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Irresistiblemente humanos

Dicen, y con razón, que el deporte de competición es lo más parecido a la guerra que nuestra generación ha conocido. El único escenario en el que reaparecen las rivalidades locales, regionales, nacionales o internacionales que creíamos olvidadas. Es en esos tiempos de guerra, aunque esta dure 90 minutos o 4 cuartos de 12, cuando se pierde el contacto con la realidad y se adopta una narrativa en la que todo es blanco o negro, bueno o malo. Héroe o villano.

Durante décadas hemos asumido que ellos eran distintos. Altos, guapos, fuertes, resistentes, ricos. Como si de otra especie se tratara. Una suerte de superhombres que se desprenden de su condición humana cada vez que se ponen el uniforme y escuchan el silbato. Un ambiente visceral y deshumanizado, en el que cualquier síntoma de debilidad se percibe como una lacra y quien lo muestra es tachado de indigno. Un ecosistema donde el deseo de ganar asfixia. Puede con todo y con todos.

Y sin embargo aquí no estamos para hablar de ganadores. Al menos, no de lo que siempre hemos entendido por triunfadores. Y es que en medio de esa jungla varios deportistas han optado por dar un paso al frente, sincerarse con ellos mismos y dar cuenta de sus problemas. Conscientes de que su posición como referentes sociales no solo implica más ceros en la cuenta, han asumido que la debilidad es humana, que la cabeza se resquebraja tanto o más que el cuerpo cuando se le somete a tanta presión. Ninguna medalla lo acreditará y ningún trofeo engrosará sus vitrinas, pero gracias a ellos, el deportista de élite ha ganado un derecho: El de hablar sobre su salud mental.

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Kevin Love se abraza con DeMar DeRozan (vía Twitter)

El pasado 6 de marzo, Kevin Love publicaba en The Players Tribune uno de los mayores testimonios sobre salud mental que se recuerdan de un deportista. Love confesaba abiertamente haber sufrido un ataque de pánico durante un partido (ante Atlanta en Noviembre de 2017) y narraba su particular tormento, en el que ha sido clave la ayuda de un terapeuta para salir adelante a pesar de que, como explica Love, nunca pensó que fuera a necesitar la ayuda de nadie.

“Aprendes lo que significa ser un hombre. Sé fuerte. No hables de tus sentimientos. Afróntalos tú solo. Durante 29 años, esa fue mi forma de actuar.” – Kevin Love

Kevin Love realiza una perfecta radiografía de lo que tradicionalmente ha sido (y sigue siendo) el mundo del deporte, de cómo la masculinidad se vincula a no sufrir, a no fallar, a no mostrar debilidad. Por eso el tono humano y personal de su escrito conmueve. “Todo el mundo está pasando por algo que no vemos”, sentencia el jugador de los Cavaliers.

Love, que en su escrito rememoraba haberse sentido inseguro en más de una ocasión, también recordaba que nunca había dado el paso de hablar sobre ello porque no existían precedentes en el deporte profesional. Para él, no poder hablar de ello suponía un tormento incluso mayor que el ataque de pánico. Pero una semana antes de la publicación de su historia, un tweet de DeMar DeRozan hizo saltar la chispa: “Esta depresión saca lo mejor de mí”, publicó el escolta de los Raptors durante una noche de desvelo en Los Angeles. Un tweet cuya explicación amplió en una entrevista con el Toronto Sun. “No es algo de lo que esté avergonzado. Ahora entiendo que mucha gente pasa por ello”, afirmó el californiano.

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Robert Enke (vía rtl.de)

Quizá en el fútbol sí se haya avanzado más en este sentido a raíz del caso de Robert Enke, portero de la selección alemana que, víctima de una depresión, se suicidó en 2010. Pero también ahí el tema de la salud mental mantenía su condición de tabú. Si ha ocupado la primera plana en los últimos días, ha sido a raíz de dos testimonios.

Uno de los compañeros de Enke en la selección, Per Mertesacker, anunció en una entrevista publicada el pasado 11 de marzo en Der Spiegel que a final de temporada dejará el fútbol o, en sus propias palabras, que será “libre por primera vez en 30 años”. Mertesacker, un tipo frío y duro en apariencia (su 1.98 de estatura ayuda a ello) no tuvo miedo de confesar que sufría (y sigue sufriendo) de diarrea y náuseas antes de cada partido. El central, internacional por Alemania y que debutó su primer Mundial en casa, defendiendo los colores de Alemania en 2006, recordaba sentir alivio cuando su selección cayó eliminada en semifinales. Y nada tuvo que ver con molestias físicas.

Mertesacker también tuvo la oportunidad de hablar con un psicólogo, cuando llegó al Werder Bremen en ese 2006. Y tampoco lo hizo. De hecho, explicó su negativa con unas palabras que recuerdan mucho a las de Love.  Un testimonio que describe un proceso casi enfermizo, en el que la burbuja competitiva ha atravesado los muros del vestuario y creado grietas, incluso, entre los que se supone que deben ser compañeros.

“No quieres que tus compañeros de equipo piensen que tienes un problema, que el deporte de competición no es para ti.” – Per Mertesacker

En una línea muy parecida se pronunció André Gomes en su entrevista para Panenka. El jugador portugués del Barça, muy cuestionado por su rendimiento, no tuvo reparo en mostrar su “herida”, la que lleva a un joven de 24 años a no disfrutar del fútbol pese a jugar en uno de los grandes clubes del mundo o hasta a tener miedo a salir a la calle. Gomes reconocía que la presión de un equipo como el Barça le ha llevado a ser un futbolista diferente, a jugar “con el freno de mano echado”. Una frustración que, a su vez, le mantiene insatisfecho. Sufrir por el hecho de sufrir.

“Me encierro. No me permito sacar la frustración que tengo. Entonces, lo que hago es no hablar con nadie, no molestar a nadie. Es como si me sintiera avergonzado.” – André Gomes

Siendo justos, nada nuevo hay en estos testimonios. De la jungla que rodea al deporte sabíamos todo, o casi todo. Muchos deportistas, como los tenistas Andre Agassi o Mardy Fish, habían realizado confesiones de este tipo, aunque en ambos casos una vez retirados. De los problemas de otros como Enke o Gary Speed nos enteramos a la fuerza cuando se marcharon por la puerta de atrás. Mientras deleita a sus consumidores, el mundo del deporte también consume personas.

Por eso el gesto de Love o André Gomes tiene un valor incalculable. Con una larga carrera por delante en un mundo en el que la debilidad no gusta a nadie, ellos han optado por ser sinceros. Tampoco les ha avergonzado ser humanos. Quizá nada cambie y el mito del superhombre deportista se mantenga intacto. Pero, incluso en ese caso, hay que apreciar el soplo de aire fresco que suponen sus historias.

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