Amar en tiempos no tan revueltos

Por Francisco Valle y David Jiménez

Hace unas semanas, recibíamos la noticia de una nueva agresión homófoba en Villanueva de la Serena, en la provincia de Badajoz. Es evidente que ser persona LGTB+ no es fácil en estos tiempos. Quizás afortunadamente no hayamos sido víctimas de una agresión, pero todos estamos expuestos a algún tipo de discriminación en nuestro día a día, desde un rechazo evidente de ciertas personas hasta simplemente aguantar los chascarrillos sobre maricas de nuestros compañeros.

Y sin embargo, podríamos vivir tiempos mucho peores. Durante siglos, la homosexualidad ha sido perseguida, rechazada, criminalizada y castigada. Pero no podemos negar que en los últimos años la situación está cambiando en Occidente y que además lo está haciendo a un ritmo acelerado.

En la historia del despertar LGTB+ podríamos destacar tres puntos clave. El primero, sin duda, fueron los altercados de Stonewall en 1969, donde, tras mucho tiempo de abusos policiales, las personas que frecuentaban el bar Stonewall Inn (sobre todo travestis y transexuales) ofrecieron resistencia a la policía y comenzaron a contraatacar. Un participante dijo entonces esta cita, que pasaría a formar parte de la memoria colectiva de la comunidad LGTB+: «¿Cuándo has visto que un maricón contraataque?… Ahora los tiempos estaban cambiando. El martes fue la última noche de sandeces… Predominantemente, el tema era, ‘¡esta mierda tiene que parar!» [1]. Y vaya si paró. Fue la primera vez que las voces se alzaron por nuestro colectivo y desde entonces, no pararíamos.

El segundo, por desgracia, fueron las muertes masivas por SIDA en los años ochenta y noventa. El colectivo se veía nuevamente amenazado, esta vez por una enfermedad desconocida e inquietante, que había mermado considerablemente los efectivos militantes del colectivo. Ante esto, los gobiernos no hacían nada o se mostraban tibios. Fue entonces cuando entra en escena el movimiento queer, un movimiento insurreccional, políticamente incorrecto y que defendía la acción directa frente a una sociedad que no se preocupaba por las vidas de la comunidad LGTB+.

Cartel del colectivo queer La Radical Gai llamando a la lucha contra el SIDA. (Imagen propia)

Y ahora podemos decir que estamos ante un punto de inflexión. Por un lado, la era de la comunicación ha propiciado la visibilización de lo LGTB+ gracias a productos culturales más inclusivos (series, libros, cine, etc.) y a las redes sociales. Por otro, nuestra generación ha crecido en pleno ambiente de “normalización”, con la promesa de la plena igualdad. Como consecuencia, cada vez más gente se alza para pedir derechos e igualdad. Todas las manifestaciones del Orgullo están siendo multitudinarias, creciendo año a año. Nos estamos atreviendo a salir a la calle sin miedo, haciendo que cada vez más gente acepte lo que somos.

Este cambio no se ve sólo en la sociedad, podemos sentirlo en nosotros mismos. Cuando hablo con mis amigos sobre cuándo descubrimos nuestra sexualidad, nos damos cuentas que, pese a nuestra diferencia de edad de hasta 8 años, lo hicimos todos al mismo tiempo. El ambiente que había en ese momento, donde empezábamos a ver refuerzos positivos sobre la homosexualidad en los medios, lo propició. Y quiero pensar que aunque a mí me costara descubrir quién soy, las generaciones que vengan por detrás lo tendrán mucho más fácil.

Es cierto, estamos rodeados de discriminación. Presenciamos rechazo, insultos, agresiones y sufrimos leyes injustas. Pero también es cierto que vivimos un momento único en la historia en el que lo LGTB+ es por fin aceptado. Nuestra historia está llena de penurias, desde la Inquisición hasta el drama del SIDA. Pero hoy por fin podemos vivir un momento de victoria y alegría, un momento en el que estamos ganando una batalla pacíficamente. Y eso, al fin y al cabo, es algo bonito que solo podríamos experimentar viviendo en la época que vivimos. Personalmente, es algo que estoy dispuesto a vivir en primera línea, luchando por defender lo que soy y aportando mi granito de arena a la historia.

Puede que esta sea la situación en occidente y que aún hay muchos países donde la homosexualidad está criminalizada. Pero estamos construyendo el futuro y estamos mandando un mensaje a los que nos seguirán: hay esperanza.

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[1] Carter, David, Stonewall: The Riots that Sparked the Gay Revolution, St. Martin’s Press, 2004.

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