Cambiando el 1 contra 1: el paso lateral

El cambio es rutina. La NBA convive con él, lo abraza. Necesita progreso y adaptación a aquello que el paso del tiempo imponga. La innovación por bandera. Persiguen una excelencia que, aunque utópica, les sirve como acicate para construir lo que son. Lo hacen en términos de organización, de juego, de estrategias, de recursos… La estadística avanzada es el ejemplo más recurrente. Las franquicias apuestan por esto, invierten grandes sumas de dinero para tener de su lado las sabermetrics. Es un mundo en constante búsqueda de la mejora y eso, cómo no, tiene su aplicación en el juego propiamente dicho. Lo ambicioso del progreso es usarlo como herramienta para mejores resultados y esta máxima no puede tener una aplicación más directa en la liga.

Actualmente, hay múltiples aspectos que se observan entre las líneas de fondo y banda y se consideran revolucionarios. Nunca antes se había visto tal volumen de extranjeros, nunca antes se había visto a tal cantidad de siete pies jugando en el perímetro y nunca antes se había visto un ritmo tan elevado. Todo, realmente, va de la mano. Las apuestas por mejorar y encontrar talentos resultan en los scouts, pero no solo a esto, también a la ampliación de personal en todo lo imaginable que puede tener una franquicia NBA. Esto lleva a una mayor importancia del detalle, a un mejor reparto del trabajo que da a cada pequeña porción de juego su valor. En lo táctico, ha supuesto un paso hacia la eficiencia evidente. Que se haya desechado el uso de la media distancia responde a este criterio.

vía Getty

El espaciado también se ha visto sujeto a grandes modificaciones que hoy aceleran procesos. El uso del pívot como lector de la línea de fondo puede ser el caso más claro de esta variación. Los Capela, DeAndre Jordan, Hassan Whiteside, no tienen en el juego de espaldas al aro su principal arma. Son jugadores de bloqueo y continuación que esperan a la penetración colocándose tras el tablero. De este modo, la productividad se multiplica minimizándose el fallo. Se suma de dos en dos con más facilidad de lo que se haría en el poste y se amplía la cancha dificultando las ayudas.

Si hay un elemento táctico que define el cambio de patrón en el baloncesto actual este probablemente sea el aclarado. Su uso se ha visto reducido enormemente. El auge en calidad y cantidad de tiradores exteriores ha hecho que el bloqueo directo se convierta en una excusa para atraer atención. No basta con dar el balón al líder y esperar, el plan es más elaborado. Actualmente, las respuestas y las decisiones atrás se exigen rápidas. Dar pie, con pocas décimas de segundo, al rival a crear un lanzamiento exterior puede suponer una catástrofe. Pero el uno contra uno sigue vigente. El baile entre dos es la base de este deporte, hoy y ayer. Aunque los sistemas se hagan más complejos, las estrellas deben solucionar diversidad de situaciones que se deciden entre sí y quien le persigue. Se hace tras un cambio defensivo en pick and roll que empareja a un hombre grande con un pequeño o cuando las posesiones se acaban.

De esta manera, el fundamento técnico ha alcanzado una nueva dimensión. Tener un amplio abanico de recursos sigue siendo clave, pero con un fin distinto. El manejo del balón, los cambios de ritmo o el juego de pies no solo sirven para dirigirse, con la mayor ventaja posible, al aro. Al igual que sucede con lo estratégico, la naturalización del triple como (casi) principio y fin de todo ha provocado una evolución. Hoy, el jugador que amasa el balón busca crearse el espacio suficiente para lanzar con cierta comodidad. No se espera, con movimiento del balón, a que la defensa conceda estos espacios para castigarlos. Hoy se provocan, se buscan constantemente. Porque el tiro de tres es el sustento de muchos sistemas. Que haya jugadores que obligan a quien se enfrente a ellos a trabajar desde los nueve metros de distancia al aro ya es toda una declaración de intenciones. Más grave resulta que estos compongan hoy la mayor parte del juego exterior que pobla la NBA. Todo nace desde la amenaza del triple. La atención debe multiplicarse y la alarma ante un posible lanzamiento se enciende con toda finta.

Foto: Grantland

En este contexto, hay un concepto muy concreto que se ha disparado. Lo ha hecho en cuanto a uso y efectividad y lleva años siendo una tendencia. Al haber mejores tiradores desde el bote, el step-back se consolidó como religión en mitad de la tormenta. La lluvia desde el perímetro era (y es) mucho más que catch and shoot y por eso, los protagonistas ponen todo lo que tienen en su mano para explotar. Con este paso hacia atrás y algo de picardía, James Harden hizo que se produjera un cambio en las normas. En la 2016/17 provocó hasta 124 faltas desde el 7,25 y hoy no se señalan tiros libres en acción de tiro a menos que el balón esté agarrado. Y no es algo anecdótico, sino significativo. El step-back surge del contacto, como una manera que tiene el atacante de respirar. De generarse un espacio que no existe con una zancada casi en salto que suele ser suficiente para armar el brazo y ver la red.

Es un movimiento que castiga a las buenas defensas, a los inagotables que asfixian con su presencia. Basta con pegarse al hombre del balón para que este haga imposible llegar. Porque lo suyo es acción y quien reacciona es el par. Y tiene que responder con un desplazamiento rápido que incomode sin caer en la falta.

Afirmaban, en Fansided que esta es una elegante solución a un problema espinoso: ¿cómo creas un tiro de tres decente en una posesión sin movimiento de balón? Y esta solución es compartida hasta el extremo de hoy verse cada noche. Incluso en 2016, Bleacher Report publicó un curioso texto sobre su uso que compartía un gráfico. En este, las variables eran el número de tiros en step-back lanzados y el porcentaje de acierto. Harden destacaba por ser el jugador de toda la liga que más había recurrido a esto, con 197. El segundo era Damian Lillard y ni siquiera llegó a los cien. Tiene su explicación táctica. Muchos de estos se producían en carrera, donde Houston domina. En el fastbreak, el rival retrocede casi como mecanismo de defensa. Trata de proteger el aro y ralentizar la posesión. Es entonces cuando el basescolta frena su carrera y dispara. También en pick and roll. Si la defensa cambia y James queda frente a un gigante, esta es su forma más rápida y efectiva de anotar.

Otra curiosidad; los porcentajes de acierto en este tipo de lanzamientos (48,9%) fueron más altos que los producidos en cualquier otro tiro (45,1).

«El step-back no era una gran parte del juego de Michael Jordan ni de nadie en ese momento. No se había desarrollado hasta el punto de ser una vía de escape como es hoy. No dibujas jugadas especialmente para ello, tienes individuos que han trabajado y desarrollado ese movimiento y que lo tienen en su repertorio ofensivo.» Mike Fratello, NBA TV.

El recurso tiene una segunda parte. Una evolución que, poco a poco, también se convierte en tendencia. En este caso, el paso no se da hacia atrás, sino hacia un lado. Y es hasta más efectivo aún si cabe. Se ha bautizado como side-step y ya cuenta con maestros y doctores en su aplicación. Quizá el más celebrado sea Kyrie Irving. El de los Celtics es una eminencia en el arte de crear tiros desde el dribbling. Su manejo del bote, tan bajo y rápido que marea, le caracteriza y hace único. Que cuente con este arma en su arsenal debe valer para entender su importancia y potencial. En la NBA está bien extendida la costumbre de copiar en busca de la mejora y justo eso está provocando el campeón de 2016. CJ McCollum, Lillard, Eric Gordon, Steph Curry, Harden, Chris Paul, DeMar DeRozan, ejemplos.

Que el triple más importante en toda la carrera de Irving se produjera mediante esa vía pone un contexto sobre todo esto:

Aunque su metodología sea bastante similar (larga zancada en semisalto que sirve como inercia para el disparo), el paso lateral tiene elementos que le diferencian bastante del step-backObliga, claro, al defensor a reaccionar, pero el cómo es todo. Con el desplazamiento hacia atrás, el jugador más lento y alto tenía la obligación de estar atento para responder y puntear, a no retroceder. El side-step supone un cambio de dirección y, por tanto, una dificultad añadida para quien quiere evitar sus efectos. No vale con alargar la pisada para acercarse a quien busca la red. De necesitar un simple paso frontal (amplio, eso sí), para puntear se pasa a lo diagonal. A una reacción menos natural y aún más compleja. Además, se corre el riesgo de ir con urgencia. Este movimiento genera tanto espacio al tirador que llama la necesidad de saltar para molestar. En caso de no hacerlo, llegar es utópico, pero levantar los pies del suelo también significa haber comprado el tiro, bajo la posibilidad de no producirse.

Para aquellos que manejan el balón con la naturalidad del que anda aún puede haber una situación en la cual lo explosivo del recurso sea aún mayor. En un mismatch, Kyrie siempre va a tender a decidirse por el uno contra uno desde el perímetro. En su bote siempre está la opción de romper y eso el de en frente lo sufre. Porque retrocede tratando de adelantarse, pero con este paso lateral solo consigue hacer que la distancia sea aún mayor. Insalvable, incontestable.

Y clave resulta en la realización de este fundamento el equilibrio. Busca una ventaja, unas décimas, unos centímetros que se traduzcan en castigo. Pero sin comodidad sería imposible. Porque un amplio desplazamiento puede suponer una mala pisada, una excesiva separación entre los pies o, al contrario, que estos estén demasiado juntos. La naturalidad empieza en el suelo y esto no podría entenderse sin apoyos estables que permitan iniciar el lanzamiento con seguridad.

Realmente lo revolucionario de todo esto, lo que hace a cada movimiento más o menos complejo de frenar, no es ni más ni menos que la imprevisibilidad. Todo se dificulta cuando aquel al que tratas de parar es capaz de armar el brazo en pocas décimas y castigar el espacio por pequeño que sea. Porque pegarse tampoco es una opción. Porque el baloncesto actual exige constantes decisiones en defensa. Porque el triple lo ha cambiado absolutamente todo.

 

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