Para que nada cambie

«Cambiar algo para que nada cambie», como quien dice. Así (y solo así) cabe definir a una de las masterpiece que nos deja el pop en este 2017: ‘Younger Now’, una obra maestra de la reinvención.

Decía el Che que hay que endurecerse sin perder jamás la ternura, y sin ánimo de apuntar en Miley Cyrus a un icono marxista-leninista, podemos decir que ha seguido a la perfección esta premisa. La reina del pop Disney rompió los esquemas cuando saltó desde ‘Can’t Be Tamed’ hasta ‘Bangerz’. Nadie puede poner en duda la magnitud que tuvo aquel movimiento, como tampoco que Miley arriesgó mucho con aquello.

Miley Cyrus para Billboard, 2017.

Lo que muchos pusieron en duda (misoginia interiorizada mediante) fue cuánto había de cierto en aquel cambio. “Mira a Hannah Montana, ahora tiene que hacer twerk y enseñar las tetas para que le hagan caso”, se decía. Mucha gente quiso ver en su nueva versión un paréntesis, una suerte de estrategia perfectamente calculada. Esa crew lo tiene ahora más claro que nunca. Para ellos, ‘Younger Now’ y todo lo que le rodea evidencia que ya se ha alcanzado el objetivo y ahora toca volver a “la verdadera Miley”.

No voy a sorprender a nadie, pero lo recalco: no tienen ni idea. La parte de ‘Bangerz’ no nos ocupa ahora, pero solo hay que haber seguido por encima las redes sociales de Miley desde 2012 para ver que de fake no tenía nada. Que aquello fue una realidad vital tanto hacia fuera como hacia dento.

Lo que es imperdonable es volver a equivocarse cuando vienes ya de un diagnóstico fallido como eje de tu análisis. Se equivocaron entonces y se equivocan ahora. Aquella figura icónica que nació en los VMA’s de 2013 no se ha ido, ni mucho menos. Es simplemente que no era la única cara de Miley.

Miley Cyrus interpretando ‘Younger now’ en los VMA’s 2017.

Ella se rebeló contra todo lo que supone ser una chica Disney, se enorgulleció de su libertad sexual y de mandar sobre su propio cuerpo, pero no fue lo único que hizo. Nadie vive rebelándose 365 días al año; eso no quiere decir que no se creyera su propio discurso, al contrario, lo interiorizó a la perfección. Pero en la cotidianidad todo es más intrapersonal, no necesariamente más puro, pero sí más mundano.

Y allí, en ese relato en diaria reconstrucción es donde vive aquella que vemos en su nuevo trabajo, que no es una “nueva Miley” ni nada similar, sino simplemente Miley Cyrus. El fallo está en necesitar ver la mentira (‘Bangerz’ era falso porque ahora sale esto, o viceversa) y en ver a las personas desde una perspectiva monocromática, porque no se funciona así.

Miley Cyrus en el videoclip de ‘Malibu’.

‘Younger Now’ no es una transición, ni un paso atrás, ni una huida hacia adelante, ni nada. Es un disco más (muy aceptable, por cierto). Es Miley siendo Miley, igual que en ‘Bangerz’ y ‘Her Dead Petz’. Esto no es una premisa ideológica de las de “la gente no cambia, hay que ser uno mismo”, no. Claro que hay personas y artistas que cambian radicalmente año tras año, pero esto no significa que cualquier giro en la estética de alguien refleje un cambio estructural en su persona.

Así que sí, ‘Younger Now’ es diferente pero sale de la misma voz y de la misma mujer. Nada cambia (menos mal).

 

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