Poemas de Andrés Treceño, I

Oftalmos (‘Los cimientos’)

Cómo aplaudir el surco del ave

por el límpido azul

y caer en la osadía de renegar del pez

que busca en el reflejo del muelle.

Miraremos con ternura la mano patria

en el portal de nuestra casa,

pero objetaremos de la que trabaja el cuero

y ha cruzado el reflejo en el mar

para compartir soledad y tristeza.

 

Quiero huir de los hipermétropes sociales,

de los que votan al tuerto.

Quiero, pero tengo los ojos borrachos de lágrimas;

esa es otra forma de no ver.

 

 

Sin título

No es cierto que haya luz en las palabras,

ni siquiera las siluetas les permiten el paso.

No tienen propiedad físico-química alguna,

ni barruntan un significado.

 

Es una gracia que les hemos asignado.

 

Así paz podría haber adquirido todo lo malo,

vórtice oscuro de la desgracia,

derrota significar última esperanza,

lo frío, familia, convertir eternidad

en una clepsidra agónica,

 

ser virtud un tierno fruto que pende de una rama

o un avión

—y habríamos de esperar hasta el siglo XX

para sentir su delicada cadencia…

 

El tiempo, los pueblos,

colmaron de etiquetas las facciones de la vida;

todo recibió su nombre

y desarrolló una historia a través de él.

 

Pero nada surge si pronuncio una palabra

y mi mente no dibuja su arquetipo,

nada vale

si mi voz no busca otra voz

que me responda.

 

Si te miro a los ojos

y al llamarte no tiembla la tierra,

¿habrá arañado la poesía

alguna vez la verdad?

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Un comentario en “Poemas de Andrés Treceño, I

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