La “desaparición” de la LGTBfobia

Tener una relación homosexual hoy en día es, teóricamente, más fácil. Las mentes han evolucionado y se han ido abriendo poco a poco, ¿no? Pues dados los numerosos casos de violencia contra las personas del colectivo LGTB+, está claro que la respuesta es no.

No pasees con tu pareja de la mano. No os beséis en público. No os sentéis cerca de un parque donde los niños juegan, no vaya a ser que os vean en actitud cariñosa y se “perviertan”; no vayan a creerse que pueden amar a quien quieran, que pueden acostarse con quien les dé la gana.

vía Maximiliano Luna

Al principio yo misma tuve miedo de darle la mano a mi pareja en público, lo reconozco. Las miradas indiscretas de la gente variaban de la repulsión hasta el asombro, pasando, por supuesto, por las risitas de críos comentando el típico “¡Mira, son bolleras!”. Un día te persigue un hombre para decirte que es bisexual y que si queréis hablar por Messenger. Otro unos chavales se os acercan para deciros que también quieren daros la mano. Y así, una y otra vez, y “reza” porque no te toque algún individuo que os acose, algún grupo de nazis que os agredan o gente que te insulte y te trate con desprecio cuando lo único que hacías era dar un paseo por la calle. Todo esto sin contar, por supuesto, con frases del índole “Es que hoy en día parece que está de moda ser bisexual”, “Eres lesbiana porque no has probado un hombre que te lo haga bien” o “Tienes pene, ¿cómo vas ser mujer?”, entre muchísimas otras.

Ser parte del colectivo LGTB+ no es fácil. Nos tachan diciendo que tenemos más derechos que nadie, pero, ¿derecho a qué exactamente? Se nos invisibiliza, se nos agrede física y verbalmente, se nos mata. Si a lo que tenemos “derecho” es a que se atente contra nosotres, desde luego, lo están cumpliendo a la perfección.

Aún tenemos que celebrar que nos acepten en casa, que la familia no rechace nuestra orientación y/o sexualidad, y que nuestros amigos no nos traten con desprecio, incluso con temor, cuando se enteran de nuestra situación. También debemos soportar que llamen a nuestra pareja “amigue”, como si la relación no tuviese validez, como si no seguir sus normas quitase la importancia a nuestras vidas.

Mientras esto siga así, mientras tengamos que “salir del armario” y alegrarnos porque alguien nos acepte tal y como somos, no podremos celebrar que la LGTBfobia haya desaparecido, que hayamos “ganado”, que las mentes se hayan expandido más allá del cisheteropatriarcado.

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