Billie Eilish o la hegemonía generacional

El 11 de agosto no pasará a la historia, pero aquel viernes se nos dio un aviso crucial: el relevo generacional se había completado. No es llamativo que niños o adolescentes muy jóvenes asombren al mundo artísticamente. Existe La Voz Kids, así que trampolines no faltan. Grace Vanderwaal es un ejemplo claro de ello. Ocurre que estas figuras se encuadran en la categoría de los niños, sin pugnar en la industria musical adulta… hasta que uno de ellos lo hace y, de pronto, todos los iconos musicales envejecen.

El penúltimo valiente fue un tal Justin Bieber, que con 15 años se convirtió en uno de los principales ídolos pop del planeta (con el tiempo, de la historia), y este año ha vuelto a pasar. Ha sucedido lo que muchos veníamos advirtiendo desde hace tiempo, que el mundo pop estaba cambiando para siempre. Troye Sivan, Melanie Martinez, Halsey… todas ellas parecen hoy haber nacido para servir de precedente a Billie Eilish.

La madre de don’t smile at me, double EP presentado precisamente el 11 de agosto de 2017, nació en 2001. Ese año, como si fuera una ironía preparada para rescatarse hoy, Michael Jackson publicaba su último álbum en vida y el mundo conocía la Xbox y la presidencia de George W. Bush.

Al margen de eventualidades, ¿por qué otorgo esta relevancia a Billie? Porque su generación había sido hasta hoy la que iba a X-Factor y cantaba con un ukelele una canción sobre su hermana que emocionaba al público. Era la generación sin nombre propio, la que se movía a rebufo de los últimos millennials… y hoy, comienza a marcar rumbo.

Billie Eilish es la primera piedra de un proceso que comienza y la última de uno que se cierra. Porque es joven, pero eso no constituye su característica definitoria, ha abierto la puerta del mundo pop (el de verdad, el que define qué es tendencia y qué no) a la década de los 2000; y precisamente por ser joven delimita el cierre de un elenco que ya es LA referencia: el de 1995-2001.

Si queremos comparar, es sencillo: Lorde. No obstante, es imprescindible decir que se han exagerado sus similitudes al tiempo que se escondían sus diferencias. Sí, son musicalmente cercanas. Pero es evidente que el rollo estético chill pastel que utiliza Billie Eilish es incomparable, ni siquiera con MØ con quien algunos le comparan, no sé muy bien por dónde.

Hay dos cosas innegables: que el concepto cool (o sea, destacar sin romper la normalidad) está desplazándose a pasos agigantados, y que la nueva generación pop está perfectamente llena de figuras femeninas y LGTB, y eso nos encanta.

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