Entrevista a Jorge Moruno: «El rap es un vehículo de expresión que politiza más que una charla o un panfleto»

En los momentos vertiginosos de la política echar el freno y mirar alrededor se torna necesario para poder ver la imagen completa. El mundo del trabajo y el empleo precisa de esa pausa, de esa calma para poder analizarlo. Una calma que sintetiza muy bien Jorge Moruno (Madrid, 1982) a través de su obra La fábrica del emprendedor: Trabajo y política en la empresa-mundo (AKAL, 2015). Un Jorge Moruno que ya prepara con AKAL su segundo libro bajo el título de No tengo tiempo. Geografía de la precariedad.

Una propuesta que sale de lo establecido sin caer en falsas conciencias ni esencialismos. Todo ello se condensa en una larga conversación que va desde Mucho Muchacho hasta el proletariado.

  •  Tu libro La fábrica del emprendedor: Trabajo y política en la empresa-mundove la luz en abril de 2015 en un contexto político concreto en el que Podemos sigue su camino hacia el 20-D y en el que las tesis originarias siguen vigentes. Habiendo pasado dos largos años, ¿qué cambiarías del enfoque más militante que tiene tu libro?

Entiendo que el libro consta de dos partes, una más enfocada al análisis del trabajo y sus transformaciones contemporáneas y la otra más centrada en cómo traducir esa situación a términos políticos. Ambas están relacionadas, no son dos campos distintos. Es cierto que el libro se encuadra en un momento concreto, el año 2015, pero considero que las cuestiones centrales siguen plenamente vigentes. Más que cambiar creo que habría que actualizarlas, matizarlas, aclararlas y limarlas mejor, pero la idea de que una realidad de desigualdad o la indignación, no tiene una traducción política directa en una ofensiva democrática es de rabiosa actualidad.

  • A lo largo de todo el libro realizas una necesaria crítica a la empresa-mundo de forma bastante pedagógica, con ejemplos palpables y experiencias reales. Para aquel que te siga o te lea tienes una gran conciencia por la transformación de lo cotidiano, de lo diario, más allá de elucubraciones sobre “lo que puede venir”. ¿Cómo se puede luchar por esas transformaciones cotidianas en el ámbito del trabajo asalariado?

Se debe seguir luchando en el centro de trabajo por mantener condiciones o no perder salario, tal y como hemos visto en varias huelgas que han salido victorias, especialmente destacables aquellas altamente feminizadas, pero eso no resuelve el problema de la falta de ofensiva histórica. Luchar contra esas imposiciones cotidianas presentadas como naturales es difícil desde un plano individual, lo cual no significa caer en el cinismo o la resignación. Uno de los problemas que tenemos es la ausencia de proyección, ¿qué es lo que proyectan los proyectos? Eso se traduce en la incapacidad de imaginar la hoy tan denostada, risible e inasible posibilidad de cambiar la vida. Ante esta falta de “misión de época” prima y se apuesta -no me refiero a la necesidad obvia de tener que enfrentarse en el día a día a la búsqueda de trabajo-, por intentar recalentar el imaginario del pleno empleo.

¿Cómo es posible que el “anticapitalismo” acabe siendo más conservador que aquello que dice combatir? Quiero decir, ¿cómo ha sido posible que se haya pasado de buscar y anhelar una sociedad emancipada del trabajo asalariado, a su defensa a ultranza convirtiendo al objeto de crítica de Marx, el trabajo como mediación social, el trabajo que crea valor, en una defensa, mientras que el propio capitalismo te anima a desear el éxito para precisamente, dejar de ser un proletario? Marxistas y antimarxistas coinciden en la lectura tradicional sobre Marx, donde las fuerzas productivas entran en colisión y contradicción con las relaciones de producción, que de algún modo le impiden ser y así finalmente el proletariado puede realizarse y desplegarse como universal.

El problema de esta lectura es que toma partido por una supuesta realización del proletariado como sujeto histórico, que es capaz de tomar la producción industrial para su propio beneficio, algo así como “liberad al valor del parásito capitalista”. Una especie de antagonismo entre lo que vendría a ser el trabajo proletario versus el trabajo capitalista. Esto no tiene mucho sentido, precisamente porque la condición fundamental de la existencia de las relaciones capitalistas es ¡el trabajo proletario!, así que el proletariado no puede anunciar un futuro de liberación, al contrario, representa el presupuesto de la existencia de la sociedad del valor. De forma esquemática, podríamos decir que la contradicción, y de ahí que Marx sea hoy tan pertinente, se da entre el potencial que tiene el crecimiento de una serie de capacidades generales en la sociedad, y su forma existente alienada de conducirlas, gestionarlas y mediarlas bajo unos criterios concretos, los del valor. Entre aquello que crece como posibilidad dentro de una relación que hace imposible que pueda ser. Esa disparidad entre aumento de la productividad y la reducción del trabajo social humano, esa dificultad que implica reproducir la sociedad del valor pero al mismo tiempo ésta se impone como la única relación posible. Y a la inversa, cómo capacidades generadas socialmente bajo la forma alienada del capital, forjan otra posibilidad más allá del valor. Ese es el abismo al que se enfrenta el siglo XXI, es aquel que ayer sonaba lejano pero del cual se tenía la certeza de su resolución, pero que hoy preferiríamos no tener que enfrentarlo porque se nos presenta de manera cercana.

Es este abismo, entre lo que puede llegar a ser y lo que hoy es aunque cada vez le cuesta más poder ser, lo que provoca una tensión en una sociedad que hace cada vez más anacrónico el trabajo proletario, al mismo tiempo que ese mismo tiempo de trabajo humano indiferenciado, esa “gelatina,  es la base fundamental del valor, lo  que hace que la mercancía valga. Una sociedad desgarrada que apunta hacia un modo de riqueza diferente, no mediado por el tiempo de trabajo, dentro de una sociedad que solo genera valor basado en ese tiempo de trabajo humano empleado al mismo tiempo que tiende a reducirlo. ¿Cómo se reapropia la sociedad de esas capacidades generales constituidas de forma alienada, bajo una perspectiva que no es la propia de una sociedad de trabajadores? Este “salto” está en las antípodas de un supuesto determinismo evolutivo por etapas donde un paso lleva a otro y solo hay que desplegar a la historia. El capitalismo aplica un baremo y una medición equivalente entre cosas cualitativamente diferentes: reduce todo lo que es trabajo concreto y particular a una misma medida abstracta basada en aquello que comparten las mercancías en su diferencia; tiempo humano invertido en la producción. De manera más clara, si para todas las sociedades aquello que se fabrica sirve para darle un uso, solo en la sociedad capitalista, una sociedad donde se “presenta el trabajo gastado en la producción de un objeto útil como atributo “objetivo” (Marx), se  transforma ese producto del trabajo en mercancía

Así pues, si trasladamos esto al campo de la ideología y la intervención política, el problema no reside en que los trabajadores hayan perdido la conciencia de ser proletarios y haya que recordárselo, el problema está en la insistencia por la que deben estar orgullosos de ser proletarios, cuando la condición proletaria debería ser el punto de partida, no para regodearse en ella o mistificarla (desde fuera normalmente), sino para animar al deseo, que por ser proletarios no pueden alcanzar, de ser libres de estar obligados a subordinar el tiempo social a un fin que es crear valor. Ser libres de ver su tiempo dependiente al acceso  que les permite un tercero para obtener ingresos con los que poder vivir.

Hay que recuperar ese “mojo” que el neoliberalismo canalizó a través del horizonte de las clases medias. El feminismo y el ecologismo pueden ser fundamentales en esta tarea, no tanto como etiqueta o identidad, ni siquiera por la importancia que pueda tener su incorporación e influencia en la sociedad, sino precisamente porque ofrecen una perspectiva desde la que se puede criticar a la sociedad, esto es, a la economía política. Ofrecen una lectura integral que modifica las bases del sentido de la riqueza y el modo de operar en la interdependencia, una lectura distinta a la establecida por la riqueza entendida como reducción de todo a cosa intercambiable. Otra forma de valorar y otro concepto de crecimiento, es decir, otro modo de establecer los parámetros de la convivencia y la mediación social.

Los que más perdían antes de 2008, más pierden hoy y más perderán mañana: pérdida de salario, aumento de los endeudados y el importe del endeudamiento. Esto no es una discusión sobre la renta básica, sino sobre una sociedad de trabajadores incapaz de ofrecer seguridad a la población a través del trabajo remunerado, o por el contrario, apostar por una sociedad que ofrezca seguridad al margen del trabajo remunerado. Esa es en mi opinión la proyección revolucionaria: la búsqueda de una sociedad del pleno tiempo impulsada por el deseo de vivir mejor y sufrir menos. Si no es esta, entonces como recuerda Marx, “la clase obrera tiene que emancipar, ¿a quién?, “al trabajo”. ¡Entiéndalo quien pueda!”

vía ecestaticos.com
  • Y a raíz de esto, ¿cómo se pueden establecer esos marcos no explícitos en los que se mueve la ideología en este ámbito concreto?

La ideología no es un simple sistema de ideas a través de los cuales interpretamos el mundo que existe afuera, la ideología forma parte igualmente del proceso de producción y reproducción de la sociedad, no a modo de “engaño” entendiendo por éste la ocultación de una verdad que está ahí fuera, sino que el modo de aparecer, de ser, es, pero también eso nos indica que podría ser de otra forma. La ideología no como una doctrina que ofrece un simple marco de coherencia, sino como forma y por lo tanto contenido, que estructura y simboliza nuestra realidad. Dicho de otro modo, la ideología se presenta ahí donde no existe, no se explicita ni se reivindica, directamente se vive como aquello que es. La ideología está en la melodía de los anuncios, en la decoración de la oficina, en los valores, los encuentros de trabajo, las revistas de liderazgo, las películas… O la encontramos en el mobiliario urbano, por ejemplo en los pinchos ubicados en los locales y bancos para evitar que se siente alguien. La ideología es aquella práctica que se asienta en la antropología, como aquello que viene dado y no es objeto de discusión, porque “es así”.

  • Hablas acerca del progresivo cambio de la figura del jefe, aquello que Zizek llamaba el clásico padre estalinista hacia un modelo más “posmoderno no-autoritario”, y cómo esa figura de poder transforma las relaciones laborales hasta el punto de que el trabajo te sigue a casa. ¿En qué momento empieza a mutar la figura del jefe hasta el momento actual?

Tras la crisis del fordismo. Desde el momento en el que se hace más necesaria una filiación emocional y subjetiva del trabajador con la empresa. Una mayor vinculación y apego a los fines de la empresa no requieren de una imposición externa sino que nace del propio ánimo del trabajador. En estas condiciones la figura del capataz que impone la disciplina pierde relevancia. Lo interesante aquí no es tanto, o mejor dicho, no solo, estudiar la genealogía de la vinculación emocional del trabajador con la empresa partiendo del estudio de los cuadros y cómo ese modo de funcionar se va extendiendo. No, lo que me resulta más interesante es que la figura creada del emprendedor funciona a modo, digamos, de “espíritu” que atraviesa al conjunto de la sociedad y se instala como una forma de sentido común, como el filtro a través del cual se encuadra la comprensión de la vida contemporánea. La expresión de la independencia como forma de lograr una libertad en la que debes hacerte cargo de ti mismo como si de una marca se tratase, una empresa que ofrece su valor y si no vende, quiebra.

  • Se habla mucho de los liberales-comunistas como George Soros o Bill Gates que recuperan el espíritu de protesta y contracultura, pero al mismo tiempo siguen explotando a sus trabajadores, enriqueciéndose a su costa, etc. Tú mismo hablas acerca de esta idea en el libro centrándote en la figura del emprendedor revolucionario, rupturista y rebelde. Sabemos que para mantener un orden concreto hay que integrar las demandas de diferentes grupos, la pregunta es. ¿Por qué articulan estas élites el deseo de esta forma tan “revolucionaria”?

Porque hay que producir acorde y en función de un escenario que exige una mayor plasticidad en la gestión de los recursos humanos. Así se fomenta una dinámica donde prima la adrenalina, la dopamina, en el que todo va rápido, sin ataduras, soltando lastres, adaptándote y haciendo de la resiliencia un hábito de vida. Esa necesidad competitiva sumada a la inseguridad sobre qué va a ser de ti el día de mañana, necesita dotarse de todo un sistema de símbolos y modos de relacionarse que animen a la superación permanente, como única fuente de tu seguridad.

Tomar referentes como los deportistas y hacer de su forma competitiva un espejo desde donde mirar la vida, porque la vida es como subir una montaña, porque tus metas requieren de entrenamiento constante para superar los obstáculos y cada día hay que vivirlo como una aventura y salir a comerte el día. De algún modo se busca que la vida cotidiana tome la forma de un político en campaña electoral, frenético y malsano. Se viven y articulan unas relaciones laborales que tienden a diluir la distinción entre tiempo de trabajo y tiempo de no trabajo, no solo porque puedas estar disponible para trabajar en cualquier momento, o puedas trabajar en cualquier lugar, incluidas tus vacaciones, además porque tu vida se convierte en tu plataforma empresarial. ¿Hay algo que acelere más la percepción del tiempo que una revolución? El uso descremado del impulso revolucionario es de lo que se nutre la publicidad y el éxito.

Por supuesto, en toda esta épica empresarial que te impulsa a superar las adversidades que te impiden alcanzar tus sueños, no se puede olvidar la dimensión del endeudamiento y más en general del miedo y la desorientación. No es la primera vez que aparece el “pensamiento positivo”, aunque ahora se haya convertido en algo más parecido al sentido común. Durante la crisis del 29 en EEUU en medio de la depresión, también es la época dorada de Hollywood, el éxito de Walt Disney con Mickey y la proliferación de libros de autoayuda, dado que tal y como explica Josep Fontana, “querían leer libros que les ayudasen a ser felices”.

Esto nos indica una cualidad humana en tiempos adversos: la necesidad de salir adelante, de imaginar un futuro mejor, en definitiva, de búsqueda de alguna certeza, algo a lo que agarrarse. En nuestros tiempos precarios y conectados, tras una sensación de quiebre de época, el narcisismo del sujeto-empresa se presenta como una coraza que ayuda a suplir la falta de visión futura generando autoconfianza, de modo similar a lo que siente aquel que ejerce una autoridad: eres tu propio jefe. Be the revolution of you (Nike). Modificar esta realidad no pasa por ocupar la cómoda postura de aquel que advierte al mundo que todo esto es una pantomima y un engañabobos, se trata también, para que los ingenuos no seamos nosotros, de entender y hacerse cargo de esa dimensión humana (por salir adelante) y construir salidas que oxigenen, no solo quedarse en posiciones impolíticas que se limitan  a recordar y dejar patente que yo sí sé “como son las cosas.”

vía twitter
  • A lo largo de los últimos meses has utilizado en muchas ocasiones al rapero Mucho Muchacho de 7N7C para sintetizar el análisis político. Es obvio destacar que el rap es el elemento cultural más transversal de la generación nacida en el Régimen del 78 y que es el idioma en el que ésta se comunica. Desde tu experiencia y punto de vista, si tuvieses que echar la vista atrás, ¿cómo establecerías la evolución de la politización de la sociedad a través del rap?

Desde aquella maqueta de CPV “Madrid zona bruta” hasta la actualidad del trap, ha pasado todo un mundo. El rap es posiblemente el género musical más democrático y podríamos decir que la incorporación del vodecode en el trap, lo democratiza todavía más. El rap es un vehículo de expresión que politiza más que una charla o un panfleto, cuando un montón de chavales se socializan cantando una letra de alguna canción de Violadores del Verso. Por supuesto existen muchas versiones, desarrollos, enfoques y lógicas del rap, que incluso en su versión más denostada de todas, el gangsta rap, sirve para ver reflejado de manera descarnada los fundamentos hegemónicos que dinamizan nuestras sociedades: la mujer como objeto, idolatrar el dinero, demostración de fuerza. Como le decía Tony Montana borracho a los comensales de clase lata en el restaurante: “necesitáis personas como yo para poder señalarlas con el dedo y decir, ese es el malo.” Igualmente, y ese es el sentido en el que utilizo al Mucho muchacho, el rap tiene esa capacidad magistral de sintetizar percepciones, actitudes y sensaciones de la sociedad sobre algún tema, mejor que cualquier sociólogo.

  • Es evidente que la situación en Catalunya abre una serie de brechas en todas las ideas que se habían dado hasta ahora sobre cómo entender España. Por arrastre, entendemos que también el planteamiento de una España plurinacional/federal (Podemos/IU) se está viendo agotada e insuficiente para abordar el conflicto. ¿Qué revisiones necesita esta idea?

Uno no siempre decide los escenarios y existen algunos, como éste, que suelen permitirle al PP aglutinar en torno a la idea hegemónica de España, en detrimento de una España que sume agregando diferencias. Esa España que abandera el PP está basada en la exclusión del otro interno: la antiespaña que trabaja para el externo ajeno a España. Así, cualquier matiz o manera de afrontar la cuestión, rápidamente se responde con un “pues si no te gusta pues te vas.” Este país necesita resolver la cuestión nacional, es decir, la incapacidad histórica de España para construirse como una comunidad imaginada por todas sus partes, pero para que eso sea posible hay que resolver los problemas territoriales y sociales crónicos que arrastramos. La apuesta por una España plurinacional es al mismo tiempo arriesgada, en ocasiones incomprendida, pero necesaria para cualquier proyecto de cambio político. A esta idea hay que darle profundidad, ir marcando etapas y elementos donde poder incidir, aportando soluciones concretas, como por ejemplo sobre el papel del Senado, la ley electoral y el desarrollo de un modelo polícéntrico de las instituciones, que haga de Madrid algo más parecido a un distrito federal que a la situación actual. Madrid es paradójicamente una de las claves de la España plurinacional. También debe entenderse lo plurinacional no solo como una manera de “comprender” o “seducir” a las naciones sin Estado, sino que gracias a la federación de voluntades, sean éstas las primeras en abrazar a la España plurinacional como propia. Solo así puede salirse del actual modelo de las autonomías por una vía transformadora.

Alguien podría objetar que todo eso está muy bien pero que resulta a día de hoy imposible de llevar a cabo, porque por ejemplo, ¿con quién se puede pactar un referéndum? ¿con el PP, con Ciudadanos…? Resulta harto complicado pactar un referéndum con la correlación de fuerzas existente, ahora bien, esa dificultad o imposibilidad actual no convierte en factible y hace viable la vía unilateral, como ya hemos visto, al contrario. Así pues, la vía unilateral se demuestra fallida, luego se renuncia a ella pero al mismo tiempo se la reivindica porque un referéndum pactado no se puede. La única ecuación viable, dado que la mitad de la población catalana no apoya la independencia unilateral y dado que hay un Estado que impide de facto instaurar -declarar puedes declarar lo que quieras- una República catalana, es sumar voluntades que tienen finalidades diferentes con el objetivo de modificar la correlación de fuerzas que opera a la escala de la propia implantación del régimen del 78. Las correlaciones de fuerza no son estáticas e inmutables, de ser así estaríamos ante una lectura conservadora según la cual, en este caso España, sería por naturaleza algo que no puede cambiarse. Eppur si muove. Sin ese cambio –y dejamos de lado la dimensión Europa que es la fundamental- ninguno puede aspirar a ningún cambio. La discusión no es tanto sobre si se puede o no se puede lograr algo, sino sobre de qué modo y bajo qué condiciones algo puede llegar a ser logrado, lo cual no quiere decir que por el camino nadie tenga que renunciar a lo que es para lograrlo (o sí), por aquello de “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

  • Para finalizar, tras las tendencias de las últimas encuestas tanto a nivel estatal como en Catalunya vemos una caída del apoyo en Podemos, ¿crees que el partido no se ha adaptado bien al contexto?

Como decía no todos los escenarios se enfrentan a la ofensiva, en cualquier caso, la mejor encuesta siempre son las elecciones.


Si te ha gustado la entrevista y quieres leer el libro puedes conseguirlo aquí.

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Un comentario en “Entrevista a Jorge Moruno: «El rap es un vehículo de expresión que politiza más que una charla o un panfleto»

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