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Referentes feministas que debemos conocer

Muchas mujeres nos imaginamos en una cafetería tomando un café con una o con todas las miles mujeres que han abierto el camino del feminismo, o que son activistas por los derechos de las mujeres. Vamos a preparar café, vamos a la mesa y vamos a invitar a varias mujeres.

En España tenemos grandes ejemplos, una de estas mujeres es Emilia Pardo Bazán, quien debemos recordar que fue la primera corresponsal española, así como la primera mujer en tener una cátedra en una universidad.

Debe de ser duro estar tan preparada como ella y ver cómo te rechazan tres veces para entrar en la RAE, luchó sin tregua pese a insultos machistas y el menosprecio de una época que no quiso entenderle; corrijo: de unos hombres que no querían que una mujer les dijera que no era correcta la manera en que las cosas estaban funcionando.

Entre varias anécdotas, fue en el concurso convocado por Orense donde se presentó con el nombre de su hijo y al recoger el premio y ver que era mujer pensaron en no dárselo, pero eso habría perjudicado la imagen de todos y pese a las malas caras se lo tuvieron que dar.

Los méritos de Pardo Bazán son muchos pero creo que el más memorable, y más en esos años en que ella luchó, fue lograr ser dueña de su destino.

Otra mujer es Concepción Arenal: si me dices su nombre lo primero que me viene es cómo ella quería entrar en la universidad, pero entonces las mujeres no podían ir. Lo que hacia Arenal era “sencillo”: se vestía de hombre para ir a las clases y tras una mini revolución acabó como oyente en las diferentes clases de derecho vestida de mujer. También fue activista, escritora y periodista.

Concepción Arenal iba a la universidad vestida de hombre, era puntual, tomaba notas sin distraerse y no faltaba nunca; pero le descubrieron y la norma estaba clara: una mujer no podía ir a la universidad. Pero ella nunca se daba por vencida y tras horas de debate y de razonamientos llegaron a un acuerdo: ella haría un examen y si lo aprobaba o pensaban que tenía suficiente nivel le dejarían quedarse El examen fue sublime, aunque las normas eran las normas y al final, pese al acuerdo, no podría matricularse y ser alumna en pleno derecho pero podía ir como oyente. Y así se hizo: era oyente. No obtendría ningún título y no podría interactuar con los demás.

Otra pequeña revolución que inició y ganó fue la del premio de la Academia de Ciencias Morales y Políticas: Concepción sabía que no podía presentarse como mujer, no podía usar su nombre; entonces, como muchas (muchísimas) mujeres antes que ella, usó el nombre de su hijo Fernando. El ensayo era “La beneficencia, la filantropía y la caridad”. La Academia descubrió el engaño y dejó el premio desierto. Finalmente, dada la magnitud de los méritos y de la obra, le dieron el premio. Concepción volvió a ganar y con ello a ganar otra mini revolución.

Con el tiempo, Arenal se interesó por la educación de las mujeres, participó en la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y las Escuela de Institutrices, y más tarde publicó un ensayo, La mujer del provenir. En este libro defendía el libre acceso de la mujer a la educación y analiza cómo es falso que un hombre sea superior a la mujer. Gracias a ella conocemos el feminismo actual, el germen que está dentro de todas las que buscamos la igualdad entre hombre y mujer.

Y en esta mesa, en que me gustaría contar con estas feministas, me gustaría sentar a tantas mujeres y dialogar, darles las gracias… No hay café para tantas que queremos la revolución y clamar alto “la revolución será feminista o no será”.

En esta mesa improvisada animaría a venir a Carmen de Burgos. Su seudónimo era “Colombine”, censurada por la dictadura, pionera en los reportajes de guerra y en el feminismo. No la conocemos casi porque todo lo que escribiera era quemado o secuestrado, no la conocemos porque le silenciaron.

Fue la primera mujer redactora con espacio en un medio, era la redactora de Lecturas para la mujerDefensora del divorcio y pionera de su defensa pública, empezó más tarde con la labor de hacer campaña por el sufragio femenino y, tras un encuentro con las sufragistas británicas, aprendió y compendió sus ideales e intensificó su lucha.

Y, cómo no, Clara Campoamor, referente que logró que ahora podamos votar, que consiguió en 1931 que se reconociera el derecho al voto de las mujeres en España. No podemos olvidar que esta mujer logró ganar la primera batalla por el sufragio femenino.

El discurso que dio no tiene desperdicio, de él destacaré:

«Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino».

A Victoria Kent no podemos no darle una taza de café en nuestra mesa. Fue la primera mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid, así como la primera mujer en la historia del mundo en actuar ante un tribunal militar como abogado, aunque es más conocida por eliminar las cadenas y grilletes en las cárceles.

No olvidemos que logró precedentes que ahora los vemos normales pero en esa época fueron novedosos y únicos: consiguió permisos de salidas para los presos, una mejora de la alimentación, permitió la libertad de culto en las prisiones, indultó a los que tenían mas de 70 años y creó la cárcel de mujeres de Las Ventas. Pero no solo eso, también creo el cuerpo femenino de prisiones y el instituto de estudios penales, en el que puso al frente a Luis Jiménez de Asua.

Y, además, algo admirable: logró eliminar las cadenas y los grilletes, y con el metal logrado hizo una estatua de Concepción Arenal.

El feminismo tiene su germen en el feminismo histórico que nos abrió el camino, una lucha que empezaron y que debemos continuar. La igualdad del hombre y de mujer se supone hecha pero queda mucho camino aún que recorrer.

No deberíamos decir “las mujeres…” cuando nos refiramos a las luchas o a las injusticias porque eso nos aparta del reconocimiento total. No es “las mujeres”, es “nosotras”. No es “las mujeres no somos iguales”, es “nosotras somos desiguales”. Incluyámonos en el hecho, somos parte de él, nos pasa a todas, nos tocan a una y nos tocan a todas.

Nosotras, todas y cada una, somos unas mujeres luchando juntas. Nosotras luchamos para vivir sin miedo, para que acabe la trata de mujeres, para que no se sigan sumando cifras a la violencia machista, para que no enterremos más compañeras asesinadas. Nosotras debemos seguir la lucha de estas mujeres de arriba, que lo tenían más difícil por sus prohibiciones y su época. Ellas nos abrieron el camino y nosotras lo debemos andar por nosotras, por ellas, porque “la revolución será feminista o no será”.

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