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Fotografía y mentira

La desrealidad, como la buena gramática, atrae. Altera la percepción e inventa alternativas a modelos hegemónicos de la realidad; y eso es espontaneidad y belleza. Es arte. Pero, ¿es falsificación? Yo no lo dudo: sí, ¿y qué?

Esta estrategia intelectual juega con la ambigüedad, desmonta nuestro mundo exterior y reclama la subjetividad para ampliar el horizonte más allá de “La Verdad”.

Los simples registros mecánicos aburren, copian. Un enfoque basado en la autoría es lo que verdaderamente define a la fotografía en la construcción del discurso desde la pluralidad y la retórica.

El buen fotógrafo miente bien la verdad: “Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografía miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa”. Fontcuberta, en su libro “El beso de Judas. Fotografía y Verdad”, muestra la visión del fotógrafo contemporáneo que aleja su trabajo de la evidencia para llegar a un collage más mental que físico. A veces,  las construcciones mentales superan la capacidad de transmisión de un espejo, pues hasta estos en ocasiones mienten.

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Fotógrafos contemporáneos como Nan Goldin se enfocan en ampliar el marco de lo fotografiable. Al igual que la verdad, lo común es insulso y, desde este ámbito, se puede potenciar el sabor ampliando el objetivo: pasando de las velas de cumpleaños en tartas de trufa y nada a funerales de abrazos fríos y rimmel en la cara, de las sonrisas a la cámara a escenas de sexo y, en definitiva, a todo lo “impolíticamente correcto”. Llevando la fotografía y la expresividad al máximo exponente. Llevando la fotografía a los tabús de la vida.

Fontcuberta interpreta la fotografía no solo desde el pilar conceptual de la verdad, sino también desde el de la memoria, donde juega un papel esencial en la construcción o, concretamente, reconstrucción de nuestra esencia y existencia; especialmente, en momentos donde la identidad se disuelve como producto de lo social.

Eres lo que recuerdas, como diría Norberto Bobbio, y lo eres, en gran medida, por las memorias reveladas o, mejor dicho, posteadas.

Somos la emotividad de volver a los lugares que cambiaron nuestras vidas.

Somos puertas de llegadas en los aeropuertos, cervezas y abrazos.

Somos en todos los colores, en blancos, negros y grises.

Somos fotografía.

Somos mentira.

¿Y qué?

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