Y la filosofía nos empalmó

Nadie duda que el mundo de la ficción, y en concreto el de las series, está en un buen momento de salud. Hace unos días, un compañero comentaba en este mismo medio cómo una nueva ética audiovisual se estaba abriendo paso adoptando los valores del feminismo y del colectivo LGTB+ como suyos. Uno de estos ejemplos es la serie que ha revolucionado Cataluña en los últimos años: Merlí.

Exportada al resto del Estado español por LaSexta con escaso éxito, Merlí ha sido sin embargo todo un fenómeno de audiencia en Cataluña. Sus fans son legión y se han hecho escuchar durante los más de dos años que ha durado la emisión. Y no es para menos: la ficción creada por Héctor Lozano es un producto necesario que interpela a una generación que estaba viéndose privada de referentes en el prime time televisivo. Lejos quedaban los tiempos en los que una generación de adolescentes creció viendo series como Al salir de clase o Física o Química. De un tiempo a esta parte las series de temática juvenil brillaban por su ausencia y en ese hueco consiguió colarse una serie de TV3 que no solo hablaba de los problemas de la adolescencia, sino que otorgaba a los jóvenes una valiosa herramienta para resolverlos: la filosofía.

Con aire de El club de los poetas muertos, Merlí, un profesor de filosofía con métodos bastante peculiares explicará a la clase de los peripatéticos (interpretada por un elenco excelente de jóvenes actores) la historia del pensamiento humano orientándola siempre a los problemas, dudas e inseguridades que se afrontan en la etapa final del instituto. Así, Merlí empleará a filósofos como Albert Camus, Friedrich Engels, Epicuro o Judith Butler para explicar y hacer reflexionar a sus alumnos sobre el suicidio, la fe, la familia, el placer o el género. Todo ello combinado hábilmente con humor, amoríos de todo tipo y toda clase de situaciones emotivas.

Mención especial merece el tratamiento de la temática LGTB+. La serie dedica buena parte de su primera temporada al proceso de asimilación de la propia homosexualidad de uno de los protagonistas, dejando algunas de las escenas más icónicas y potentes de la historia de la televisión española en cuanto a contenido LGTB+.

Y no solo eso, sino que Merlí también otorga visibilidad a la bisexualidad, hace reivindicaciones de la pluma, muestra otros tipos de relaciones no normativas e incluso se atreve a hacer una denuncia de la transfobia de la sociedad en horario de máxima audiencia, con la aparición de Quima, una profesora trans con la que la entonces directora del instituto mantiene una tensa conversación sobre qué significa ser una mujer.

Cabe decir, eso sí, que tiene fallos en cuanto a la representación de las personas LGTB+, como prácticamente cualquier serie. No da visibilidad, por ejemplo, al lesbianismo. Además, el personaje de Quima debiera haber sido interpretado por una mujer trans y no, como en tantas otras ocasiones, por un hombre cis. Sin embargo, pese a todo, es un esfuerzo y una oportunidad que hemos de valorar positivamente, máxime teniendo en cuenta que ha sido una televisión pública la que ha emitido una serie así.

Sea como fuere, Merlí, con sus 3 temporadas y sus cientos de momentos memorables, se ha convertido en uno de los hitos televisivos de los últimos tiempos gracias a su apuesta valiente y decidida por combinar diversidad, temática juvenil, filosofía y humor. La serie se puede ver en castellano (aunque el doblaje deja bastante que desear) en Netflix y en catalán en la web de TV3. Y os aseguro que es una experiencia que merece la pena y que os enseñará alguna cosita sobre filosofía.

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