Fútbol, S.A.

Lo perdimos. Hace tiempo que lo perdimos. Dejamos que el fútbol escapara de nuestras manos. A cambio de nada. Promesas vacías, engaños. Jugar en Europa. Subir a Primera. Tener un nuevo estadio. Fuera cual fuera el anzuelo, lo mordimos. Abrimos la puerta a cualquiera que pudiera “modernizar” nuestro club, adaptarlo a los nuevos tiempos, pero sin saber qué significaba eso. Lo aprendimos a la fuerza: el fútbol, tal y cómo lo conocíamos, pasó a mejor vida. Rousseau tenía razón. Un tipo trajeado proclamaba “esto es mío” desde su asiento de presidente del club de nuestros amores. Y fuimos tan tontos como para darle la razón. Porque lo perdimos. Hace tiempo que lo perdimos. Y lo peor de todo es que estuvimos de acuerdo.

El 2017 nos dejó infinidad de muestras de que ya no hay quien pare esto, de que el opio del pueblo se está transformando, cada vez más, en una droga de diseño a la que pocos pueden acceder. La vorágine consumista en la que se han sumergido los clubes amenaza con cambiarlo todo. Hasta extremos nunca vistos. Porque al fin y al cabo el fútbol profesional empieza a perder su condición, no solo de deporte rey, sino incluso la de deporte. Ya es un espectáculo. Y uno que sabe de espectáculos como Enrique Cerezo, productor de cine y presidente del Atlético de Madrid nos dejó, en forma de frase lapidaria, la prueba más descorazonadora de la nueva realidad.

vía La Vanguardia

“El sentimiento en el fútbol se debe perder. Esto es un negocio.” – Enrique Cerezo en declaraciones a Panenka.

Casi nada. Frases como esta nos llevan a plantearnos qué mueve al aficionado, del Atleti o de cualquier equipo, a comprarse año tras año la camiseta del equipo o a peregrinar al Wanda Metropolitano como si de una maravilla del mundo se tratase. La respuesta es evidente: El sentimiento sigue moviendo al aficionado, que en su derrota encuentra una pequeña victoria. Se resiste a admitir que esto, efectivamente, es un negocio. No para él. No lo es porque él sigue pagando su entrada para ir al campo. Lo hace en verano y en invierno, a las 12 de la mañana o a las 9 de la noche de un lunes laborable. Lo hace sin pensar por qué lo hace. Porque el aficionado no toma una decisión de compra. Simplemente siente y actúa.

Sin embargo, aunque no la comparta, aquí me interesa la concepción del fútbol-negocio y el equipo-empresa. Porque ni por esas llego a comprender el último movimiento de LaLiga. Nueve futbolistas de Arabia Saudí (tres de ellos, internacionales absolutos) llegan en calidad de cedidos a equipos de Primera y Segunda hasta junio. Una medida fruto de un acuerdo entre LaLiga y General Sports Authority, que pretende extender la práctica del fútbol en Arabia Saudí. Seguirán a esta iniciativa otras, como la creación de academias bajo la marca de LaLiga en el reino árabe.

El comunicado de LaLiga no deja lugar a dudas: la llegada de estos jugadores es consecuencia directa de un acuerdo con las autoridades saudíes. Y lo que obtienen a cambio también lo vimos en los primeros minutos, cuando los tweets anunciando los fichajes de estos futbolistas destrozaron los récords de rendimiento de varios de los equipos. Publicidad. Marketing. Puro y duro. Demostrar que en “la mejor liga del mundo” todos tienen un sitio.

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Dejaré clara una cosa. No tengo nada en contra de los futbolistas saudíes. Sí, la de Arabia Saudí una selección menor y varios de estos futbolistas ni siquiera juegan en ella. Sin embargo, no es necesario conocerles para saber que su presencia en LaLiga está impuesta, algo que tampoco creo que les haga demasiada justicia. Si son buenos o malos futbolistas lo veremos, si es que tienen la oportunidad de demostrarlo. Pero lo que todos ellos tienen en común es su llegada como parte de un acuerdo, ilustrado por la foto de familia que anula totalmente a cada uno de los futbolistas. No sabemos el nombre del jugador que va a Leganés ni sabríamos distinguirlo del que ha fichado el Rayo. Hasta el Sporting anunció mal el nombre de su nuevo futbolista. Y da igual. Son “los saudíes”, los últimos exponentes del fútbol negocio y nada más.

Si una vez visto esto asumimos que los clubes son empresas, que ninguno ha tenido reparo en vender una de sus fichas profesionales (desconocemos a cambio de qué exactamente), cabe preguntarse ahora ante qué tipo de empresa estamos. Porque dudo mucho que esta medida tenga en España y el resto del mundo la misma aceptación que en el mundo árabe.

vía desdesoria.es

Y es que la acción de LaLiga puede verse como una medida de integración de jugadores extranjeros. Pero también como la apertura de una vía muy peligrosa, la del puro enchufismo como vehículo para llegar a jugar con los mejores. Con este movimiento se traspasa una frontera y da la sensación de que no será la última. Porque para todo aquello que LaLiga esté dispuesta a vender, habrá comprador en alguna parte del mundo. Y la integridad y el profesionalismo de nuestros equipos, como queda aquí demostrado, ya tienen precio.

Me gustaría que los futbolistas saudíes disfrutaran de su experiencia en España, que contaran con minutos y hasta que lo hicieran bien. Porque solo así podríamos ver este movimiento como algo exclusivamente futbolístico, como unos de tantos fichajes raros, maquinados a base de scoutingque acaban sorprendiendo gratamente. Pero, por desgracia, todo indica que esto solo es un paso más en la transformación del fútbol en un negocio más. Y sí, también en este negocio mandan más los amigos del jefe que tú.

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