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Un lenguaje para todas

Oigo a menudo hablar sobre lo políticamente correcto, sobre lo aburrido y tedioso que es incluir al 49,6 % de nuestra población en nuestros discursos, en definitiva, sobre el lenguaje inclusivo.

En cuanto a esto, hay personas a favor y en contra. No veo cuál es el problema en que todas, todes y todos nos sentamos bien y a gusto al escuchar un discurso. Es decir, no entiendo a quienes están en contra. Sería como estar en contra de que todas las personas tuvieran los mismos derechos o las mismas posibilidades. Ah, espera, eso ya pasa.

Sin embargo, a pesar de todos esos detractores (que, por suerte, cada vez son menos), creo que el lenguaje inclusivo ha llegado para quedarse. Un lenguaje inclusivo nos llevará a una sociedad más igualitaria y más justa. Nos llevará a una sociedad llena de políticas, portavozas (Irene Montero, va por ti), programadoras, científicas, matemáticas, ejecutivas, ingenieras y un sinfín de profesiones en las que es poco habitual escuchar un plural, o incluso un singular, femenino.

SISTEMAS PARA SER INCLUSIVOS

Hay varias maneras de formar el plural: con una X (alumnxs), con una @, método que me gusta porque de alguna manera visibiliza a esa multitud femenina, con el uso de ambos géneros (alumnos y alumnas) y finalmente con una E. Esta, para mí, es la mejor opción y la que se impondrá a largo plazo, cosa que yo no veré porque los cambios lingüísticos tardan cientos de años en imponerse.

¿Por qué se impondrá esta y no otra?

  1. Se puede pronunciar.
  2. Es acorde a la economía del lenguaje.
  3. Es inclusivo con todas las identidades sexuales.

Sin embargo, no pienso que mañana salgamos a la calle y todes vayamos a hacer los plurales así. ¿Entonces? ¿Qué podemos hacer hasta entonces? Porque está muy bien escribir en Twitter así, pero no podemos escribir una tesis doctoral o dar una conferencia así.

  1. Intenta usar “persona” en lugar de un sustantivo en masculino. En lugar de “programador”, se podría optar por “persona encargada de la programación” o “equipo de programación”.
  2. Sustantiva en lugar de adjetivar. Por ejemplo, en vez de “ir descalzo”, podríamos poner “ir sin calzado”.
  3. En contexto coloquial, si te vas a referir a un grupo de chicas en el que hay una minoría de chicos, habla en femenino. El grupo masculino al no querer verse comprometido con ese plural femenino acabará abogando por un plural neutro. Cuando cale en la lengua hablada, el resto irá rodado.
  4. En un contexto formal, si te vas a dirigir a una multitud de personas, sin importar su género, aboga por expresiones como “Buenas” o incluso sustantivos sin género marcado como “asistentes”, “oyentes”, “espectadores”, etc. El “damas y caballeros” es del siglo XIX por lo menos.

Después de leer este artículo, dime, ¿te has sentido parte del discurso? ¿He sido inclusiva? ¿Te has dado cuenta del hecho de que lo estaba siendo? No, ¿verdad?

Entonces, quizás no es tan difícil hacer uso del lenguaje inclusivo, ser políticamente correctos y tratar a las personas con respeto.

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