Nabokov

‘El hechicero’, la novela de Nabokov a la sombra de ‘Lolita’

Detrás de todo incendio siempre hay una chispa. Si pensamos en fuegos literarios a lo largo de la historia, hay una novela que no deja de acudir a esa cita con la memoria: Lolita. Quienes hayan leído la obra más conocida de Nabokov sabrán por qué en su día causó tanto revuelo. La obsesión de un hombre adulto con una niña de tan solo doce años y la historia que se deriva de esta pervertida obsesión dio fruto a una novela prohibida al principio incluso en Francia, país donde se publicó por primera vez. Pero aquí no venimos a hablar (solo) de Lolita. Resulta que la gran obra de Nabokov tuvo una precursora, una novela corta, escrita en París en 1939, llamada El hechicero. Ésta fue la última obra que el escritor ruso escribiría en su idioma materno y nunca llegó a ser publicada mientras él vivía.

El hechicero es, en palabras de su autor “la primera palpitación de Lolita”. También es un libro que se lee en una tarde, según nos cuentan las notas de Nabokov al principio (y según comprueba el lector en cuanto la tiene entre manos): “55 páginas mecanografiadas en ruso y tituladas Volshebnik”. El propio escritor la califica de una obra “precisa y lúcida”, y lo es. No necesita del conocimiento previo de Lolita por parte del lector para sostenerse por sí misma, aunque será difícil encontrar a alguien que haya leído El hechicero sin haber pasado antes, por lo menos a través de la cultura popular, por la que sería su “hija” más famosa.

Nabokov

Nabokov hablaba de la palpitación de Lolita en El hechicero porque, efectivamente, ambas novelas comparten similitudes. El hechicero narra la historia de un hombre adulto, con la misma obsesión que Humbert Humbert en Lolita por las llamadas nínfulas, que, ya explicó Nabokov, existen solo porque hay hombres que las miran a través de la lupa de la efebofilia (en inglés por lo menos se utiliza la palabra hebephilia, indicando atracción sexual hacia personas en la pubescencia). En este caso, como en Lolita, la niña tiene doce años y las artimañas del hombre para acercarse a ella son un claro esbozo de lo que pasaría en Lolita. El hombre se casa con la madre de la niña, moribunda, y al morir esta, queda como su padre y tutor. Este no es el único punto en común de El hechicero con la gran obra de Nabokov. Encontramos también similitudes entre los personajes principales. Los dos depredadores sexuales, protagonistas de ambas obras, son “caballeros” europeos, adinerados, cultos y refinados, con una capacidad estratégica y analítica que pone los pelos de punta y que utilizan desde el primer momento para conseguir sus objetivos.

Dicho esto, hay que atender a las palabras de precaución de Dmitri. El hijo de Nabokov que tradujo la obra al inglés nos deja dos notas muy interesantes al final del libro, con las que desentrañar parte del valor de esta obra literaria. Dice, a la hora de comparar ambos libros, que “Nabokov consideraba que El hechicero era una obra completamente distinta de Lolita, con la que guardaba sólo un parentesco lejano.” Es cierto que la recurrencia de temáticas en un mismo autor tanto en literatura como en cualquier otro arte es muy común, y sin embargo en este caso resistirse a la comparación es difícil.

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Hay diferencias, sí. De Humbert Humbert (en Lolita) conocemos hasta el más oscuro recodo, sin embargo, en El hechicero el personaje principal no queda tan dibujado, aunque Dmitri opina así: El personaje es un soñador como los demás, aunque en este caso se trata de sueños especialmente viles. Por desagradable que nos resulte, no obstante, uno de los niveles más intensos de la narración es el de su introspección, tan objetiva en algunos momentos.” Efectivamente, es desde el punto de vista del pedófilo a través del cual el lector se sumerge en la historia. Igual que pasa con Lolita, la perspectiva de la niña no es el foco principal de la novela. En la mente de quien sí nos metemos es en la del hombre. “Cierto anhelo de honestidad brilla de vez en cuando en mitad del obsesivo cinismo del personaje, y provoca en él patéticos intentos de justificación; aunque las líneas fronterizas se disuelven bajo el ímpetu de sus impulsos, no puede dejar de reconocer efímeramente que es un monstruo”. Según Dmitri: El hechicero es un análisis de la locura vista a través de los pensamientos del loco.” Y así les dejo, con unas palabras también de Dmitri, por si les pica la curiosidad y quieren leer el libro:

El lector sospecha, poco después de haber empezado El hechicero, que la historia no acabará bien, que el cínico y despreciable protagonista recibirá su merecido, y, por si hiciera falta una moraleja patente, basta con esta premonición. Sin embargo, aparte de que en cierto sentido es una historia de terror, también es desde otro punto de vista un relato de intriga: el Destino juega con el loco, frustrando unas veces sus propósitos, facilitándolos otras, o proporcionándole una espeluznante forma de escapatoria; a medida que se desarrollan los acontecimientos, no sabemos aún por qué lado vendrá el desastre, pero notamos cada vez más su inminencia.”

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