LGTBfobia

Voces contra la LGTBfobia

Hoy, 17 de mayo, se celebra el día internacional contra la LGTBfobia. Se cumplen 28 años de la despatologización de la homosexualidad. En Farhampton Mag hemos querido ceder un espacio a la reflexión y la crítica. Distintas voces, distintas realidades y distintas percepciones en torno a un día tan simbólico se alzan hoy desde esta humilde tribuna.

1. Elena Ramiro, terrorista de género. (@ElenaRamiroV)

Imagina ser invisible para la sociedad.

Imagina no sentirte representada ni en la marginalidad de los medios.

Imagina ocultarte porque “lo uno, o lo otro. Las dos cosas no”.

Imagina tener miedo de abrirte a tu pareja, porque sabes que es más normal ser juzgada que ser comprendida.

Imagina tener miedo de abrirte a tu familia.

Imagina tener miedo de salir a la calle con una chapa. Con una bandera. Con una camiseta.

Imagina ser el “puto maricón”.

Imagina ser la bollera sexualizada.

Imagina ser “una fase, tranquila, ya te aclararás cuando madures”.

Imagina tener miedo, siendo invisible.

“Soy gay, soy lesbiana, soy transexual, soy lo que me da la gana”.

Soy bisexual.

 

2. Leónidas Arán, filósofo

Despatologi…¿qué?

Esta mañana me he despertado nervioso. Llevaba varios días durmiendo mal y descansando peor, con molestias en el estómago, sin poder comer. Supongo que son los nervios previos a entrar en un quirófano, pero como es lo que siempre había querido, no me lo había planteado. Mi nombre es Arán, soy un chico transexual extremeño de 21 años. Esta mañana iba a operarme de mastectomía que, para los que no lo sepan, es una masculinización de tórax. Al final, como soy una mujer perfectamente sana y no tengo mi DNI cambiado, no he podido operarme y estoy en mi casa, muerto del asco, esperando no notar las miradas lastimosas.

La despatologización (dejar de considerar la transexualidad una enfermedad) es una de las luchas más importantes para el colectivo, porque lleva directamente al estigma social. Si la única ventaja que me da estar enfermo (es decir, que el malestar que me produce ser transexual se valore como tal y puedan tratármelo por la Seguridad Social) ya no es tal, ¿qué narices estamos haciendo y por qué tenemos en este país la costumbre de complicar tanto las cosas?

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3. Sofía Castañón, poeta y diputada en el Congreso (@SofCastanon)

A su señoría

La sociedad avanza porque es lo suyo.
No por vuestro activismo.
Es que a veces los que no sufrimos exclusiones
pensamos en vosotros.
Bueno, y sí sufrimos. Que nos criticáis.

Un bloque de hormigón respalda
esa voz desde el poder, que aun se victimiza.

¿A dónde irías, imbécil,
sin lo que escribió Lorca?
¿Todavía te atreves a atribuirte
la condición innata del avance?

Niegan las luchas. Roban el laurel.
Pero nunca ponen los muertos.

 

4. Pablo A. Barragán, estudiante y activista (@_woodenhearted)

Sangre, humo y recuerdos

Voy a grabar en mi piel

a sangre y tinta

el recuerdo de lo que hicisteis,

el recuerdo de vuestras vidas,

el recuerdo de vuestras heridas;

para que ni el fuego ni el humo

del paso del tiempo

borren de la memoria que,

si hoy somos

es porque a vosotras

no os importó,

(enterrando bajo golpes y heridas

vuestras vidas),

dejar de ser en nuestro nombre;

como ahora nosotras

dejamos de ser

en nombre de las que vendrán.

Porque no hemos terminado.

Porque tenemos que seguir luchando.

Por nosotras, para ser libres.

Por vosotras, que fuisteis haciéndonos libres.

Y por ellas, que serán,

para que puedan volar

en la libertad de nuestro recuerdo.

Para que puedan volar

en su Libertad.

Woodenhearted

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5. Hugo Sánchez, activista trans (@hxgx0)

Imagina que todo hubiese comenzado con un “START” en el centro de tu vista. Imagina que todas aquellas fantasías infantiles hubieran sido reales. Ese “no tocar las rallas de las baldosas porque son lava”, o que nuestras sábanas eran mejor material que el Mithril. Con la llegada de la adolescencia se desbloqueó una nueva opción: “customización del personaje”. Incluía peinados, tintes, piercings e incluso tatuajes.

Bueno, en ese momento de la partida fue cuando me di cuenta que yo jugaba en otra dificultad. Una de las características de mi ficha de “identidad de personaje” no me gustaba, me hacía sentir incómodo, no era yo. Y a la llegada de la adolescencia me di cuenta de que aun cambiando completamente mi costumización no conseguía sentirme identificado con ese avatar con el que la gente me conocía. Tuve que hacer misiones y gestas. Una serie de misiones que llegaron a durar un año entero. Entre ellas estaban las de enfrentarme a un psicosexólogo, a comentarios ofensivos, a superar hechizos de ilusión que me nublaban la vista y hacían que me viese como un monstruo… Todas esas misiones que mis compañeros no tuvieron que hacer, porque en este maldito juego su ficha era “correcta”.

Han pasado 3 años desde que comencé esta gesta, y aun tengo problemas con algunos personajes por culpa de esta equivocación en mi ficha, pero repito lo que dije cuando comencé con esto:

Antes caerán los servidores del juego que caeremos yo o mi avatar.

6. Victoria Martínez, bisexual y feminista (@NattoNoFrankie)

Ser bisexual es ser una viciosa, es no saber lo que quieres, es que si estás con un hombre significa que eres hetero y si estas con una mujer, eres lesbiana. Y cuando te dicen que eres lesbiana añaden “no pareces lesbiana”, como si el lesbianismo fuese la nueva etnia del barrio.

Pero nunca eres bisexual, o debes de añadir un porcentaje a ese término, un porcentaje de gay/hetero. Una mujer bisexual resuena en la mente de los hombres como la mejor oportunidad de tener un trío con cuatro tetas, es ser sexualizada y rebajada a la mínima expresión de un agujero.

Esto no me define como bisexual, así me define el mundo, como algo apartado inexistente o como una fase. Un estado de negación perpetuo dentro de la Lgtbfobia que mientras a unos los tratan de borrar a golpes a otros no nos dejan existir.

Bisexual es una etiqueta abstracta, un contenido que no les debe resultar completo, algo etéreo que se vuelve nulo. Pero nunca nos podrán borrar, porque todos nosotros (bisexuales, gays, lesbianas, trans, etc…) llevamos aquí tanto como ellos, y ahora no nos callaran.

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7. Rubí Brown, bollera invisible (@BdeVause5_)

– Siempre supe que eras rarita.
– ¿Te vas a vivir con tu amiga?
– ¿No crees que estás confundida?
– No tienes por qué darle un beso por la calle.
– ¿Para qué usáis un consolador teniendo penes de verdad?
– No pueden registrar a su hijo a no ser que justifiquen como lo han concebido.
– ¡Fea! Por eso te has hecho lesbiana, porque los tíos no te quieren.
No era rarita, tenía miedo. No me voy a vivir con mi amiga, es mi novia. No, no estoy confundida. No tengo razones para esconderme. Uso los juguetes sexuales que me dé la gana. Lo siento, pero cómo he engendrado al bebé no es asunto suyo. No, no me he hecho lesbiana, soy lesbiana.
Existo, aunque llegue tarde. Soy la L de las siglas. Pertenezco al grupo de las olvidadas, las invisibilizadas. Porque hay algo peor que incomodar a la sociedad con tu orientación o identidad sexual y es que ni siquiera se den cuenta de que existes.

 

8. Roy Galán, escritor (@RevolutionRoy)

Nuestros cuerpos y nuestras mentes nos pertenecen.

Nuestros deseos, anhelos, miedos y esperanzas, también.

Son nuestro fuerte.

Nuestro modo de resistir.

No buscamos que nos entiendan.

Aunque a quién no le gusta sentirse entendido.

Tampoco buscamos respeto, ni tolerancia, ni las sobras, ni la compasión.

Lo que reclamamos es la libertad de ser y estar.

Sin ser increpadas o cuestionadas.

Lo que estamos tratando de reconquistar es la dignidad robada.

Porque esta es la única vida que tenemos.

Y no es justo que tengamos que perder nuestro brillante y precioso tiempo en este planeta intentando evitar que nos discriminen por no ser como la mayoría.

Por no cumplir con eso tan violento llamado normalidad.

Por no asumir la realidad como algo exacto e inamovible.

Somos mutantes y hermosas.

Monstruos que se quieren a sí mismos.

Somos aquello que sentimos que somos.

Y no vamos a conformarnos con menos que con todo.

Porque nuestra existencia no es opinable.

Así que acostúmbrate a ver como nos besamos, a vernos gobernar, a vernos reír, a vernos celebrar, a vernos en portadas y en aviones y en el supermercado.

Acostúmbrate porque ya se acabaron las tinieblas.

Y ahora estando aquí muy juntas.

Lo que vamos a ser.

Es muy amadas.

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9. David Jiménez, activista marika (@DavidJimenezU)

En 1990, los cascotes del Muro de Berlín aún estaban calientes. En 2018, las bombas llevan años cayendo sobre Siria. En 1990, las cadenas privadas de televisión irrumpían en España y Telecinco se ganaba el apodo de “Tele Teta”. En 2018, esas teles a veces emiten algún beso entre personas del mismo género y, al día siguiente, algún encendido columnista critica el adoctrinamiento de los medios. En 1990, dos hermanos con una escopeta pusieron trágicamente el pueblo extremeño de Puerto Hurraco en el mapa. En 2018, estamos tan acostumbrados a las tragedias que simplemente decidimos cambiar de canal.

En 1990, la Organización Mundial de la Salud elimina la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. En 2018, una joven trans se suicida a sus 17 años en Móstoles. La Organización Mundial de la Salud seguía considerándola enferma. En 2018, la purga en Chechenia continúa. En 2018 seguimos necesitándonos. Nuestra existencia sigue siendo una revolución.

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