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Srebrenica y la memoria de un genocidio

La memoria es aquello que nos compunge, que nos atrapa y reduce a una acumulación de momentos. Estos momentos forman parte de la experiencia vivida o de la que se ha formado parte. A veces la memoria taladra nuestra mente como un incesante martillo que acaba por destruir cualquier futuro, como si estuviésemos atrapados en aquel instante que cambió el curso de nuestra vida. La fragilidad de la mente humana aumenta cuando la rutina se resquebraja y comienza una nueva. Esto se magnifica cuando estamos hablando de guerra. Y más aún si se es mujer y es 1995 en Srebrenica (Bosnia-Herzegovina).

“Ellos me llevaron hacia el bosque con las manos arriba. Vi a muchos soldados serbios que llevaban máscaras hechas con calcetines. No querían que viésemos sus caras. El soldado serbio quería matarme cuando acabó de violarme. Pero otro soldado le paró. No pude ver su cara, solo pude ver sus ojos”. Este no es más que uno de los cientos de desgarradores testimonios sobre uno de los episodios más oscuros, más recientes y por ello, más terroríficos de la historia de Europa.

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Soldados serbios “divirtiéndose” (vía UK Business Insider)

El genocidio de Srebrenica (2) es una historia incómoda para la comunidad internacional, no por el hecho en sí, sino porque ocurrió bajo su supuesta tutela y después de que la zona se declarase en abril de 1993 como “área segura, libre de ataques y otras acciones hostiles” (3). Durante el periodo entre 1992 y 1995 el Ejército de la autonombrada República Srpska realizó ininterrumpidamente en todo el territorio de Bosnia-Herzegovina la conocida como limpieza étnica. Esto suponía una serie de prácticas ya catalogadas como genocidio y que incluía el asesinato indiscriminado de todos los bosniacos (personas de Bosnia-Herzegovina que profesaban la religión musulmana), la violación de las mujeres y niñas y, en el mejor de los casos, el desplazamiento forzoso hacia otras zonas.

La violación sistemática de mujeres a lo largo y ancho del territorio bosnio respondía a una idea de limpieza basado en la teoría de la etnia pura. Esto es, que, a partir del acto de violación, aquella persona que naciese fuese ya limpia, es decir, serbia, dejando a un lado su suciedad, es decir, ser bosniaco, pasando a ser puro. Como si por una suerte de fusiones de ADN se rompiera la cadena de la etnia y apareciera una nueva generación serbia.

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vía controversomagazine.com

Esta serie de prácticas respondían además a la intención de desmoralizar a la población masculina, encargada de hacer la guerra, al no ser capaces de proteger a sus hijas y esposas del enemigo. Una idea basada en el patriarcado existente y en las masculinidades asentadas y que funcionaba a la perfección.

Pero las violaciones también satisfacían a los soldados en tanto que reafirmaba su sentimiento de pertenencia a un grupo al participar en el acto. Una práctica que unía como símbolo de hermandad a aquellos que formaban parte de este crimen. Para la antropóloga Rita Segato la violación “es un crimen de razón expresiva, que busca anunciar la masculinidad, esa potencia que no existe si no se espectaculariza. Tiene que expresar su status de masculinidad adquirido ante el otro, el varón necesita demostrase como tal todo el tiempo” (4)

La ciudad de Srebrenica se encuentra dentro de los límites políticos de Bosnia-Herzegovina, a escasos kilómetros de la vecina Serbia. Una situación geográfica nada favorable para una población que hasta el fatídico 13 de julio de 1995 en donde vivían 27118 bosnios (72,9% de la población). Tras el genocidio apenas quedaron 7248 bosnios. (5)

Los datos no ejemplifican nunca el dolor y el terror que se dio cita en aquel infierno en la tierra. “Nunca creí que esto fuese una zona segura. ¿Cómo iba a creerlo cuando los soldados serbios estaban disparando misiles y matando gente?”. (6) Srebrenica llevaba semanas y semanas sitiada, atacada y cercada. Los días se sucedían y la resistencia iba menguando hasta aquel fatídico 11 de julio, día en el que la ciudad cayó finalmente en manos de los serbios de Bosnia-Herzegovina.

“Aquí estamos, el 11 de julio de 1995, en la Srebrenica serbia, justo antes de un gran día para Serbia. Entregamos esta ciudad a la nación serbia, recordando el levantamiento contra los turcos. Ha llegado el momento de vengarse de los musulmanes” (7) Ratko Mladić

La sangre corrió y las casas ardieron. No hubo piedad ni consideración, la propuesta bélica de Mladić y Karadžić suponía impregnar todos aquellos rincones en los que el enemigo estuviese. Daba igual que supusiera el asesinato indiscriminado, el internamiento de civiles o la violación grupal. Uno de los métodos utilizados tanto en Srebrenica como en el resto del territorio bosniaco consistía en incendiar las viviendas para obligar a la gente a abandonarla y después masacrarla con armas de fuego o a cuchillo, degollándoles el cuello.

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Encuesta realizada por el Centro de Derechos Humanos de Belgrado que expone la tendencia sobre el relato de que el genocidio no ocurrió (vía The Washington Post)

Una serie de masacres sistemáticas ante la impasible mirada de Europa y el resto de Occidente por una sencilla razón: no había ningún beneficio económico que rascar en Bosnia-Herzegovina, ni real ni potencial, solo pobres. Las élites internacionales apostaron por una estrategia disuasoria contra los serbios que fue absolutamente inefectiva. “El Consejo de Seguridad de la ONU rechazó la posibilidad de enviar 36500 soldados y finalmente se decidió enviar a 7600 soldados que disuadieran sin utilizar la fuerza” argumentó el responsable de los asuntos yugoslavos Shashi Tharoor. (8) Pero, ¿cómo disuadir con solamente su presencia a aquellos que no conocen más ley que la bala y más orden que su misión? La comunidad internacional falló por puro desdén y días después lamentó lo ocurrido y se preguntó cómo había podido pasar esto.

La toma de la ciudad forzó a los habitantes que pudieron escapar a huir a un campamento de la ONU en Potočari donde encontraron cierto cobijo. A partir de entonces, el caos. Con una sangre fría digna de aquel que sabe que está cumpliendo con su deber, Mladic acudió al campamento y tranquilizó a los refugiados, informándoles de que serían transportados en buses hacia una zona segura. Una verdad a medias.

Bajo la excusa de los buses se dividió a la gente entre mujeres y hombres, estos últimos fueron llevados a Bratunac, Petkovci, Kozluk, Kravica y Orohovac donde pocos salieron con vida de los aproximadamente 1700 que salieron de su casa ese día. Los relatos de esos momentos son escalofriantes: “no tengas miedo, no vamos a hacerte ningún daño. Solo necesitamos saber quién es el maestro y quiénes son los esclavos” le dijo un soldado a Fadila Efendić, superviviente del genocidio como relató al portal Remembering Srebrenica. Un lugar donde visibilizar y apoyar económicamente a las víctimas del crimen más sangriento que ha vivido Europa en el último cuarto de siglo. (9)

“Estábamos simplemente esperándoles a que vinieran del camión a matarnos” relataba la propia Fadila en su testimonio sobre el horror bosnio. “Veías a un hombre muerto, pero no te importaba. No tenías tiempo para fijarte, para ver quién era”. Un testimonio que nos traslada hasta uno de los peores sentimientos que en retrospectiva se pueden tener y que nos dejan una sensación de futilidad por la vida y su fugacidad.

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vía Washington Post

El ejército de Mladic consiguió su objetivo, consiguió limpiar una zona clave geopolíticamente, consiguió doblegar a la ONU y todo el mundo observó atónito ante sus televisores la masacre en una guerra que parecía no tener fin ni ápice alguno de aquello que muchos llaman humanidad. Podríamos decir que Serbia ganó la Guerra de Bosnia ya que incluso a día de hoy las fronteras étnicas del país responden a los Acuerdos de Dayton que no son más que el reflejo del territorio “limpiado” por el ejército de la República Srpska.

El recuerdo del dolor sin paliativos prevalece. Ha condicionado la vida de los supervivientes constantemente, marca el día a día de una comunidad que sigue sin ver la luz al final del túnel, un túnel repleto de cadáveres apilados en fila. “Sólo era una niña de 15 años cuando me violaron, pero sobreviví. Cargaré con ese dolor toda mi vida. El pasado formará parte de mí siempre” (10) decía una mujer de nombre anónimo, como cientos y cientos de mujeres sin nombre, sin alma y muchas sin vida a las que les arrebataron todo en un conflicto sin interés económico y donde la vida no importó en absoluto.


Fuentes utilizadas

1. http://www.srebrenica.org.uk/survivor-stories/breaking-the-silence-fatima/
2. https://elpais.com/internacional/2017/11/22/actualidad/1511347291_020792.html
3. http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=S/RES/819%20(1993)
4. https://www.nodo50.org/xarxafeministapv/?+Rita-Segato-La-violacion-no-tiene+
5. http://www.popis2013.ba/popis2013/doc/Popis2013prvoIzdanje.pdf
6. http://www.srebrenica.org.uk/survivor-stories/fadila-efendic/
7. https://www.youtube.com/watch?v=X-7H5rX77P4&hl=es&gl=ES
8. https://www.youtube.com/watch?v=Z4ZFxH761AI&t=539s
9. http://www.srebrenica.org.uk/survivor-stories/fadila-efendic/
10. http://www.srebrenica.org.uk/survivor-stories/the-courage-to-survive-mirsada/

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