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Javier Gómez: «No creo en un periodismo hecho por superhéroes»

Javier Gómez Muñoz nos da la mano muy amistosamente al recibirnos a la entrada de las instalaciones centrales de Telemadrid. Trabaja en ellas como director y principal cara visible de sus noticiarios desde hace justo un año, teniendo por delante un enorme reto de renovación de imagen no solo de la cadena sino de los contenidos públicos en general. Lo que se podría antojar como una tarea árdua, cobra en días como este una dimensión aún mayor, mientras en las cámaras de representación españolas se gesta una moción de censura y las informaciones se suceden y mutan a velocidades insospechadas.

Sin embargo Javier Gómez no rehuye el reto como no lo hizo al dirigir y presentar los deportes de LaSexta o al fundar Papel y acompaña cada palabra de un aplomo que en todo caso se multiplica al encender la grabadora y comenzar la entrevista. Con él echamos la vista atrás para comprender el periodismo de ayer y sobre todo el de hoy a través de su nutrida experiencia en radio, televisión y en el medio escrito tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.

  • Para estudiar periodismo hay que ser un poco idealista.

J.G: Bueno, yo muchas veces me he preguntado si soy idealista. Yo soy tremendamente voluntarista y es verdad que estudiar, no Periodismo sino cualquier cosa exige una dosis de creer en ti mismo importante. Cuando yo decido que me voy a dedicar a esto la respuesta de mi entorno es “no lo hagas, no hay salida, ¿de qué vas a trabajar?”

  • Y sin embargo, te decidiste por el periodismo igualmente.

Lo primero, creo que hay que dejar que la gente estudie aquello que le hace feliz. Yo no quería cambiar el mundo, no creo que los periodistas tengamos que aspirar a hacerlo, nosotros contamos historias. No somos un medio para alcanzar fines, no creo en un periodismo hecho por superhéroes. Es un oficio como cualquier otro y hace falta un poco de humildad en el periodismo. Era una decisión de un cierto idealismo, pero personal, respecto a mi proyecto de vida. Nunca he tenido vocación de misionero ni nada parecido.

  • Y si hubieses tenido que decidir hoy ¿hubieses tomado la misma decisión?

Es verdad que ahora mismo hay una sensación de que el periodismo se está desmigando. Antes estaba claro que el periodismo era el terreno de juego de actores reconocibles, grandes empresas, grandes medios… Ahora todo eso se ha disipado y es un contexto más brumoso. Hay que trabajar por sí mismo, las redes sociales también son periodismo, los grandes medios no son tan grandes, la carencia de recursos es alta… El periodismo está en un momento de paso hacia algo distinto, como reflejo de la sociedad , que es lo que siempre somos. Con lo cual entiendo que hoy en día hay una dificultad añadida a cuando yo decidí estudiar periodismo.

Javier Gómez

  • Has trabajado en Francia y en Italia ¿Qué diferencias has notado en la forma de concebir el Periodismo en relación con la española?

Para apreciar las diferencias es necesario dividir el periodismo en segmentos. La televisión en Francia, por ejemplo, no te diré que es diametralmente opuesta, pero es muy distinta. El gusto por a elegancia, la distinción y la estética, incluso como país, ya no solo en televisión, es tremenda. Y aquí lo cutres que somos a veces… Hay programas españoles que no darían el mínimo para ser emitidos en Francia por calidad de imagen, por formas de hablar, por estética… El espesor del debate público en España es finito. He visto un debate público de ideas mucho más rico en Francia.

Sin embargo, nosotros tenemos periódicos que al margen de si van bien o mal, son acojonantemente buenos y la gente no lo sabe. Es verdad que es difícil comprarlo, la gente no tiene tiempo para leerlo, cuesta mucho producirlo y como producto industrial de consumo no tiene mucho sentido. Pero los comparas, y la prensa francesa es malísima. Los periódicos franceses son finos y con poco contenido, a pesar de lo que la gente pueda creer. Los que comparan Le Monde con la BBC es que no lo han leído en su puta vida. Le Monde es un periódico que aquí se le caería de las manos a la mayoría. Cuenta muchas menos historias, titula de forma arcaica y tiene una incidencia ínfima en el debate público.

  • Es decir, que más que mejores o peores, lo que existen son formas distintas de entender el periodismo.

Claro, la radio por ejemplo en Francia es una maravilla. Es una radio que nunca ha renunciado al poder del reportaje y el relato, mientras que aquí, a pesar de los esfuerzos de gente como Alsina por recuperar la radio pura, la radio que utiliza sonidos para contar historias, esa radio apenas existe. Puede parecer algo obvio, pero eso aquí se nos ha olvidado. La hemos reducido a boletines y tertulias.

En el fondo, el periodismo es parecido. Es gente que lucha por contar historias en un contexto económico cada vez más desfavorable y de un “desbrujulamiento” (que es una palabra que no existe en español pero que traduzco del francés) generalizado, a la hora de entender por dónde debe ir el negocio y cómo funcionan los públicos.

  • Cuando volviste a España venías de trabajar como periodista deportivo y, en un primer momento, te dedicaste a escribir sobre política y terrorismo antes de volver al deporte presentando los informativos de LaSexta. ¿A qué se deben estos cambios tan bruscos entre tipos tan distintos de periodismo?

Cada uno tiene sus motores en la vida. El mio es la curiosidad y nunca he creído que existan tipos de periodismo mejores que otros. A mí no me interesa más la política que el deporte ni la sociedad más que el pensamiento o la televisión. A mi me interesa todo y me gusta contar historias. Pienso que no hay temas malos, sino historias mal contadas. Además, hay periodistas que tienen un único estilo y lo adaptan a todo lo que hacen (cuando tienes un único estilo, generalmente puedes hacer pocas cosas).

La gente me habla de mi estilo, pero, ¿cuál es mi estilo? Yo he presentado deportes en LaSexta de una manera, presento los especiales informativos de una forma más suelta, menos rígida, cuando decidimos montar Papel lo hicimos buscando innovar desde el papel, que es algo arcaico pero se podían hacer cosas revolucionarias desde el diseño. Joder, tú te debes al público. A mí lo que me encanta es concebir productos informativos y estilos. Cada cosa que hago se dirige a un público. Ahí hay que ser humilde y no ponerse por encima del público y preguntarse qué es lo que espera de ti.

Al final es todo pura curiosidad. Creo que es lo mas bonito, no saber dónde vas a estar dentro de 3 años. A mí lo que me encanta es construir. Lo hicimos con Papel, que a día de hoy sigue existiendo. Eso es porque alguien le vio un valor a esa idea que tuvimos. En los deportes en LaSexta nos alejamos de ese periodismo de hincha, mucho mñas pasional y conseguimos darle cierta estética que tená que ver más con el ADN de LaSexta. Soy consciente de dónde estoy y no hubiese hecho el mismo producto en otra cadena, pero creo que eso es lo más bello que tenemos, la posibilidad de cambiar y de dotar a cada historia de un contexto diferente.

Javier Gómez

  • Escribiste en ABC, luego llegaste a ser subdirector de El Mundo ¿Es esta experiencia en la prensa escrita tradicional la que te lleva a involucrarte en un proyecto renovador como Papel?

Cuando a mí me llaman para dirigir una revista, un dominical me sonaba a algo de 1990, a algo muerto. Pero luego me fui a casa y empecé a pensar en lo bonito que sería aplicar todo aquello que había aprendido en la televisión y la prensa escrita, además de mi pasión por la fotografía y el diseño.

Yo me nutro de todo lo que aprendí y de revistas que vi en Francia e Italia para darle forma a un proyecto que demostrara que no es el soporte el que te dicta el tipo de periodismo, tú puedes publicar en papel, en una tablilla de bronce o en HD. Y tu periodismo puede ser una puta mierda en HD, no por publicar en una pantalla de retina molas, puedes hacer una mierda de producto y publicarla en un formato revolucionario.

Puedes hacer algo moderno cogiendo lo mejor del periodismo en profundidad de las antiguas revistas. Aquellos reportajes de 14 páginas que tenía Papel, con sus fotografías a doble página, haber convencido a periodistas, a gente que contaba grandes historias escritas y fotografiadas de que el sitio donde debían estar era Papel. Yo he tenido gente, algunos incluso ganadores del premio Pulitzer que nos han ofrecido sus reportajes porque querían ver qué hacíamos nosotros con ellos. Joder, eso es un orgullo muy grande. Yo quería demostrar que se puede hacer un proyecto precioso en papel que además era un proyecto digital y además tenía unos vídeos de puta madre. Nosotros queríamos crear contenidos y sigo pensando que los periódicos son los que mejor lo hacen, aunque a su forma de proyectarlo al mundo habría que darle una vuelta.

  • El último proyecto en el que te has embarcado es presentar y dirigir los informativos de Telemadrid, una cadena que como muchas otras públicas carga con cierto estigma de estar al servicio del partido del poder. ¿Cómo afrontas esta responsabilidad?

En nuestro caso era un estigma como una casa (risas). Yo creo que Telemadrid es la marca informativa más dañada y con más prejuicios de nuestro país. Por parte de todos, además, todos le aplicaban un elemento connotativo a la palabra Telemadrid, según donde estuvieran posicionados ideológicamente, por supuesto.

Eso era quizá lo más complejo y yo creo que este año lo más importante era plantar las bases del camino que había que recorrer. Hemos tenido un contexto informativo nacional y regional que nos ha puesto a prueba, que nos ha permitido engrasar nuestros servicios informativos. Aquí había muy buenos trabajadores. Esa imagen de Telemadrid no la dictaba el 95% de las personas que estaban aquí, la dictaba el 5. Y la mayoría de ellos ya no están aquí. Esos retos informativos nos han puesto a prueba y había algo que podíamos demostrar, que va más allá de lavar la imagen de Telemadrid y que creo que es muy necesario para España: una pedagogía de lo público.

Javier Gómez

  • ¿Cuál es entonces el objetivo que os marcáis?

Demostrarle a la gente que un medio público primero, puede ser independiente, que es algo que muchos no se creen. Segundo, que puede ser moderno, lo de que lo público es aburrido, no sé, lo dijo alguien y luego se lo creyó todo el mundo, pero yo no vengo con esa intención. Yo creo que esos son los dos ejes en los que hay que moverse, el primero porque necesitábamos recuperar la credibilidad y el segundo porque necesitábamos atraer nuevos públicos. Nosotros hemos vaciado la bolsa de la audiencia y la estamos volviendo a llenar. Eso tiene dificultades, pero el éxito de este proyecto no lo va a determinar la audiencia, lo va a determinar el mostrarle a nuestro país que un medio público tiene sentido y para que tenga sentido tiene que estar al servicio de quien lo paga, que son los ciudadanos. Ese es el sentido de lo público, que la gente sepa que te debes a ellos.

  • El año pasado publicas tu primer libro, La Gran Desilusión. En el abordas, entre otras cosas, el estado del periodismo actual y como los ciudadanos han perdido la confianza en los medios. Es indudable que el periodismo se ha renovado, pero, ¿es posible que lo haya hecho en la dirección equivocada?

Puede ser, porque no sabemos hacia dónde estamos yendo. Además, no todos estamos yendo en la misma dirección. Lo que le ha pasado a los grandes monstruos del periodismo (me refiero a instituciones, no a personas) es que en un momento dado se les ha olvidado escuchar a la gente que está ahí fuera y nos hemos creído que estamos por encima de ellos. Tú piensas que la gente no te compra porque no saben lo que es bueno, no porque les estés dando algo que no les interesa o porque, aunque estés dando algo de calidad, el tipo de formato ya no tiene sentido. Esto es jodido, es como decirle al delantero que ha ganado 3 Mundiales que se mire al espejo y que ya no está para ser titular, no suele salir bien. Te terminas dando cuenta cuando te han sentado en el banquillo. Aquí, los que nos han sentado en el banquillo son los públicos.

En todo eso, la televisión está más curada, porque mide su rendimiento en función del público que obtiene cada día. Por tanto, si te estás alejando tienes a alguien que enseguida te va a decir “cuidado, que te estrellas, cambia el chip”

Yo creo que estamos no solo ante un periodo de transición sino de oportunidad. Jamás podías llegarle a tanto público de manera tan inmediata y por tantos canales. Joder, si a ti te dicen que vas a tener más público, le vas a llegar antes y por distintas vías, ¿qué periodista podría quejarse?

  • ¿Entonces, cuál es el problema?

La cuestión es que ahora mismo hay dos amenazas: una estructural, que es el modelo de negocio y eso tiene que ver con una epidemia que se extiende peligrosamente por nuestras sociedades que es el “todo gratis”. Como la gente empieza a perder el respeto a eso de pagar, llega un momento en que te crees que las cosas te van a caer del cielo. Igual que no te cae un coche de puta madre del cielo, igual que un trabajo no te cae del cielo y te lo tienes que un currar, igual que un hijo no te cae del cielo, ¿Por qué coño el periodismo te va a caer del cielo? ¿Alguien se lo ha preguntado? Bueno, pues igual es el momento de hacerlo. Eso ha jodido la línea de flotación del periodismo claramente, cada vez has tenido que ofrecer más contenidos gratis, no entra dinero y es muy difícil reinvertir.

El segundo problema es de credibilidad. Este puede que tenga más fácil solución, a pesar de que parezca el más acuciante. Tiene que ver con las fake news, el clickbait, la obsesión por la rapidez absoluta. Eso lo puedes ver en televisión. La locura de hacer especiales. ¿Para qué tenemos salir a las 7:25 si tienes un informativo a las 8:30? Si ocurre algo lo preparamos y lo contamos ordenadamente en el informativo, no es necesario salir a hacer piruetas mortales sin saber qué contar. A nosotros ser más rápidos no nos da nada por sí mismo. Nos lo da si tenemos algo que contar antes que nadie y podemos hacerlo bien. En este tema ya hay una mayor toma de conciencia y esa puede ser la vía para volver a captar al público.

  • ¿Cuál es la postura que debe adoptar el periodismo frente a la proliferación de bulos, noticias falsas, etc.?

Yo creo que eso tiene solución. Por la propia inercia de la gente, igual que al principio se abrazaron las redes sociales de forma casi temeraria y luego acabó viendo los peligros, es verdad que se ha adoptado una lluvia loca de información que a su vez se va corrigiendo. Hay grandes medios en EE.UU. que han hecho de ser una fuente creíble y una institución con un pasado, con una lógica, con unos medios de verificación, su imagen de mercado. Lo ha hecho el Washington Post, el New York Times y creo que aquí acabará llegando. Es una oportunidad para los medios, para decirle a la gente “No te tienes que creer todo lo que te digan, pero lo que nosotros te decimos sí”. Yo creo que hay una gran oportunidad para el periodismo bien hecho, venga de grandes medios o de periodistas individuales.

  • Y por eso, en varias entrevistas y a pesar del título del libro, te identificas como un optimista de cara al futuro. ¿Qué razones crees que sirven para augurar un buen futuro al periodismo?

Existen las condiciones para encontrar un camino. Igual que Europa no está tan mal, nos digan lo que nos digan. Y que España es un país que tiene cosas maravillosas, con unas estructuras económicas que son mucho mejores que las de otros países y tenemos cosas de las que estar orgullosos. El tema de la violencia machista, a mí me han criticado por decir esto y me da igual, no es tan grave en nuestro país como en el resto. Esto no quiere decir que no sea grave, pero en otros países mucho más avanzados que nosotros tienen leyes mucho menos modernas que las nuestras, han tomado menos conciencia, esos temas no van a portada, no abren informativos. En nuestro país sí. Y si nuestro país se convierte en la vanguardia del movimiento feminista en una manifestación, ¿no podemos estar orgullosos? Y si los pensionistas se movilizan, ¿no podemos estar orgullosos? Y tenemos un crecimiento económico, que es innegablemente mayor que el de hace unos años. ¿Que ha sido a costa de los españoles? Nos ha jodido, también nosotros tenemos parte de culpa en lo que sucedió. Pero, ¿por qué no vamos a estar orgullosos? ¿por qué no vamos a utilizar esto para construir un mejor país?

Yo en el libro lo cuento con un relato divertido. Si viniese alguien de Venus diría “coño, no estáis tan mal”. Y es verdad que no estamos tan mal. Lo que pasa, es que tenemos que aprender a construir una sociedad con bases más sólidas. Y si viene una ventolera económica, que te tire tres tejas, pero no los cimientos, que es lo que pasó en 2007.

  • La situación ha cambiado desde entonces, sigue habiendo mucho por mejorar.

Claro. Joder, a mí me da mucha rabia que no haya ninguna universidad española entre las 200 mejores del mundo. Eso son cimientos, son cosas que hay que corregir y yo creo que todo el mundo está de acuerdo, la diferencia está en cómo se corrige. Pero no estamos tan mal, ni en el periodismo ni en el resto de órdenes. Lo que tenemos es que ser conscientes de que ahora mismo atravesamos un período de la historia de incertidumbres. Como yo explico en el libro, se ha roto el futuro. Eso es peligrosísimo, porque estamos peor en términos subjetivos y de relato, de cómo nos creemos que estamos, que en condiciones objetivas. El problema es que las condiciones objetivas, cuando tú estás mal, te dan igual. Y si la gente piensa que la política no es importante, que las instituciones dan igual, que Europa es una mierda, cuando es la mayor utopía política, yo creo, de la historia de la humanidad. Si perdemos el valor de todas estas cosas, nos podemos encontrar con una resaca tremenda.

Entonces a la gente se le ha roto el futuro. No sabe dónde va a estar dentro de 25 años, si va a cobrar pensiones o si sus hijos van a poder estudiar. Hace falta un cambio de visión que consiga demostrarle a la gente que sigue habiendo un proyecto común, que sigue habiendo ideales, que todo es perfectible pero que con un discurso catastrofista lo único que podemos conseguir es no solo no solucionar los problemas, sino cargarnos lo que hemos construido, que no es poco.

Entrevista realizada por Nacho Anaya y Roberto García

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