Cuatro errores habituales que (como heterosexual) cometes cuando conoces a una persona LGTBI

“Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas y una sola lengua es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar”. Madame de Sévigné.

A menudo las personas que más hablan son también las que más meten la pata. Y es que mejor quedarse corto que (a veces por querer agradar) decir verdaderas estupideces. Por eso, si crees que vas a estar cerca de alguien LGTBI y no estás versado, echa un ojo a estos consejos y, por favor, no cometas ninguna de estas cuatro torpezas:

1. Comentarios hambrientos de aprobación del tipo: “¡Yo tengo muchos amigos gays! ¡Sois divertidísimos!”

¡Enhorabuena! ¿Dónde está el mérito? No todos los gays somos iguales. De hecho somos muy diferentes. La homosexualidad es una condición que nos define en un único sentido (el sexual). La personalidad es mucho más rica y variada y se compone de múltiples peculiaridades. El entorno social y la herencia biológica moldean nuestra identidad, única, irrepetible y repleta de matices. Una identidad que, además, oscila y se desarrolla a lo largo del tiempo y nunca es la misma.

Hagamos el ejercicio a la inversa y probad a escuchar en una conversación a alguien que, con una expresión que pide vuestra aceptación, os dice: “¡Uy! si yo tengo muchísimos amigos heteros. Sois majísimos.” ¿Cómo os quedaríais? Probablemente pensaríais lo mismo. ¿O es que acaso sois todos los heterosexuales iguales?

Probemos ahora con otros ejemplos y sustituyamos amigos gays/heteros por amigos  gordos o amigos calvos. ¿No os parecería un comentario absurdo? A nosotros también.

Y es que el hecho de reducir cualquier grupo social a uno de sus rasgos supone una suerte de torpeza que tiende a ser demasiado habitual.

vía Facebook

2. Preguntas irreflexivas del tipo: “Oye y en la cama ¿quién es el hombre y quién la mujer?”

Sí, estos comentarios son reales y, por desgracia, nada atípicos.

Nuestras sociedades son básicamente heterocentristas y adolecen de una necesaria y profunda educación sexual que trabaje para la erradicación de este tipo de mitos.  Las relaciones sexuales son complejas y heterogéneas. En una sexualidad saludable los roles binarios sexuales y de género deben quebrantarse, superponerse y moldearse. Muchos heterosexuales vivís anclados en esa absurda y castrante dicotomía hombre/mujer, masculino/femenino.

En este sentido, la comunidad LGTBI ha sido capaz de romper con estos patrones y ha trazado otras formas de relacionarse liberadas de prejuicios maniqueos.

Y es que es, precisamente, la facultad de razonar la que nos lleva a desarrollar nuestra libertad más allá de normas preconcebidas. ¡Así que venga! Razonemos más y asumamos la riqueza y complejidad de nuestra vida sexual.

3. Comentarios condescendientes del tipo: “¡Pobre, has tenido que sufrir tanto!” o  “¿Y qué tal lo lleva tu familia?”

Por un lado, hay una tendencia a la presunción que hace que muchas veces metamos la pata estrepitosamente. Y es que no todo el mundo ha sufrido por el hecho de ser diferente. Aunque queda mucho por hacer, en muchos países llevamos ya tiempo con leyes que nos amparan y, afortunadamente, en muchas familias y ámbitos sociales el maltrato a la persona LGTBI es algo del pasado.

Por otra parte, se agradecen las personas que se acercan a nosotros de una manera sosegada y tranquila, que esperan a que les cuentes (si quieres) y que no te avasallan inmediatamente con sus suposiciones. Yo, personalmente, me quedo con aquellos que no te compadecen gratuitamente y que no persiguen expiar sus culpas contigo de forma hipócrita.

Y es que somos mucho más que personas homosexuales. De hecho somos primero personas. Así sin más. Así que, por favor, acercaos sin tener en cuenta (de entrada) nuestra “diferencia” ni el mayor o menor sufrimiento que esta nos haya podido provocar. Gracias.

4. Preguntas heteronormativas y reduccionistas del tipo: “Y tu hijo ¿cómo suplirá la figura materna/paterna ausente?”

Esta reflexión es reiterada cuando muchos de vosotros os preguntáis cómo funcionamos las familias LGTBI. Pues bien, está comprobado que el rol que desempeña cada uno como padre/madre puede conformarse de forma independiente a su género. De hecho, este rol suele tener más que ver con la personalidad de cada individuo así como con su estado emocional.  Así, conceptos tales como autoridad, firmeza o castigo no tienen por qué ir asociados al hecho de ser hombre. Ni tampoco el afecto, la comprensión o  la empatía estar vinculados única y necesariamente al papel de la madre. Un mismo progenitor puede, de facto, disponer de todos estos rasgos en su personalidad y sacar a la luz uno u otro en diferentes momentos de su paternidad/maternidad.

No, no es condición sine qua non tener un padre y una madre para criarse de una forma favorable. Por el contrario, sí es más que recomendable educar a tu hijo entorno al cariño, al respeto y a la tolerancia. También, ofrecerle una familia y un hogar seguro y confortable en el que pueda desarrollarse de una manera plena y confiada. Éstas sí pueden ser algunas de las garantías de éxito como padres/madres. Todo lo demás supone simplificar de una manera absurda el ejercicio de la paternidad/maternidad.

Y es que en definitiva, las palabras son valiosas herramientas para construir lazos y relaciones. Y al mismo tiempo nunca son inofensivas. Así que intenta siempre pensar antes de hablar y no dar nunca nada por sentado. Te lo agradeceremos.

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