El Greco, el pintor de la serpiente

El Greco, o nombre completo Doménikos Theotokópoulos, calificado por Fernando Marías Franco como «un hombre extraño, dado a los pleitos, que nunca dominó la lengua castellana ni estableció buenas relaciones con los artistas toledanos. Un mito historiográfico hasta para sus contemporáneos» se ganó el sobrenombre de “el griego”, greco en italiano, cuando se fue a trabajar a Italia hasta terminar en 1577 en Toledo, donde trabajará y vivirá hasta su muerte.

Nació en Creta en 1541 que en aquel momento era parte de la República de Venecia. Hijo de comerciante, pudo estudiar pintura y, aunque sus primeras pinturas de estilo bizantino tradicional muestran imágenes sagradas, aún no está claro cuál era la religión que profesaba el artista. Aunque lo más lógico sería que fuese ortodoxo porque el catolicismo en Creta era minoritario, se pudo haber convertido antes de dejar la isla.

Marías Franco, como uno de los mayores especialistas sobre el Greco, tampoco ha podido dar solución a esa pregunta acerca de la religiosidad del artista y en una entrevista al medio de El Cultural expuso que si pudiese preguntarle algo al artista sería esa su cuestión:

«Le preguntaría sobre sus creencias religiosas. Los historiadores y estudiosos hemos dado por sentado que era un pintor religioso, católico, místico, cuando en realidad era un griego ortodoxo, seguramente que no muy practicante. Él pedía libertad para la pintura, pensando en crear belleza, pluralidad de mundos, como en la poesía. Le preguntaría: ¿De qué modo trabajaba con la religión? ¿Es verdad que la colocaba en un segundo plano?»

Llegó a Venecia, de ahí fue a Roma ya siguiendo el estilo de Tiziano, estudiando a Miguel Ángel y a Corregio. El Greco logró unificar la primicia del dibujo empleado en las obras de Miguel Ángel, algo obvio ya que él mismo no se denominaba pintor sino escultor y el color de Tiziano.

No está seguro cuánto permaneció en Italia o si volvió a Venecia antes de marchar a España en 1576 y, aunque su intención no fue establecerse en Toledo ya que quería lograr el favor del rey, decidió seguir en la ciudad a pesar de no lograr el favor real que quería y logró un par de encargos. En Toledo también tendrá a su hijo Jorge Manuel, cuya madre será Jerónima de las Cuevas que se cree empleó como modelo para el cuadro de La dama de armiño (1580), pero actualmente la autoría de esta obra es un tema en debate aunque se atribuya a El Greco, las historiadoras Carmen Bermis y María Kusche la atribuyen a la pintora Sofonisba Anguissola.

El 7 de abril de 1614 falleció con 73 años, fue enterrado en Santo Domingo el Antiguo. Posteriormente, su hijo, Jorge Manuel, realizaría inventario de los pocos bienes de su padre, aunque entre sus cosas destaca la maravillosa biblioteca que a lo largo de los años había creado con un amplio y variado conjunto de volúmenes.

Nos han explicado muchas veces a El Greco como impulsor del Manierismo en España pero, ¿qué es el Manierismo? Entendemos manierismo como la parte final del Renacimiento, cinquecento italiano, un periodo problemático que en un inicio quiso estar dentro del Renacimiento pero que después surgió como reacción ante el ideal de belleza clasicista, también se ha entendido como un arte elitista opuesto al Barroco.

Además, en cuanto a forma, Doménikos Theotokópoulos presenta un problema que otros artistas no, está a medio camino entre las dos escuelas del final del Renacimiento divididos entre Tiziano y Miguel Ángel. Los seguidores de Miguel Ángel defendían el dibujo como parte principal y fundamental de la pintura, frente a estos los seguidores del color y de Tiziano hablaban de la importancia del dominio del color, unos a otros se atacaban.

El Greco, que entró en contacto con ambas escuelas, podríamos definirlo como una síntesis de ambas, que llevó al manierismo adelantando lo que sería el esperpento de Valle-Inclán, posiblemente también influenciado por su propia vivencia ya que actualmente se han estudiado sus autorretratos y Fernando marías Franco cree que pudo haber sufrido un ictus. Puede que esta vivencia influyera en la obra del artista donde apreciamos un trato más brusco de los rostros.

Pero a pesar de su gran técnica y empleo único del color, el Greco nunca logró ser un pintar de la corte del calibre de Velázquez o Rubens. La mayoría de los Mecenas estaban relacionados con la Iglesia, eran eclesiásticos cultos o emparentados con el centro oficial del catolicismo español, la Archidiócesis de Toledo.

El momento de mayor actividad del artista coincide con el auge de la lucha contra el protestantismo y por ello los cuadros que le eran encargados seguían las derivas artísticas de la Contrarreforma.

El Greco. (1580-1582) El Martirio de San Mauricio. [Óleo sobre lienzo, Manierismo] Ubicada en el Monasterio del Escorial, Madrid, España

El monarca Felipe II nunca sintió un gran agrado por la obra de Doménikos Theotokópoulos que, aunque quería entrar dentro de la corte del Rey, solo consiguió dos encargos: El martirio de San Mauricio y la legión tebana y Adoración del nombre de Jesús (o Alegoría de la Liga Santa o Sueño de Felipe II).

La Adoración en nombre de Jesús (1577-79) muestra una perfecta técnica de color, es el cuadro más esperanzador del artista que llena de vivos tonos todo el lienzo donde solamente vemos una figura de negro, Felipe II. Esto cubre de dudas las intenciones de Doménikos que podría haber representado así al monarca por vestir de forma constante con ese color o tal vez para dejar claro su posición ante el monarca como dijo Forges. El segundo y último encargo que tuvo el artista de el rey Felipe II fue El martirio de San Mauricio (1580-82) y hay muchas suposiciones sobre las razones que llevaron al monarca a no volver a llamar al artista nunca más, aunque puede que el espíritu disconforme del Greco es lo que le llevó a buscarse ese despido como dice Esteban Lorente en Los jeroglíficos del Greco (2002):

«En la esquina un jeroglífico formado por una serpiente que lleva en la boca un papel en el que firma el Greco en griego: «Doménico Teotocópuli cretense lo hizo». La serpiente significa «rey» (Horapolo p. 195, 197, 203, 204)8. Así el Greco ha realizado su firma: «el pintor de la serpiente», es lo mismo que decir «pintor del rey». Esta es la clave esencial que desagradó al rey y el por qué Felipe II no volvió a llamar al Greco. Un jeroglífico similar, que conocía Felipe II, había aparecido en el retrato jeroglífico de Maximiliano, en la entrada de Amberes, por Durero y Pirckheimer para decir «rey galo» (Wittkower). En el arte religioso la representación de la «Serpiente de bronce» es jeroglífico para decir «rey (Cristo) crucificado».»

El cuadro nunca se colocó en el altar de la Basílica para el que fue pintado, correspondiente a la primera capilla del Evangelio según se entra. Es curioso como las intenciones del artista de ser parte de la corte de Felipe II fueron frenadas por su propio puño, prácticamente retando a su rey.

Pero posiblemente la obra más conocida que dejó en España es El Entierro del Señor de Orgazque es conocido y popularmente llamado como El entierro del conde de Orgaz, es una obra pintada en 1578, un óleo sobre lienzo que se encuentra en la Iglesia de Santo Tomé, iglesia que albergaba los restos del señor de Orgaz. Es la obra más completa y repleta de simbología que dejó el artista, de estilo manierista fue encargado para representar un milagro que en aquel momento era común en la cultura de las gentes de Toledo: la bajada de San Agustín y San Esteban a la tierra para así enterrar el cuerpo del señor de Orgaz.

Datamos el encargo del cuadro gracias al contrato firmado el 15 de marzo de 1586 entre Don Alonso, clérigo amigo del artista, y Doménikos Theotokópoulos; en el cual se fijaba de forma muy precisa la iconografía de la zona inferior de la obra. La parte inferior del cuadro plasma la leyenda del Conde Orgaz, se basa en un milagro de 1323 d.C. ocurrido en la iglesia de santo Tomé; al ir a enterrar a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, momento en el que San Agustín y San Esteban lo entierran ellos mismo con sus propias manos.

En este contrato también se marcaba el pago, el cual se haría tras una tasación una vez acabada y debería entregarse finalizada para Navidad de ese año 1586. Pero el descomunal tamaño de la misma hizo que se retrasase hasta la primavera de 1588, tasada en 1.200 ducados, triplicando el valor de la obra Expolio y casi duplicando El martirio de San Mauricio. Este descomunal precio tuvo que terminar de ser acordado por el Consejo Arzobispal, que aconsejo que se pagarían los 1.200 ducados. El encargo viene a causa de la negación de los vecinos de Orgaz a continuar beneficiando a la iglesia de Santo Tomé, tal y como lo había dejado escrito el Conde, que consistían en la donación a los administradores del templo de 2 carneros, 16 gallinas, 2 pellejos de vinos, 2 cargas de leña y 800 maravedíes.

El Greco. (1587) El entierro del conde de Orgaz [Óleo sobre lienzo, Manierista]. Ubicado en la Iglesia de Santo Tomé, Toledo, España

En cuanto a su simbología, la composición se debe entender y analizar dividida en dos partes que ya dentro del cuadro vemos bien diferenciadas: la parte superior del cuadro centrado en el cielo y la inferior la zona terrenal con el Señor de Orgaz en medio de la escena. Ambas escenas llenas de personajes que podríamos catalogar de una cierta presencia de un horror vacui.

La escena superior se denomina «Rompimiento de gloria»; una aparición celestial, divina, entre formas fantásticas, con nubes, la Virgen, Santos… En los tonos azules clásicos del Greco que representaban la esperanza, con Cristo en el medio, siguiendo el estilo Déesis del arte bizantino. Cristo es quien recibe el alma del difunto señor de Orgaz, el tránsito de una imagen a otra es gracias a la cruz que uno de los sacerdotes porta.

Ambas escenas reciben un trato diferencia, aunque presentan por igual una luz falsa al no existir un origen claro de su procedencia, esta luz recae principalmente sobre los santos y el señor de Orgaz. En cuanto a forma se pueden apreciar pinceladas más delicadas y suaves en la escena mística con una clara predominancia del color frente el dibujo, siguiendo a Tiziano mientras que la zona inferior seguiría más la corriente manierista de Miguel Ángel.

Debemos destacar que la parte inferior del cuadro sigue, en cuanto la disposición de las figuras que depositan el muerto, un esquema similar al Entierro de Cristo (1507) de Rafael, además de seguir la composición de la misa de difuntos. Se han podido identificar muchos de los personajes que están incorporados en la misa, muchos de ellos contemporáneos de la vida cotidiana de Toledo, este recurso se ha considerado por varios estudiosos del arte que tomaba de base la idea de Giotto en la Muerte de San Francisco.

Rafael Sanzio. (1507) El Entierro de Cristo [Óleo sobre tabla, Renacimiento] Ubicada en la Galeria Borghese, Roma, Italia.

En cuanto al uso del color no pasa desapercibido el potente dorado estilo bizantino que portan las figuras de San Esteban y San Agustín (con el rostro del Cardenal Quiroga) que sostienen al difunto, vestidos con dalmática en dorado y rojo, este ultimo símbolo del martirio. Ambas casullas de los santos están minuciosamente detalladas, destacamos en este aspecto la casulla de San Esteban que prácticamente es un cuadro dentro de otro cuadro: el martirio del santo.

La Casulla de San Agustín profusamente decorada contiene la representación de Santiago con el libro, San Pablo con la espada y Santa Catalina de Alejandría, una santa de la que merecería de hablar en otro articulo por su labor en favor de las mujeres de la Edad Media, que porta la espada de la decapitación, bajo sus pies la cabeza del emperador Maximiliano y una palma del martirio.

Andrés Núñez Álvarez es quien oficia la misa, el Greco retrató dentro del cuadro a sus contemporáneos y le dio a Núñez un papel central como párroco de la Iglesia de Santo tomé. La casulla de Andres Núñez Álvarez también está decorada y como párroco de su iglesia porta una imagen de Santo Tomás, pero lo que quiero destacar es la calavera en la que Juan Francisco Esteban Lorente también se detuvo, «La calavera es el objeto parlante de la muerte y por ello el fin de la vida humana, adorna incluso el final de los libros como lo hizo Juan de Borja».

También Diego de Cobarrubias y Antonio Cobarrubias, este último profesor de la Universidad; identificados también están Juan López de la Quadra, mayordomo de Santo Tomé a la izquierda del todo de la imagen y Pedro Ruiz Duron, ecónomo parroquial como único personaje que da la espalda al espectador de la escena. Las personalidades de Toledo no son las únicas que están presentes en este cuadro, sino que también hay otras que se creen que podrían ser Cervantes o incluso Felipe II, aunque nunca apreció el arte del Greco y como ya se señaló anteriormente no tuvieron un buen final.

Lo que junta ambas escenas, el cielo y la tierra, no es otra cosa que la muerte del señor de Orgaz cuya alma en forma de una especie de feto asciende a los cielos portada por un ángel. Cómo se llegó a la tierra se vuelve al cielo. El Greco no nos plantea un final, sino un comienzo. Este alma será recogida por los ángeles y defendida por la Virgen María y San Juan Bautista en el juicio frente a Jesucristo. No es de extrañar la presencia de la Virgen ya que ella es quién a nuestro lado nos acompañará en el juicio final pidiendo piedad para nosotros, según está escrito en las Sagradas Escrituras.

La escena de muerte está rodeada por numerosos personajes de los cuales no todos son capaces de ver lo que sobre sus cabezas está ocurriendo, apenas una media decena de ellos son los que alzan su vista al cielo, los dos frailes de la izquierda hablan entre sí (el de vestiduras de blanco es un fraile Franciscano y el que porta ropas oscuras es un fraile Agustino), además de un fraile dominico menos evidente.

Solo dos son los personajes cuya mirada no está dentro del cuadro, Doménikos Theotokópoulos es uno de ellos y el otro es su hijo Jorge Manuel que dirigen sus miradas fuera, contactan con el espectador que observa el cuadro. Un Jorge Manuel joven pintado con 10 años según indica la fecha que aparece en el pañuelo que de su bolsillo asoma. Con una mano el joven señala la escena central del cuadro y con la otra sujeta una tea encendida, la llama del deseo de que ese recuerdo no se apague.

En cuanto a los personajes de la parte celestial, todos ellos pertenecientes al Nuevo y Antiguo testamento, aportan contenido didáctico predicado durante la contrarreforma eclesiástica del momento, de izquierda a derecha tenemos a: el Rey David, Moisés y Noé que hablan de la necesidad e orar y obedecer la ley; y luego Marta, María y Lázaro, que hacen referencia a la fe de la resurrección.

No solo nos encontramos ante un cuadro de enormes dimensiones materiales sino que también simbólicas, la composición nos cuenta las preocupaciones didácticas de la iglesia del momento, nos muestra la vida social, la importancia de la enseñanza al retratarnos a profesores, la convivencia entre las distintas órdenes… Nos da un mapa social de los intelectuales o ricos de la ciudad de Toledo.

El Greco es un transgresor de su tiempo que navega entre dos mundos,

un pintor de las serpientes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s