El Pescara de Zeman

El fútbol italiano es defensivo. Esta afirmación se ha repetido durante décadas y seguramente se siga repitiendo en las que vienen. Pero esto es falso. El calcio está sufriendo una metamorfosis, que ha provocado que el clásico catenaccio esté siendo reemplazado por esquemas donde el centro del campo y los carrileros cobran más importante que los centrales, como el 3-5-2 con el que Antonio Conte arrasó en su primera temporada en Inglaterra.No solamente entrenadores italianos han puesto su grano de arena para derribar esta cada vez más falsa creencia. Uno de los mayores revolucionarios es un checo que viajaría a Italia para visitar a su tío y que finalmente se casaría con una chica de Palermo. Hablo de Zdenek Zeman, un entrenador odiado por dirigentes y amado por aficionados.

1993

Poco antes de terminar el Siglo XX, en 1998, unas declaraciones de Zeman incendiaron la Serie A: ‘’El fútbol tiene que salir de las farmacias.’’

Estas declaraciones fueron muy mal recibidas, ya que el objetivo de ese dardo envenenado era la Juventus de Turín, cuyo poder en el calcio era mayor del que se podía imaginar. Se abriría una investigación sobre esto, y en 2007 se le daría la razón a Zeman. Los jugadores de la Juventus habían consumido EPO, la misma sustancia que consumió Lance Amstrong, pero el delito de aquella ya había prescrito y no hubo medidas legales contra La Vecchia Signora, que se salió de rositas de esa.

Para el que sí hubo consecuencias fue para el propio Zeman. Amenazas y arbitrajes más que dudosos se sucedieron esa temporada. Había ensuciado la imagen de la Juventus, tenía todo en contra. Esa temporada la Roma que dirigía el checo terminaría quinta, y Capello sería su sustituto. Ficharía por el Fenerbahçe y luego Napoli, donde entrenaría solamente 11 y 8 partidos respectivamente, antes de ser despedido.

Estuvo 13 años entrenando hasta lograr entrenar a un equipo de la élite del fútbol italiano y por unas declaraciones su fama quedara en entredicho. Tras varias etapas cortas en equipos de Serie B y el Estrella Roja, en 2011 el Pescara apostó por él.

Dos años antes, en 2009, el Pescara sufrió una crisis económica que obligó al club a refundarse. Por fortuna, el equipo que estaba en Serie C (Lega Pro Prima Divisione) conseguiría ascender ese mismo año a Serie B, la segunda máxima categoría del calcio, mejorando mínimamente la situación económica.

Zeman llegaría al Pescara tras dirigir al Foggia la campaña anterior, donde rozó el descenso a Serie A terminando sexto, con un joven Marco Sau en punta, y con aún más joven Lorenzo Insigne por banda. La primera petición de Zeman al Pescara fue recuperar a ese extremo diestro que se desempeñaba por la izquierda. Mes y medio después llegó otro joven talento italiano, Ciro Immobile.

A estas dos perlas, les acompañaría Simone Romagnoli en la zaga, un central rocoso que llegaba cedido desde el Milan. Pero faltaba una pieza aún, faltaba un jugador capaz de sostener el mediocampo del Pescara, un regista como se conoce en Italia. Pero esta vez no se buscaría una cesión. Zeman apostó por un pequeño mediocentro de apenas 1,65 que debutara con apenas 15 años tres años antes. Zeman confió a ese chaval toda la responsabilidad de sostener el centro del campo, ese chaval se llamaba Marco Verratti.

Desafortunadamente, en el fútbol de hoy en día, solo cuenta el resultado, nadie piensa en divertir a la gente. Ya no tiene importancia si el público va al estadio.

El checo ya tenía las piezas deseadas para convertir su 4-3-3 en un esquema mortal para los rivales. Piezas jóvenes y con ganas de demostrar que valían para la élite.

Los inicios de este equipo no fueron fáciles. Una defensa que no era sólida por la tendencia ofensiva que tenía el equipo hacía encajar demasiados goles. Pero como dice el refrán ‘’la mejor defensa es un buen ataque’’. 19 puntos de 21 posibles en los siguientes partidos y los delfines ya estaban situados en puestos de ascenso.

Gianluca Caprari, otro joven más para la causa, llegaría a mediados de temporada, y se uniría a una delantera que daba miedo en Serie B.

Con el equipo inmiscuido en la lucha por el liderato, llegó un partido que cambiaría para siempre el fútbol italiano. El Pescara recibía al Livorno, y a los 30 minutos ya perdía 0-2 en el marcador. Pocos minutos después el tiempo se paraba, Piermario Morosini estaba de rodillas en el césped, hasta tres veces intentó levantarse, sin éxito. El jugador del Livorno moriría sobre el césped de un paro cardíaco mientras los jugadores lloraban desconsolados la muerte de un jugador que viera morir a sus padres y se tuvo que hacer cargo de su hermana pequeña.

El partido terminaría 0-2 para el Livorno, pero esta tragedia cambió al Pescara, que arrasó en los 7 partidos de Serie B que quedaban. Ciro Immobile sería el capocannoniere de esa edición con 28 goles, Marco Sau segundo, y un poco más atrás Lorenzo Insigne con 20 goles.

Un empate del Torino en la última jornada les convertía en campeones de Serie B. Por detrás de ellos, además del Torino, estaban equipos de la talla de la Sampdoria, Hellas Verona o Sassuolo. Tres años después de la refundación, a base de cesiones, el Pescara era nuevo equipo de Serie A, un milagro había ocurrido.

El juego ofensivo de este equipo se quedó grabado en la retina que los seguidores del calcio. Sus contraataques frenéticos, focalizando el juego por la banda izquierda donde Lorenzo Insigne hacía de cada galopada una ocasión de gol.

En el centro del campo, Verratti dinamitaba el equipo, ponía la pausa necesaria en cada momento y dominaba el tempo de los ataques. Era un regista como mandan los cánones. Sus pases a la espalda de los centrales para los tres atacantes serían claves en cada partido del Pescara. Terminaría la temporada con 9 asistencias de gol y con toda Europa pendiente de él. Ya se le conocía como ‘il nuovo Pirlo’.

En punta el bomber, Ciro Immobile. El arma letal del 4-3-3, un rubio que llegó al Pescara como una promesa y se volvía a Turín siendo uno de los mayores goleadores italianos.

Y al mando de todo este equipo estaba él, un loco que fue odiado por sus ideas, por su forma de ser años antes, repudiado por la liga a la que encomendó su vida y que consiguió triunfar con esas mismas ideas, con esa misma forma de ser y sobre todo ese esquema tan ofensivo que hacía disfrutar al aficionado con cada jugada.

Porque pese a no nacer en Italia, Zdenek Zeman es calcio.

Yo sin calcio no estoy bien. Si fuera por mí llegaría a morir en chándal, con noventa años, enseñando a cualquier niño a jugar al fútbol.

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