Somos completas

Me siento completa, completa como estoy, sin estar casada, sin tener hijos. Eso no quiere decir que no tenga pareja o no me plantee tener hijos. Pero tampoco quiere decir que necesite una pareja para ser feliz, no quiere decir que para mí ser completa sea tener hijos.

Es una elección como muchas que hay en la vida.

Muchas mujeres estamos hartas de las palabras:

“Se te pasa el arroz”
“¿Cuándo te vas a casar?”
“A ver si haces abuela a tu madre”
“Ya verás cuando tengas hijos, tu vida estará completa”
“¿Cómo compaginarás el tener trabajo y tener hijos?”

Y podría seguir.

Hace un año, más o menos, leí algo que me marcó y me gustó esa opinión fundamentada; la opinión de Audrey Garcia: “Las que no queremos tener hijos somos las locas de los gatos o de los perros. Si cuentas que te has esterilizado la gente debe de imaginarte como una especie de demonio”.

O la de Jennifer Aniston, cuando dijo a los medios de comunicación: “No estoy embaraza, lo que estoy es harta”. No debemos olvidar que tener hijos, como tener pareja, es una elección. No es algo obligatorio, no es algo impuesto. De todas maneras, en nuestra cultura se apela al instinto maternal, a que toda mujer desea ser madre y que al final “caemos” en ese instinto. Y muchas mujeres se alzan diciendo que no, que esto no es así, que debemos dejar de estereotipar.

Respecto al instinto maternal, la psicóloga Marisa Díaz dijo en el periódico ABC: ”No está demostrado que en las mujeres opere un reloj biológico que promueva instintivamente el deseo de ser madre, son otras las causas que hacen que una mujer lo decida pero no el instinto”.

El mundo evoluciona, el mundo de las mujeres más que otro últimamente y creo que poco a poco las mentes lo harán más en este tema.

En anteriores siglos a la mujer no se le permitía ir a la universidad, no podía hacer determinadas cosas sin la autorización de sus padres o de su marido, así como se daba por sentada la certeza de que la mujer que en esos tiempos trabajaba fuera de casa lo hacia por supervivencia o por obligación: una mujer “de bien” no trabajaba fuera de casa. También la crianza y las tareas domésticas eran cosas exclusivas de la mujer.

Y aun ahora la mayor parte de las tareas domesticas son de la mujer, pero con un cambio, la mujer trabaja fuera de casa y al llegar sigue trabajando. Esto es lo que hay que atajar, ir cambiando e ir concienciando. El hombre colabora en las tareas pero la mujer es quien las hace, cuando un hombre no debe participar siendo colaborador sino ser participe a pleno derecho como la mujer.

Para ser más específicos, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) 2 de cada 10 hombres comparten en igualdad las tareas de limpiar y cocinar y un 16% de los hombres dedica el mismo tiempo a cocinar que su pareja, mientras que un 24% de parejas se reparten la limpieza de los platos y de la casa, un 44,9%  y un 27,1% casi siempre. El 71% de las mujeres cocinan siempre o casi siempre, un 57% de ellas friega los platos, un 55% hace las compras y un 63% limpia la casa. Solo un 36% de mujeres que conviven con sus parejas están completamente satisfechas con la relación dentro del hogar, mientras que la cantidad de satisfacción en los hombres asciende al 48%. Actitudes generalistas que afectan específicamente.

Pero centrémonos de nuevo en el tema que traté arriba: las elecciones.

La mujer debe ser libre para elegir su propio destino, debe ser libre para elegir. En esta libertad de elección se incluye si quiere tener pareja o no, si se quiere casar o no, si quiere tener hijos o no, si prefiere enamorarse o tener relaciones de noche en noche, si quiere vivir sola o vivir con pareja.

Ninguna opción es mala, ninguna opción es errónea. La necesidad se basa en respetar a la mujer y sus elecciones.

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Un comentario en “Somos completas

  1. “No estoy embaraza, lo que estoy es harta” A cierta edad, esta frase nos define
    No se entiende como opción no ser madre, se nos somete como obligación

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