500 Days of Summer

500 Days of Summer: libres e independientes

En el mundo hay dos tipos de personas (más allá de la clasificación que la conocida voz en off identifica al inicio de la película): los haters de 500 Days of Summer y los que podrían verla incluso repitiendo los diálogos. Y, sin duda, eso se debe a que, alguna vez en la vida, hemos sido demasiado Summer o demasiado Tom; pero la pregunta clave es por qué todas (y todos) deberíamos ser mucho más Summer.

«Desde la ruptura del matrimonio de sus padres solo amaba dos cosas. La primera era su largo pelo negro. La segunda, lo fácil que era cortarlo y no sentir nada».

Algo que, en profundidad, podría tener toda la lógica del mundo: algo tan tuyo y de lo que, sin embargo, no dependes; de lo que te sientes orgullosa pero, sobre todo, libre.

Ella, con su coleta despeinada a conciencia, coloreando la vida con el caos de los problemas, representa un papel feminista en el que deja claro que se quiere libre.

“-¿No te convence que a una mujer le guste ser libre e independiente?

-¿Es que eres lesbiana?

-No, no soy lesbiana, pero es que no me siento a gusto siendo la novia de nadie, ¿entiendes?

-Ni idea de qué me hablas.

-Vale, te lo voy a explicar… A ver, yo, prefiero estar sola. Las parejas complican, y al final se acaba hiriendo los sentimientos. ¿Qué falta hace? Somos jóvenes, vivimos en una de las ciudades más bonitas del mundo, disfrutemos mientras podamos y dejemos las cosas serias para más adelante.”

500 Days of Summer

Ella, muy hater con cordura. Adorando a Maggrite, y su mensaje de cambiar la percepción de la realidad, y a Hopper, quién mejor para expresar la soledad de la vida contemporánea. Un toque indie con el que reivindicar la cultura y la música. La banda sonora, hablando incluso más que los diálogos de los propios protagonistas. Pidiendo a gritos “Please, please, please let me get what i want”, resonando en sus cabezas una “Sweet Disposition” bajo el Museo de Bellas Artes y corriendo de “There goes the fear”, aunque quizás no lo suficiente.

Él. Sumergido en una ciudad de 400000 oficinas, 91000 edificios comerciales y 3,8 millones de habitantes, pensaba que el destino solo podía tener un nombre veraniego. Quizás demasiado sol para un 8 de enero, cuando conoció el efecto Summer, y decició que «Ella es mejor que la chica de mis sueños… ella es real» pero Tom estaba muy equivocado. Ella era su ideal. Respondiendo a Courteeners, sí, totally in love with a notion.

500 Days of Summer

Lograron estar de acuerdo en no estar de acuerdo. Demasiada intensidad-angustiosa-no -etiquetada para unos, motivando (sin justificación) dejar unos pancakes recién hechos en el plato (nunca la hay para dejar unos pancakes) y felicidad sin nombre para otras.

Día 34. Jugando a hogar dulce hogar en Ikea. Imaginando una vida juntos tras carcajadas cómplices sobre una cama de exposición y las miradas confusas de una familia china en “su baño”. Confesiones aceptadas con falsedad. Summer mirándole a los ojos se atrevió a expresar un “no quiero nada serio”. Mientras, Tom, afirmando, tragando saliva y mintiendo. Sin duda, algo más que los grifos no funcionaba en aquella planta.

Y, de nuevo, punto para Summer.

Arquitectura tatuada en un brazo, cosas que Summer no había contando a nadie antes y cosquillas en el coche con Carla Bruni de fondo respondían al “qué estamos haciendo” de Tom.

Pero no fue suficiente.

“-Se acabó.

-¿Qué?

-Summer y yo.

-¿Alguna vez comenzó?

-No, pero podría haber sido en un mundo donde las cosas buenas me pasaran a mí.”

O no.

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