El sueño que nos prometimos

Cuando Lil Peep murió, era apenas conocido en España. Su explosión como artista se había producido en Estados Unidos con unas cifras prometedoras que no habían tenido su reflejo todavía en Europa. Por desgracia, Lil Peep no pudo ser testigo de cómo su trabajo llegaba y se consolidaba en Europa, precisamente como consecuencia del impulso que su obra recibió a raíz de su muerte. Fue un shock para quienes ya le conocían, y un toque de atención para quienes no. Lo que Lil Peep nos enseñó fue la crudeza con la que las palabras pueden hablar de la situación mental y emocional de una persona. Especialmente si esa persona es capaz de convertir su caos interior en arte.

Como apunte antes de profundizar, es importante que tengamos en cuenta que no todas las personas con una vida interna hiperactiva y auto destructiva terminan como Lil Peep. No necesariamente acaban con su vida. Tampoco tienen por qué expresar lo que viven (por incapacidad o por apatía), pero existen.

Gustav Elijah Åhr (1996 – 2017)

Y, en serio, ¿a dónde estamos yendo? El discurso hegemónico ni siquiera plantea la viabilidad de la cultura liberal que estamos importando desde Estados Unidos. La globalización es capitulación ante la cultura estadounidense, y no parecemos ser conscientes de lo que estamos asimilando como norma. Si sumamos las nuevas formas de socialización, que impiden el desarrollo de lazos colectivos sólidos a una coyuntura económica y un mercado laboral orientado a la movilidad a gran escala, ¿qué vida interpersonal nos queda? Nos estamos convenciendo de que es de sentido común construir relaciones personales basadas en el cálculo de beneficios y en la fórmula de contrato de duración limitada.

Partimos de unos países donde caminamos hacia la destrucción de las formas de identificación grupal básicas: la nación, la religión y la tradición. Todo está siendo enterrado en favor de vínculos donde la suma de varios individuos no hace un grupo, sino una yuxtaposición en la que uno no pierde ni una mínima parte de sí mismo en favor de algo general donde sentirse protegido. Eliminamos los nexos grupales y nos despersonalizamos los unos a los otros tratando de optimizar nuestros propios sentimientos como si el objetivo fuera la obtención de beneficio personal inmediato.

A esto, por cierto, no ha contribuido Internet, como se suele decir. Quien quiera culpar a las redes sociales de este fenómeno es profundamente miope, puesto que son éstas las que sirven hoy en día de refugio para la mayoría de personas que tienen que lidiar con un contexto laboral profundamente inestable e impredecible y unas certezas precarias sobre su futuro a medio y largo plazo.

«I wanna die too, we all wanna die too»

Lil Peep dejó un legado profundamente positivo para mucha gente. Contrariamente a lo que algunas personas quisieron destacar de su música una vez que murió, los artistas que tratan estos temas en primera persona sirven como elemento de identificación y de expresión a partir de un tercero para muchas personas. Aquellas que no se ahogan en su música, sino que se ven reflejadas y sobrellevan gracias a ella una de las mayores lacras de la hegemonía individualista en nuestros días: la dificultad de muchos a la hora de auto explicarse como personas al no disponer de elementos comparativos (somos el resultado de la comparación con los demás).

Uno de los elementos que se mostraba explícito en alguna de sus canciones, pero que era transversal a todo su trabajo, fue la colosal presión a la que puede verse sometida una persona consecuencia de las expectativas de crecimiento individual que se nos imponen a todos y cada uno de nosotros desde las esferas de construcción ideológica. Sobra decir que, evidentemente, no es una exigencia al estilo marxista-leninista “de cada cual según su capacidad” ni orientada al avance común. Es un requisito para la supervivencia que no tiene en cuenta las diferencias físicas y mentales de cada persona, por lo que inevitablemente nos lleva a una realidad de doble desigualdad: la económica y la emocional, siendo ésta última la menos tratada. Nos referimos a desigualdad emocional al hablar de las distintas capacidades para cumplir con las exigencias personales y laborales que se nos trasladan a todos por igual y a las distintas formas de gestionar el fracaso a la hora de no cumplir estos requerimientos. Ni todos estamos capacitados al mismo grado para subir los escalones de triunfo social, ni lo estamos para gestionar la vida en los escalones más bajos del mismo. Sin embargo, sí se nos exige lo mismo para subir esa cuesta.

Una injusticia que ni se cuestiona ni se debate, probablemente en parte por el tabú que supone la salud mental y la invisibilización y negación que existe sobre las personas en situación de vulnerabilidad emocional. No es solo que no dispongamos de herramientas aprendidas en nuestra educación básica para tratar con personas que viven esta realidad, sino que tampoco tenemos una cultura que nos enseñe a sentir empatía con ellas (lo máximo a lo que llegamos es a la frustración y el paternalismo). Directamente, y como hemos dicho, se les invisibiliza, lo cual dificulta aún más para quienes lo sufren ese proceso que comentábamos antes de auto explicación del yo.

Y es que, de hecho, la interpersonalidad que aprendemos de niños es la que nos empuja a la dependencia emocional. Pero, como contraparte, no existe una infraestructura social que nos permita mínimamente sostener esta dependencia de una forma sana y lejos de la toxicidad. Se vive en la pulsión de mostrarnos la dependencia emocional como la forma normal de relación, mientras la imposibilita y la ridiculiza a toda escala.

Como conclusión dire que sí, los memes, las canciones y los tweets pueden ser llamadas de auxilio por parte de mucha gente. No como una forma de banalizar o de exagerar (sí, realmente hay gente que piensa que la gente exagera con su propia salud mental), sino como una vía de expresión alternativa al comprobar que la vía de comunicación estándar está plagada de tabúes y censuras al tratar este asunto. Lil Peep nos lo dejó muy claro.

 

Anuncios

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.