En busca del oro de Moscú

Hace ya varios días que salió a la palestra gracias a David Pick la noticia de la firma del base tinerfeño Sergio Rodríguez por el CSKA de Moscú -club aspirante a todo- a razón de algo más de 3 millones de euros por campaña, convirtiéndole así en uno de los jugadores mejor pagados de Europa. Dicho fichaje ha suscitado multitud de controversia debido a que su nuevo club es el mayor rival de su ex equipo –Real Madrid de Baloncesto- por los títulos del viejo continente.

Lo cierto es que su incorporación al todopoderoso club ruso ha levantado ampollas entre los aficionados blancos, los cuales interpretan como una traición a su equipo la estampa de su rúbrica en un contrato multianual con los rojos tras marchar a la NBA por sorpresa el año anterior “cumpliendo un sueño” –palabras textuales-.

Tras una temporada complicada en lo colectivo –inicio difícil y eliminación en cuartos de Euroliga frente al Fenerbahçe-, el madridismo se preparaba para asumir las salidas de Sergio Llull, Sergio Rodríguez y Rudy Fernández rumbo a la NBA económicamente más fértil de la historia, al haber practicado los tres un baloncesto sobresaliente durante gran parte de la campaña –el malloquín ligeramente lastrado por su espalda-. La grada madrileña, aun sabiendo que resultaría harto complicado sobreponerse a las bajas, alentaba a los suyos a probar en la mejor liga del mundo. Cuán desmesurada fue la sorpresa general al salir Rudy al paso de los rumores para desmentirlos, Llull declarándole amor eterno al club de su vida y Sergio manifestando su deseo de permanecer en Madrid muchos años más. Casto goce para nuestros oídos. Pero hasta ahí.

Apenas dos días después de mostrar el Chacho su intención de quedarse, comenzaron a surgir rumores que relacionaban al canario con los Philadelphia 76ers tras una supuesta oferta de la franquicia de Pennsylvania. Un runrún que con el paso de las horas cobraba cada vez más vigor al no salir el jugador a negarlo todo. Entonces ocurrió.

La selección española  se encontraba concentrada en la capital de cara a preparar los Juegos Olímpicos que se disputaban ese mismo verano. En casos especialmente estudiados, la federación dispensa unos permisos especiales para que los jugadores que aún posean su futuro en el aire puedan viajar con el fin de resolverlo y así estar en plenas facultades, sin distracciones externas, en el equipo nacional. Sergio viajaba a Philadelphia.

Solventado su futuro, tocaba dar explicaciones creíbles después de desdecirse a sí mismo en un lapso de tiempo muy corto. Quizás, demasiado. Por ello, colgó una carta en sus redes sociales –más de una semana después, todo sea dicho- en la que se declaraba madridista de cuna, explicaba su necesidad de acudir a probarse de nuevo a Estados Unidos y juraba que siempre llevaría Madrid en su corazón.

Firmaría por una temporada a causa de 8 millones de dólares. La idea no era mala en absoluto, pues era un secreto a voces que Sergio Rodríguez tenía la espina clavada de su primera –y fallida- etapa en la NBA. Él, de algún modo, sentía que valía para estar allí. Si le salía bien, renovaría. Si no, de malograrse de nuevo su experiencia, sabía que siempre tendría las puertas del Palacio de los Deportes abiertas, pese a que sus formas en su marcha no resultasen las correctas. Porque Madrid era su casa. O eso creíamos.

El Chacho ha reiterado a lo largo de la campaña que su deseo era establecerse en la NBA durante más tiempo. Tampoco alcanzábamos a comprenderlo, pues su temporada ha resultado realmente mediocre para tratarse de un jugador de su calibre y éramos de sobra conocedores que no iba a contar con apenas ofertas para continuar en la liga americana. En Madrid se le esperaba con los brazos abiertos.

Sin embargo, él tenía otros planes. Sergio Rodríguez ha demostrado que se mueve pura y únicamente por intereses pecuniarios. Algo normal en un deportista de élite, por otra parte. Su vida laboral es corta, de apenas 12 o 13 años, de los cuales solo en la mitad compites al máximo nivel. ¿Pero realmente merece la pena renunciar al aprecio de una afición al completo a cambio de un puñado de millones -con los que has acumulado ya a lo largo de tu carrera-?

No obstante, el canario ha renunciado a algo más: a su credibilidad. En teoría, no se marchó por dinero, sino para cumplir un sueño. En teoría, no quería volver a Europa. En teoría, consideraba Madrid su casa. Si de verdad estimas tanto Madrid, ¿por qué te marchas a su rival un año después de abandonar el equipo? Desconocemos si existía un ofrecimiento blanco en firme, cierto. La realidad es que quizás no lo hubiera todavía, pues Sergio juró y perjuró que su intención era quedarse. Por tanto, ¿qué club iba a hacerle oferta a un jugador cuya vuelta se antojaba muy complicada?

Sin embargo, el CSKA vio en el Chacho un filón tras la marcha de Teodosic. El Real Madrid no puede competir económicamente con ofertas provenientes de Rusia o Turquía, pero hubiera sido capaz de lograr el retorno de Sergio Rodríguez si éste hubiera querido. No lo ha hecho.

No sería por problemas de confección de plantilla, pues Llull puede desempeñarse a la perfección como escolta y Doncic es previsible que dé el salto a jugar de alero. Además, ya compartió vestuario con Campazzo sin problema alguno.

¿Cuántas veces se ha rebajado el sueldo un jugador cuando de verdad quiere jugar en un equipo? Nowitzki es el mejor ejemplo. O Tim Duncan. Hombres que, por amor a los colores, realizan sacrificios por su equipo sin importarles en absoluto. Sergio Rodríguez ha dejado patente que no es de esos.

Quizás etiquetarle de traidor sobrepasa unos límites, pues es obvio que al Chacho ya no le unía ningún tipo de vínculo contractual con el club blanco, pero sí pensábamos, que tras denominarle equipo de tu corazón, mostrarías algo más de deferencia y apego hacia él. Quizás es que somos muy románticos y firmes defensores de unos valores que representan gente como Llull y que en el deporte ya no existen, pero nos has decepcionado, Sergio. Mucho.

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