, ni seis, que fue cuando empecé. Me perdería, ¿entiendes? A mí misma. Y qué horrible sería. Los diarios me demuestran lo engañosa que puede ser la memoria. Eventos que se descolocan al paso de los años. Sentimientos que no recordaba haber sentido. Pero ahí están. La tinta no miente. Si los escribí eran ciertos, porque yo nunca miento cuando escribo y menos aun cuando lo hago en papel. Algún día lo contaré todo. Quizás no tenga secretos como los del Comisario Villarejo, pero todo el mundo tiene secretitos. Secretitos de viejas. De los que se susurran al oído. Algún día los escribiré en mi autobiografía, que es secretamente el libro que todo escritor quiere escribir y los publicaré en cualquiera que sea el medio en el que leamos entonces. Pantallas transparentes o señales de humo.

Me gustaría que hubieras visto el Salvados de hoy y todos los Salvados que ha habido porque creo que no nos dio tiempo a hablar de muchas cosas y Salvados hubiera sido un buen filtro de orden del día. Porque coincidíamos en que la tauromaquia es una barbaridad salvaje y en que los documentales de leones de La 2 son una fantástica manera de pasar una tarde de domingo, pero ¿en qué más coincidíamos? Me gustaría que hubieras “conocido” a Iglesias y a Rivera y me hubieras contado qué te parecían. O qué opinarías de todo lo que está pasando y lo que queda por pasar. Si le tendrías simpatía a Íñigo y le votarías como posible presidente de la Comunidad de Madrid. Quién sabe, abuela. Igual si la vida te hubiera dado más tiempo habrías salido podemita. O qué pensarías de tener a Manuela Carmena como alcaldesa. Si te hubiera gustado, aunque sea un poquito. O si me tacharías de roja, como hacen tus hijos. Creo que una vez te acompañé a votar, pero no lo recuerdo bien, como tampoco recuerdo tantas otras cosas. Me gustaría haber sido lo suficientemente mayor para preguntarte a quién habías votado (quizás lo hice) y sobre todo por qué habías votado a tal o a cuál. Ya no recuerdo si leías el periódico o si discutías de política. De lo que sí discutías, y muy apasionadamente, era de toros y del Atleti. En contra de lo primero y muy a favor de lo segundo. Algún día los colchoneros ganaréis la Champions y aunque sea contra el Madrid me alegraré por ti y brindaré mentalmente y en secreto para que los Ducay no me peguen.

En fin, abuela.

Que te echo de menos, como siempre.

Y quiero saber a quién votarías en las próximas elecciones. Y me hubiera gustado verte votar más veces. Aunque sea por resarcirte de todas las elecciones que te robaron por haber nacido en 1934.

Y no quiero llamar a mi tío Javi a Euskadi a preguntarle, pero me va a tocar. Seguro que le pillo paseando por la playa acordándose de ti.

Mira, está volviendo a llover. Voy a apagar la luz para que no entren los mosquitos de los demonios y voy a abrir las ventanas para que corra el aire. Este aire fresco de verano que a veces me huele a promesa y otras veces me huele a miedo. El aroma del futuro.

Te quiere, siempre,

Paula

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