A ti, mujer militante

A ti, mujer militante.

A ti, que eres demasiado joven para saber algo; que eres demasiado mayor para entender lo que está pasando. Pero ellos, con tu edad, siempre son la vanguardia.

A ti, que “no tienes tanta experiencia” como él, a pesar de llevar toda tu vida en esto, y por eso tu lucha no es tan válida como la suya.

Que eres una exagerada, que le das demasiada importancia a la lucha feminista, que seguro que tienes la regla cuando “te pones histérica” en esa asamblea en la que nunca se te deja hablar.

No levantes la voz, que estás loca. Y no te quedes callada, ¿así vas a luchar?

A ti, que dentro de un mundo dividido entre machos, muy machos, gritando en las calles, y entre machos, muy machos, trajeados en despachos, eres la que lucha por su vida y a la que nadie nunca escucha.

A ti, que jamás se te tiene en cuenta, porque ya hacen política ellos por ti.

Si quieres participar, solo calla y acata. Nunca tomes decisiones por ti misma. No hables con nadie. No aparezcas en ninguna parte. Solo habla cuando se te mande, y única y exclusivamente lo que ellos te hayan ordenado hablar.

Que tú no sabes, que tú no entiendes, que tú no puedes…

Que solo eres la novia de, la ex de, la amiga de, la conocida de….

Que solo eres la que “ha llegado a donde está porque la ha colocado ¿qué compañero?”, nunca por su trabajo, esfuerzo y sacrificio. Porque… ¿cómo va a trabajar una mujer lo suficiente como para lograr algo?

Que la hipermilitancia se convierte en más escalones para ti. Porque ellos siempre están, mientras tú eres la que cuida, la que trabaja, la que limpia… En tu organización y en tu casa. Pero a nadie le importa esa estupidez de la “conciliación” de la que hablas.

A ti, que siempre eres la última opción cuando hay que hablar públicamente de algo importante, porque no das buena imagen, porque tú no sabes de eso, porque mejor que nadie te conozca.

Que no eres más que relleno en listas para dar buena imagen. Una cara bonita. Un “pon una foto en la que salgas guapa, y no hace falta que te esfuerces en nada más”.

Que la lucha por tu vida y dignidad es usada en discursos vacíos de hombres que se llenan la boca hablando de feminismo, de paridad, del apoyo que nos ofrecen, pero cuando se apagan las cámaras, se van los periodistas o el público, no son más que machos comprobando la extensión de sus miembros viriles, en una lucha por obtener (y sobre todo por conservar) el poder. Y nunca más se supo de la mujer.

A ti, que se te da el “privilegio” de tener tu propio espacio de militancia, con cosas de mujeres. Pero no hagas demasiado, no te visibilices demasiado, no interfieras en debates de libros y teorías anacrónicas de los que, por supuesto, no sabes ni entiendes nada.

Eres la que recoge después de las manifestaciones y los actos, mientras ellos toman cerveza.

Eres la siempre grita y nadie escucha.

La que siempre lucha, y a nadie le importa.

La que nunca es suficiente.

La que nunca sabe lo suficiente.

La que nunca vale lo suficiente.

Eres mujer. Eres militante.

Eres la que lucha el doble y obtiene la mitad.

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