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La culpa de todo no la tiene Yoko Ono

¿Cuántas veces no habremos escuchado esta historia? Chico conoce a chica. Se enamoran. Chica aisla a chico y le aleja de sus amigos de toda la vida. Y entonces, la comparación con Yoko Ono. “Ser una Yoko Ono” es prácticamente algo ya fosilizado en el lenguaje. Prácticamente se podría decir que las dos mujeres pérfidas que han condenado a los hombres de todos los tiempos han sido Eva con su manzana y Yoko separando a los Beatles. Ya lo dice Def Con Dos: “la culpa de todo la tiene Yoko Ono”.

Y es que Yoko Ono es un lugar recurrente en el imaginario colectivo: personificación de todo lo mala que puede ser una mujer, una de las personas más odiadas de la cultura pop de la segunda mitad del siglo XX. La campaña que desde los años 70 tiene que soportar esta señora japonesa, de marcado carácter misógino, es totalmente injusta. Y es que, digan lo que digan, Yoko Ono es una artista revolucionaria que, por las desgracias de una sociedad patriarcal, ha tenido que vivir no solo a la sombra del que fue su segundo marido, sino también a la sombra del grupo pop más influyente del siglo XX.

Yoko Ono ha sido y sigue siendo una artista multidisciplinar. En los movidos años 60 y 70, formó parte del movimiento artístico revolucionario Fluxus: obras de arte contrarias a la idea de arte como objeto. Este movimiento, que también involucró a artistas como Robert Filliou o Wolf Vostell, atacaba directamente a la interferencia del capitalismo en el arte. Frente a ello proponía la creación de obras imposibles de vender. Arte efímero, videoarte o incluso lugares que se convertían en obras… El Fluxus dio una vuelta de tuerca al arte de la época y creó conceptos que aún hoy perviven en el arte contemporáneo.

El papel de Yoko Ono en este movimiento no es en absoluto testimonial. Cada una de sus propuestas es original, fresca y reflexiva. Sirva como ejemplo Painting to Hammer a Nail in Cross Version, un alegato a la culpa colectiva expuesto en el extremeño pueblo de Malpartida de Cáceres. Se trata, nada menos, que de tres crucifijos a los cuales todos los visitantes del museo Vostell están invitados a clavar clavos. Las conclusiones, por supuesto, quedan a la conciencia de cada espectador-participante de la obra.

“Painting to Hammer a Nail in Cross Version”. Yoko Ono, 2000.

En general, buena parte de la obra de Ono ha girado en torno al activismo. Activismo contra las guerras, contra el racismo, la lgtbfobia o el machismo y a favor la libertad de pensamiento. Y Yoko sigue al pie del cañón: fue una de las muchas celebridades en apoyar las Women’s March que llevan dos años desbordando Estados Unidos.

Ya es hora de empezar a defender la figura de Yoko Ono. Como canta el grupo catalán Manel, és espantós com la gent parla (es espantoso cómo habla la gente), tot i que de lluny sempre m’has semblat prou forta per no amargar-te (aunque de lejos siempre me has parecido suficientemente fuerte para no esconderte). Ha llegado la hora de reivindicar a Yoko Ono como la mujer fuerte, no como la sombra de su marido. Ha llegado la hora de hablar de la Yoko artista revolucionaria, no de la que “rompió” los Beatles. Porque la culpa de todo NO la tiene Yoko Ono.

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Un comentario en “La culpa de todo no la tiene Yoko Ono

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