Oh, Serge Pizzorno

Las luces se apagan. Un foco empieza a deslumbrar al público mientras la batería rompe el silencio. Boom, boom. La gente empieza a botar. Arriba, abajo, arriba, abajo… La guitarra de Pizzorno crispa el ambiente. La locura se desata. Kasabian está aquí y el mejor directo de Europa despliega sus alas.

Kasabian representa un sentimiento, una rabia contenida que explota con agresividad. La rabia de una generación que ha vivido en los coletazos del thatcherismo y el detrimento de la conciencia obrera. Una generación que ha tenido que escapar de las garras del speed, de la meta, del neoliberalismo y, por supuesto, del empuje de la música americana en tierras británicas.

Con raíces en Leicester, el grupo de los gritos y empujones ha sabido envejecer con cariño y valentía a la crisis de los 30. Como si de la metáfora rancia del vino se tratase, Kasabian ha ido mejorando con los años, cogiendo una fuerza descomunal y enganchando a las nuevas hornadas sin distinción alguna. La esencia que representa el grupo comandado por Serge Pizzorno y Tom Meighan es la nostalgia de aquellos que echan de menos la brutalidad del mundo hooligan inglés y la camaradería que ahí se respira.

Kasabian en el Festival Internacional de Benicassim (2017)

Porque no nos engañemos, el ambiente que se respira en una actuación de Kasabian roza la experiencia religiosa. Con o sin alcohol, con o sin sustancias estupefacientes, Kasabian roza con la más pura emoción del hombre. Sí, del hombre, ya que la masculinidad que los ingleses desprenden es apabullante. Saltos, empujones, gritos, codazos, pogos. El corrillo por antonomasia del rock inglés recorre de izquierda a derecha el público conforme las notas van aumentando su velocidad y la batería se vuelva más y más dura.

Un concierto de Kasabian rompe con el guion preestablecido de las performances del siglo XXI, porque de eso se trata de mantener un pie en el pasado más rompedor y tener otro fuera. Ese pie fuera lo sostiene la cabeza pensante del grupo, el genio de origen genovés, Serge Pizzorno. El músico ha conseguido aupar a la cúspide del british Rock & Roll uniendo la música electrónica y el britpop más rudo. Las viejas glorias como Noel Gallagher (potato) tildaron a la nueva generación asentada en los 2000 como Arctic Monkeys o los propios Kasabian de no ser capaces de inspirar a más bandas de clase obrera. Nada más lejos de la realidad, mientras Noel estaba apoyando al neolaborista Tony Blair, Kasabian decía esto en Reason Is Treason:

Check the angles from both forces

overcome by the need to fight it

I hear the sirens on the Wall

El relato de una manifestación, la incitación a la insurrección y la rebeldía. Unos tambores de guerra que anticipan irreverencia y que esconden una profunda crítica al sistema que oprime a los más desfavorecidos. Un alegato en contra de las guerras imperialistas que se materializa en un videoclip comprendido en un contexto concreto: la Guerra de Irak. Kasabian grita “traición” en alto y se lo grita a aquellos que decían luchar por los trabajadores. Una traición que puede verse a través de una metáfora en la que “reason” (razón) opera como la acción de votar. Algo así como que esa confianza depositada en forma de voto se ha convertido en una traición, una traición de clase.

No estamos ante la música que guiará a la clase obrera inglesa hacia la revolución proletaria. Kasabian es un grupo obrero, que ha nacido en un mundo pos-industrial y que habla con unos códigos determinados.

Hablarán de que es música simple. De que las letras han ido perdiendo contenido y ahora ya no dicen nada. Eso que siempre se dice cuando algo se vuelve masivo y llega a más y más gente. La falacia liberal de la alta y baja cultura que se sustenta en el esencialismo más clásico reducido a la sentencia de cuanto más popular es, peor. Kasabian responde a la necesidad de una música para la clase obrera. Porque la clase obrera británica no pide elaboradas consignas marxistas-leninistas, la clase obrera quiere salir un sábado y darse de golpes mientras suena Fire. Kasabian habla el código de los obreros, una música por y para la working class británica.

Burn my sweet effigy, I’m a road runner, spill my guts on a wheel, I wanna taste uh-huh, and I’m on fire, and I’m on fire…

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4 comentarios en “Oh, Serge Pizzorno

  1. No entiendo muchas cosas de esta “reseña”, más bien pretensión de…
    Entre otras: ¿estás diciendo que es una falacia pensar que cuando una obra es más popular/viral es peor mientras te pasas todo el artículo tratando de demostrar que es un grupo con tintes políticos y sociales en sus letras para así asegurar que tienen más calidad o son más legítimos? Por no mencionar que simplemente nombras dos temas suyos (el más reciente de hace más de un lustro).

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      1. Tienes razón, lo resumo para ver si lo entiendes. Era una respuesta de si o no. ¿Estás utilizando a Kasabian para sentenciar que un grupo es más legítimo para triunfar y tienen más calidad si su mensaje es político?

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