Dalas

Dejadle hablar a Dalas

Creo que a estas alturas de la pelea de Dalas con la mitad de la comunidad de Youtube España, todas hemos sacado conclusiones medianamente sólidas, y no tendría mucho sentido analizar lo sucedido ni tratar de fundamentar una u otra posición. Lo que se va a plantear aquí es algo que ha sucedido después de que ayer (4 de octubre) Wismichu subiese en su canal secundario un vídeo de 28 minutos hablando sobre Dalas Review.

No se intenta con esto criticar a Wismichu que, de hecho, fue seguramente el responsable de que muchas personas empezaran a tomarse en serio una gran parte de las acusaciones que se han hecho sobre Dalas. No es un ataque a su figura, y seguramente comprenderá que lo que vamos a poner sobre la mesa es un problema estructural que no tiene nada que ver con él, sino con algo que trasciende toda la lógica de actuación de nuestra sociedad: el patriarcado.

Cuando mucha gente se plantea que qué es el patriarcado necesita ejemplos concretos (más allá de lo evidente: violencia machista, cosificación…). Bien. Pues esta semana hemos tenido un ejemplo gigante delante de nuestros ojos: ha tenido que venir un hombre a decir lo que muchas mujeres habían dicho previamente para que se tomen en serio los argumentos. Gran parte de las acusaciones que (insistimos, de forma muy positiva) ayer hizo Wismichu, habían sido plasmadas en varias ocasiones por una chica (Miare, por ejemplo) o por varias en campañas de Twitter. Y nunca existió una repercusión comparable.

Dalas ha tenido que poner su cuenta de Twitter candado y ocultar sus suscriptores en Youtube, que han caído en más del 50% (de +5M a -2.5M). La gente se ha tomado en serio las palabras de Wismichu. Esto, a muchas personas les parecerá genial y, de hecho, desde el prisma de las críticas a Dalas, lo es. Pero no nos dejemos por el camino un análisis imprescindible: que los hombres siguen teniendo la última palabra en la estructura patriarcal. Es posible que toda la historia y los conflictos que se han generado alrededor de él se hubieran evitado si se hubiera hecho caso a Miare, Ingrid o la comunidad feminista de Twitter cuando plantearon estas mismas cosas.

Es necesario hacer pedagogía, apoyar a las mujeres que saltan a denunciar abusos o acosos y no andarse con tantas medias tintas, no por un análisis especialmente crítico de los argumentos planteados, sino por la misoginia interiorizada y la infravalorización de las palabras si salen de la boca de una mujer.

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