No todo es tan bonito: Los problemas del asociacionismo LGBT

Ahora que por fin consigo sentarme a escribir, cuesta saber por dónde empezar. Cuando se comienza a colaborar en un colectivo LGBT, como en cualquier asociación, normalmente te reafirmas en todo lo bueno que te esperabas de este, pero también descubres la parte más oscura, la parte que te hará plantearte tu pertenencia, y que te llevará a la pregunta  “Pero, ¿de verdad merece la pena?” una vez tras otra.

En mi caso, por daros un contexto, soy une estudiante universitare, que participó en la creación de una asociación en su ámbito educativo, algo que era tan necesario como invisible en ese momento. Por suerte, o por desgracia, todo crece, y casi como una metáfora de un ser vivo, las asociaciones nacen, crecen, se dividen y por lo tanto, puede que la misma muera.

Sin embargo, dentro del colectivo LGBT, esto es algo que ha ocurrido desde el primer día. La mismísima Silvia Rivera (1951-2002, Activista trans participante en Stonewall) se decidió a dejar el movimiento en un momento de su vida debido a la apropiación de la lucha de Stonewall por los cisgays que, como suelen hacer, se olvidaron del resto, sobre todo de les compas trans. (¿Os suena de algo?)

Cualquiera diría que hace casi 50 años de aquellos disturbios, y aunque hemos conseguido derechos en muchos lugares del mundo, seguimos sin ir todes les LGBT de la mano, manteniendo, dentro de nuestras organizaciones la jerarquización de un Cisheteropatriarcado que parece inmortal. Aun así, será difícil conseguir acabar con cualquier tipo de discriminación si, en la realidad, colaboras de otro. Qué le voy a hacer, siempre me pareció estúpido ser gay, pedir derechos y libertad, pero negándoselos a otres. Suena como algo irreal, pero uno de los mejores ejemplos es la transfobia que se da en personas cisLGB.

Las personas LGBT, y por tanto los colectivos que estas forman, tienen aún muchos desafíos a los que enfrentarse y muchos debates a los que dar la cara. Si queremos que el movimiento deje de existir, que es el objetivo, tenemos que hacerlo, no nos vale permitirnos ese liberalismo tóxico que en casi todos los casos que conozco, recae en la transfobia. ¿Por qué será? Que esté demasiado interiorizada no quiere decir que debamos tomárnoslo con calma.

Hay muchos debates que nos dividen, como la capitalización de nuestra lucha o capitalismo rosa, tan visible en los días del orgullo, pero hay otro que parece ir asomando poco a poco, el BDSM. Estas siglas, que resumen: “Bondage, disciplina, dominación and sumisión, sadomasoquismo” aunque no sé decir el motivo, se están popularizando mucho, también dentro del colectivo LGBT. Pero, yo me pregunto, ¿es algo LGBT? Mi respuesta es no. Pero la verdad es que supone un debate interesante. Es verdad que cualquier práctica sexual dentro de lo LGBT estaría fuera de lo “tradicional”. Nosotres mismes lo estamos, pero, ¿es una relación lógica el apoyar lo BDSM y lo LGBT a la vez?

Está claro que uno de los principales motivos es el aumento de lo “Queer”, que según algunes tiene que estar unido al BDSM de forma necesaria. Este debate se dio también en nuestra pequeña asociación, y aunque no tuve la oportunidad de hablarlo con les protagonistas como sí pude hacerlo con gente de fuera de la misma, mis conclusiones no cambiaron; la relación BDSM-LGBT no es solo innecesaria, si no que resulta, a mi punto de vista, negativa. Algunes somos incapaces de apoyar algunas de sus posiciones de dominación o incluso que rozan la pedofilia. No deja de ser una práctica sustentada por el cisheteropatriacado y que ahora, intenta justificarse con lo Queer. “Somos Queer y nuestras prácticas son diferentes a las del patriarcado, lo llevamos por bandera, cayendo entonces en el liberalismo, me argumentaron una vez en contra de estas prácticas. Yo, sinceramente, no puedo estar más de acuerdo. Por eso mismo creo que es necesario la creación de un límite. Para mí, repito, es una relación innecesaria.

Este sería uno de los muchos nuevos debates que se tienen dentro de nuestras siglas, tanto como qué siglas sí y qué siglas no tienen lugar en la lucha, ya sea por desviarse del objetivo, o por invisibilizar alguna de las otras. Es un debate necesario, por supuesto, pero como siempre intento decir, twitter no es el lugar para hacerlo. En este artículo quería llegar a plantearos la cuestión de los límites de nuestro colectivo, porque no solo los tiene, sino que tiene que ser así. Al final, podríamos hacer no solo una serie de artículos que traten los problemas del colectivo que nos alejan de los objetivos, si no que podríamos hacer una nueva versión de la saga “Juego de tronos” (Más aún si metemos a la FELGTBLannister y al PSOE de Roca Casterly) pero bueno, la utilización de lo LGBT lo podemos dejar para el próximo episodio.

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